Juan Páez (Rosario de la Frontera, Salta, 1984) es escritor, docente e investigador. Licenciado en Letras por la Universidad Nacional de Jujuy. Fue becario del Consejo Interuniversitario Nacional y de la Fundación Mempo Giardinelli. En esta ocasión hablamos de “Destino Perú”, su más reciente poemario.

Creo que sos un autor del que se puede decir que ya tiene una obra. ¿Cómo se relaciona “Destino Perú” con el resto de tu producción?

Al igual que los libros anteriores, “Destino Perú” es una apuesta a la diversidad, una exploración y un recorrido por las diferentes aristas de la escritura. Sin embargo, a diferencia de aquellos otros, su origen está ligado a la necesidad de un espacio propio en el cual esconderme de la velocidad del mundo actual.

La pandemia por el COVID-19 le imprimió al presente un ritmo vertiginoso que podría resumirse en dos rasgos: el mundo pantalla y la avidez de novedades. En un contexto sobresaturado, colapsado y sin demasiadas opciones, la escritura de este poemario me llevó al pasado para encontrarme con los vestigios y retazos de un viaje por Perú.

Allí estaban sus matices andinos y cosmopolitas, sus geografías e historias. Estaba, en definitiva, la experiencia misma del viaje. Las diez composiciones que integran el volumen funcionan como una suerte de cámara fotográfica, revelando cuestiones vinculadas con el pasado. Me pregunto si acaso existe alguna forma de hablar de él sin perder el equilibrio, es decir, la posibilidad de evocarlo sin desbarrancar.

¿Qué se necesita para emprender un viaje al poema? La escritura de este poemario fue un acto caótico de creación, sobre todo, por la cantidad de material de acopio. Escribirlo permitió aislarme y escapar de la fagocitación –desmedida y deslumbrante– que la vida del presente demanda con sus malos entendidos en relación a la trascendencia, el éxito y la exposición.

 

¿Hay una relación entre viajar y escribir? Varios de tus libros tienen como "musa" los lugares que visitás, sin ser libros de crónica necesariamente.

Si bien es cierto viajé bastante, todas mis idas y vueltas fueron por trabajo. De hecho, entre 2017 y 2019, realicé alrededor de 290 viajes, tanto dentro como fuera del país. Sin embargo, hasta ahora no he tenido todavía la oportunidad de sentirme un turista. De estos desplazamientos y movimientos solo quedan restos, fragmentos y residuos. Entre esos vestigios, la creación poética encontró su morada. Allí la voz lírica descubrió su resonancia. Para mí, la creatividad es un ser vivo y el poema, un pequeño monstruito al que alimento todos los días.

 

No creo en las clasificaciones. En mi caso, con la escritura busco vivir una experiencia con el lenguaje, por lo tanto me resulta difícil pensar en lo genérico de un libro como algo a priori. “Destino Perú” comienza con una cita de Muriel Rukeyser que dice: “Absorbe experiencia, exhala poesía”, porque la poesía es una fuerza que trasciende los objetos y los lleva a otros estadios, no se limita al poema. Por ejemplo, ahora que lo mencionás, este libro bien podría ser una suerte de crónica porque busca que el lenguaje ordene una experiencia, convirtiendo al caos en un principio innato de creación.  

Hablame un poco de esta editorial, tengo entendido que el libro está hecho de material reciclable.

Exactamente. El libro fue publicado por Ediciones Arroyo, una editorial santafesina que se caracteriza por trabajar con materiales reciclados, transformando –como ellos mismos lo consignan– la basura en arte. Conocí su labor gracias a las publicaciones de gente amiga.

Cuando tomé contacto con ellos, supe de inmediato que eran los indicados para publicar este poemario, ya que el trabajo que realizan es artesanal: los libros están cosidos a mano, en el centro de la tapa tienen una suerte de parche hecho de tela y en cuya superficie se bordaron los diseños de las líneas de Nazca; en su interior, sumaron dos dibujos de Guillermo Bosch.

Como te decía, estos rasgos artesanales entran en diálogo directo con el tono poético que atraviesa a “Destino Perú”.  Aquí nuevamente la poesía opera como elemento de alteración, porque convierte los desechos en libros, esto es, en un bien valorado social y culturalmente: así, el cartón y las bolsas de los sachet con que se recubren las tapas pierden su valor utilitario y se transforman en una especie de objetos de lujo.    

Hay lugares de Perú que ya han sido visitados, cronicados y documentados hasta el hartazgo. Sin embargo, la poesía parece ser la única forma de arrojar una nueva luz sobre ellos...

La poesía es pura revelación y coincido en que es, no sé si la única, pero sí, una de las maneras posibles de modificar, potenciar y descubrir lo mirado, profundizando lo claro y lo oscuro. Personalmente, me gusta relacionarla con un juego: el cubo Rubik, en la medida que te permite múltiples lecturas a partir de los movimientos de nuestros ojos al recorrer el cuerpo del poema.

Las palabras adquieren contundencia en el espacio blanco de la hoja. Esto habilita numerosos sentidos. Como lo señalás, la poesía propone una luz particular para mirar el mundo. Esta luz, que podría identificar con el círculo de la poesía citando a Octavio Paz, es la creación. Es la poesía la que te permite tomar los restos, las manchas y los residuos para crear algo único.

Ella le da forma a lo que no la tiene y deforma lo establecido y convencional. Es decir, arma y desarma algo que, previamente, tiene una mínima existencia. El poema es un mundo silencioso que se despierta. Su construcción tiene cabida solo en el lenguaje. Con sus tornasoles y resonancias, el poema construye una voz y un cuerpo. La voz poética y el poema se fundan de manera simultánea. Es el maravilloso baile de la escritura.