Por Matías De Rose
Para LA GACETA - BUENOS AIRES

Pobres criaturas (Poor Things) se ha convertido en tendencia durante las últimas semanas gracias a sus recientes reconocimientos en los premios Oscar y al éxito de su estreno en salas de cine, seguido de su reciente llegada al streaming (Star+). En esta libre adaptación de la novela homónima de Alasdair Gray publicada en 1992, Willem Dafoe interpreta a un cirujano que revive a Bella, una mujer embarazada que decidió quitarse la vida. Por medio de un cuestionable e insólito experimento, el Dr. Godwin Baxter logra implantar el cerebro de la hija nonata en el cuerpo de la joven.

Bella Baxter es un lienzo en blanco sobre el que se proyectan las etapas del desarrollo humano, mientras se debate sobre la feminidad, el derecho reproductivo y la identidad en una sociedad caótica que intenta imponerse como “educada”. Pero la película se convierte, además, en un ejercicio filosófico donde no hay certezas, solo preguntas y reflexiones, mientras la protagonista se descubre a sí misma y al mundo exterior, enfrentándose al dolor y la consternación propios de la existencia.

La dualidad de Eros y Tánatos

Desde la perspectiva freudiana, en Pobres criaturas se exploran los intrincados caminos del desarrollo psicosexual de Bella Baxter, magistralmente encarnada por Emma Stone, quien vive la vida sin ningún tipo de matiz ni filtro mientras avanza su edad. Es precisamente el choque entre los impulsos sexuales y violentos representados en su interacción con los personajes masculinos lo que evoca la dualidad de Eros y Tánatos que Freud tanto estudió.

Esta dualidad es fundamental en el marco teórico freudiano del desarrollo psicosexual y en su comprensión de los conflictos internos y las motivaciones humanas. La búsqueda de placer y amor (Eros) y la tendencia destructiva y agresiva (Tánatos) interactúan constantemente en la mente de los protagonistas del filme, dando forma a su personalidad y comportamiento.

De hecho, en Pobres criaturas los hombres con los que Bella suele relacionarse intentan poseerla y someterla, desde Duncan Wedderburn (un impecable Mark Ruffalo) con su patética dinámica de poder y control, hasta el comportamiento autoritario y opresor de Alfie Blessington (Christopher Abbott).

El personaje interpretado por Ramy Youssef destaca en su interpelación al público, evidenciando el fútil intento de dominación masculina sobre la protagonista. Max McCandles actúa como un contrapunto desafiante a estas estructuras de poder, ofreciendo así una vía hacia la emancipación y la autodeterminación de Bella Baxter.

Recordemos, además, que Bella es un experimento del maquiavélico Dr. Godwin Baxter (”God”), una figura paternal que encarna la ambigüedad moral y ética, desafiando las convenciones al jugar a ser Dios con la vida y la mente de sus criaturas. Desde una perspectiva psicológica, el Dr. Baxter representa el arquetipo del padre ausente o controlador, cuya influencia moldea profundamente la psique de Bella, a quien no le permite experimentar emociones ni le ofrece la oportunidad de conocer el mundo.

“God” es un hombre marcado por las torturas físicas que recibió de su padre como objeto de experimento. Su origen ayuda al espectador a entender la psicología de este cirujano amante de la ciencia, que trasgrede los límites del juicio ético y moral sin ningún tipo de remordimiento.

La alegoría de la caverna

Aquí aparece otra conocida reflexión proveniente de los libros de filosofía: la alegoría de la caverna de Platón. Durante su primera etapa de vida, Bella vive completamente ignorante de la existencia del mundo exterior e incluso de su propia historia personal, y es “God” quien le asigna significados alternativos a las palabras comunes, distorsionando la realidad y creando una especie de vía paralela en la percepción de Bella. No obstante, esto se irá modificando a medida que la protagonista dé rienda suelta a sus deseos y ansias de descubrimiento, a ilustrarse con la lectura y por tanto a cuestionarse más sobre su propia existencia y el mundo que la rodea, pero también desafiando a su autoridad para salir a explorar lo desconocido.

Hobbes y Foucault

En este mundo creado por Lanthimos (una interpretación mimética), donde el capitalismo, el socialismo y el humanismo convergen y chocan, se plantea el eterno dilema sobre la naturaleza humana a través la teoría de Thomas Hobbes sobre la maldad intrínseca del ser humano retratada en su Leviatán (1651). Hobbes argumentaba que la autoridad del Estado, personificada en el “Leviatán” (un poder soberano centralizado), es necesaria para mantener el orden y prevenir el caos resultante de los conflictos humanos.

En este sentido, una figura efímera pero importante en el desarrollo psicosocial de Bella es la de Harry (Jerrod Carmichael), el pasajero del barco al que su compañera Martha define como un “cínico”. Tanto Hobbes como los cínicos comparten una visión pesimista de la naturaleza humana. Hobbes sostenía que, naturalmente, los individuos están impulsados por el deseo egoísta y la competencia, lo que lleva al conflicto y la inestabilidad. Los cínicos también veían a la humanidad motivada por el interés propio y rechazaban tanto las posesiones materiales como las convenciones hegemónicas.

Sin embargo, el personaje interpretado por Emma Stone se opone al orden establecido cuando descubre la extrema pobreza y la miseria en su viaje a Alejandría, momento en el que experimenta un dolor desgarrador que marca tanto su vida como sus futuras decisiones. Posteriormente, los marineros de la tripulación que reciben el dinero de Bella para fines solidarios, terminan aprovechándose de su ingenuidad para engañarla y quedarse con lo recaudado, confirmando así la afirmación del cínico Harry.

Del mismo modo, aunque en una visión significativamente distinta a la de Hobbes, las críticas de Michel Foucault a las estructuras de poder y dominación masculina también aparecen en el comportamiento de los personajes de Pobres criaturas. El filósofo francés iba más allá al cuestionar las formas en que las instituciones y las prácticas de poder influían en la construcción de la identidad y el comportamiento de las personas, así como en la conformación de las normas y valores sociales.

Algo más que fotogramas

Tanto la trama y la estética de Pobres criaturas, impregnadas de encantadoras referencias cinematográficas, añaden una capa adicional de profundidad a la narrativa, contribuyendo a crear un mundo visualmente impactante y atractivo.

Durante las primeras escenas en blanco y negro resulta inevitable encontrar referencias al expresionismo alemán de Friedrich Murnau y Robert Wiene. El gabinete del Dr. Caligaris (1920), y Nosferatu (1922) son las inspiraciones más notorias (aunque su argumento parece más una reinterpretación de Frankenstein).

No obstante, las referencias clásicas de la época victoriana en Pobres criaturas se funden con una estética futurista que podría situarse entre una posmodernidad algo surrealista y el género steampunk. Tanto el diseño de producción y el vestuario (premiados en los Oscar) como la fotografía, los colores, planos y movimientos de cámara ayudan a crear esta atmósfera particular, al igual que la musicalización para nada convencional, pero con un aire barroco que persigue el mismo efecto vanguardista.

Siguiendo el hilo del cine en tanto estudio filosófico, la historia adaptada por Lanthimos podría ser un intento de utilización artística como vía de escapismo o refugio frente al caos y la guerra del estado de naturaleza (o bien una forma de resistencia y subversión) y no solo una intención de reflejar las relaciones de poder existentes en la sociedad. En el terreno del psicoanálisis, esta película se sirve del surrealismo para la exploración del inconsciente y las fuerzas psíquicas subyacentes que influyen en el comportamiento humano. En definitiva, Pobres criaturas es mucho más que una película: es un viaje a través de la psique humana, la moralidad y la búsqueda de significado en un mundo caótico y desconcertante.

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Matías De Rose – Periodista.