En un mundo en el que la tecnología gana espacio en la vida cotidiana a cada hora, el olor a libros continúa siendo el aroma favorito de miles de personas. Quizás muchas han modificado algunos hábitos para dejarse atrapar por las últimas series o películas de Netflix y otras plataformas, pero no han olvidado el gusto por las páginas de su primer amor.

Mientras las plataformas de streaming crecen a pasos agigantados, la lectura no ha quedado rezagada, sino que ha aprendido a incorporarse a partir de las nuevas rutinas de historias contadas con imágenes en alta definición y actuaciones para todos los gustos.

El dato surge de un relevamiento realizado por LA GACETA en librerías de la provincia, donde los empleados cuentan que los tucumanos eligen mantener el hábito de leer, en gran medida de la mano de best-sellers, que muchas veces descubren por medio de ficciones de Netlix, Amazon, Star Plus o Apple TV.

“Llegan con el objetivo de encontrar el libro en el que se basó la serie que los atrapó, y así las maneras de entretenerse no se reemplazan sino que se readaptan y se reconfiguran”, comentó Gabriela, quien asesora y ayuda a los clientes de Libro de Oro.

Esta librería tiene dos datos importantes que vale mencionar: muchas obras de autores independientes y publicaciones de autores tucumanos, como “Nuestro último adiós” de Belén Ullivarri; y “Relato cruento del tiempo inolvidable”, de Nicolás Sánchez Miñano.

Qué leen los tucumanos

La búsqueda de los lectores tucumanos es amplia. Así como se volcaron a sumergirse en el texto de éxitos de Netflix, como “Bridgerton”, serie de novelas de la estadounidense Julia Quinn, también eligieron la atrapante obra de Ariana Godoy, la autora venezolana detrás “A través de mi ventana”. Una historia que se volvió película.

“BRIDGERTON”. Las novelas de Julia Quinn, en las que se basa la serie, son muy requeridas en las librerías.

“También hay mucha gente que busca libros de Gabriel Rolón, u otros de autoayuda como los de Bernardo Stamateas”, agregó Gabriela. Añadión que en el último mes fue un boom el libro “Este dolor no es mío”, recomendódo en la seria “Mi otra yo”. Allí se exploran la depresión, ansiedad, dolores crónicos, fobias y pensamientos obsesivos.

Otra librería consultada fue SBS, que estas semanas reúne filas de padres, todos buscando libros escolares para sus hijos. No hace muchos meses también se vieron llenos de preguntas por el libro del “Dibu” Martínez, que los chicos querían recibir de regalo en Navidad, para el cumpleaños o el Día de la Niñez.

En los más chicos no tan solo influyen en las búsquedas las redes sociales y las recomendaciones de artistas, youtubers o tik tokers, sino que también el mundial de fútbol ha explotado la rama de la literatura. Por ejemplo con diferentes historias de los campeones del mundo, con el arquero albiceleste y Lionel Messi como estandartes.

Condicionante

“Hay un problema actual que no vamos a negar, que es el precio del libro”, admitió Gabriela durante su entrevista. Mientras que en la librería en la que trabaja hay un sector de usados para ofrecer más opciones, en otras hay secciones de bolsillo que cuestan algo menos que las ediciones más grandes y elaboradas.

“La economía es un gran condicionante y aunque limite a la hora de leer, la gente también busca en su propia biblioteca alguna obra que no haya leído todavía en lugar de salir a comprar”, contó.

Clubes para todos

Dentro del universo de la lectura, los clubes que agrupan a quienes buscan otra forma de explorar este hábito crecen sin hacer tanto ruido, porque si se pensaba que la gente leía cada vez menos, la respuesta es no. El número de interesados que buscan unirse a estos espacios es cada vez mayor.

Libro de Oro, por ejemplo, tiene dos clubes. Uno se realiza en la capital y otro en Yerba Buena, con alrededor de 50 a 60 asistentes. Allí leen y comparten obras en su mayoría de autores independientes o pocos conocidos.

Pero amigados también con la tecnología se expanden círculos online, en donde los participantes se unen por Zoom y se encuentran con gente de todas partes del país e incluso de Sudamérica. Carolina Schargorodsy accedió a uno de ellos por una bookstagrammer, cuya cuenta se encuentra en Instagram @lagenteandaleyendo. “Empecé en uno que se llamaba Club de Lectura Feminista y cuando se descontinuó el grupo se formó Ellas Hablan”, comentó.

“Mantenemos una línea de lecturas, vinculada al feminismo no en términos teóricos, pero sí de muchas autoras y lecturas que tocan diversas aristas de lo que tiene que ver con el feminismo, y el lugar de las mujeres en el mundo”, agregó.

“Lo que tienen los clubes de lectura, o por lo menos en mi experiencia, es que abren el mundo a pequeñas editoriales y te permiten conocer otros autores que son menos difundidos o que a lo mejor de otra manera no te llegarían”, afirmó sobre este mundo.

“Lo más valioso, además de la lectura, es que teje una red, porque después se trasciende ese espacio de lecturas y uno empieza a compartir la vida”, remarcó Carolina. Y añadió otro punto clave: “también resulta muy atractivo escuchar a partir de la misma lectura qué tiene para decir otra persona, porque aunque todos leemos el mismo libro, lo que recibimos, lo que nos atrapa, lo que nos incomoda, lo que nos interpela, lo que no nos gusta, puede ser totalmente diferente en cada persona”.

Pausas diferentes

Tanto Carolina como Gabriela analizaron por qué los libros no pasan de moda a pesar de la inmediatez en la se vive y coincidieron que es una pausa diferente.

“Para leer hacés una pausa en otras cosas, armas un contexto, preparás un lugar y tenés un momento preferido”, describió Carolina.

“Me parece que en eso mejora la calidad de conocimiento e incluso la información que podemos manejar, porque te desarrolla el pensamiento crítico, obviamente”, reflexionó.

Gabriela, por su parte, analizó que las dificultades también pueden inclinar por la lectura: “estamos atravesando una crisis, donde hay grietas y problemas que provocan que la gente busque refugios y eso muchas veces son los libros”.

“A veces, cuando yo tengo días difíciles, es cuando más leo, porque necesito abstraerme un poco de esa realidad. Las series no te abrazan, los libros sí”, consideró.

“Por ejemplo ahora tengo muchas consultas de gente que quiere ingresar al club de lectura y eso no es casual. Hay una readaptación de todo y una búsqueda de refugio constante”, sostuvo Gabriela.