La conformación de la Mesa de Ciencia y Tecnología de Tucumán no es solo una buena noticia institucional: es una señal clara de hacia dónde debe orientarse el desarrollo de la provincia si se pretende un futuro sostenible, competitivo e inclusivo. En una provincia con una base productiva fuertemente apoyada en la agricultura y la industria, y con una riqueza natural extraordinaria, la ciencia y la tecnología dejan de ser un complemento para convertirse en una condición indispensable del desarrollo.

Tucumán posee una singularidad que pocas provincias argentinas pueden exhibir: una alta densidad de capacidades científicas y tecnológicas instaladas en un territorio pequeño. Universidades, institutos de investigación, organismos técnicos y centros de innovación conforman un entramado de conocimiento que, durante años, funcionó de manera fragmentada. La Mesa viene a corregir esa deuda histórica: articular, planificar y poner el conocimiento al servicio de las necesidades reales del territorio.

El desafío es enorme porque el contexto social y económico también lo es. Tucumán debe crecer y generar empleo en un escenario atravesado por el cambio climático, con eventos extremos cada vez más frecuentes, presión sobre los recursos naturales y una economía regional dependiente del clima, del agua y de la estabilidad de los ecosistemas. En este marco, no hay margen para improvisar. La única vía posible es el diseño de políticas públicas basadas en evidencia científica, innovación tecnológica y planificación de largo plazo.

La agricultura y la agroindustria -columnas vertebrales de la economía tucumana- enfrentan retos inéditos: adaptación a nuevas condiciones climáticas, uso eficiente del agua, reducción de emisiones, manejo sostenible del suelo y agregado de valor en origen. Aquí, la ciencia local tiene respuestas concretas: mejoramiento genético, tecnologías de riego, biotecnología, energías renovables, economía circular y procesos industriales más limpios. Pero para que esas respuestas se traduzcan en desarrollo es imprescindible una alianza estratégica entre el sistema científico, el Estado y el sector productivo.

En este punto, el rol de las Yungas tucumanas merece una mención central. No son solo un patrimonio natural o un reservorio de biodiversidad: son la fábrica de agua de la provincia. Su conservación y manejo sostenible son estratégicos para garantizar el abastecimiento hídrico de ciudades, industrias y sistemas productivos. Proteger las Yungas no es un gesto ambientalista; es una decisión económica y social de largo plazo.

La Mesa de Ciencia y Tecnología abre una oportunidad histórica para repensar a Tucumán desde sus propias fortalezas: conocimiento acumulado, recursos naturales diversos y una tradición académica reconocida a nivel nacional. El Plan Estratégico 2030 es una herramienta clave, pero su verdadero valor estará en su implementación, en su capacidad de incidir en decisiones concretas y en la incorporación efectiva del sector productivo y de los distintos niveles del Estado.

En tiempos de incertidumbre climática y económica, Tucumán tiene una ventaja comparativa que no puede seguir subutilizando. La ciencia y la tecnología no son un lujo ni un gasto: son la inversión más inteligente para transformar recursos naturales en bienestar social, empleo de calidad y desarrollo sostenible. La historia que hoy comienza con esta Mesa puede marcar un antes y un después, si la provincia asume, de una vez por todas, que su futuro se construye con conocimiento.