Ni en la pesadilla más remota de la dirigencia peronista cabía la posibilidad de una pronta reforma electoral. Y mucho menos, de un cambio que parece que vendrá en serio, no de esos que fueron una pantomima.No esperaban que se motorizara, además, durante un gobierno de Osvaldo Jaldo. Sucede que, hasta hace poco tiempo, propios y ajenos caracterizaban al mandatario como un justicialista a la antigua, ortodoxo, bien territorial y armado con todas las recetas para controlar el sistema.

Mientras Jaldo anunciaba el viernes en el recinto que habilitaría modificaciones políticas y electorales, las reacciones en los rostros eran indescriptibles. Los justicialistas renegaron por lo que viene y la oposición, sorprendida, lamentó haberse quedado sin algunos puntos clave de sus cuestionamientos. Casi la totalidad de las autoridades del auditorio (salvo las de partidos como Fuerza Republicana o Libres del Sur) llegaron allí gracias al cuestionado sistema de acoples, tema crítico del sistema electoral y de representatividad. Incluidos el gobernador y el vice.

Pocos sospechaban lo que el tranqueño traía entre manos. Había preparado el discurso casi en soledad, lo había resguardado con celo y también había hecho añadidos de último momento, por si se filtraba.  

Jaldo viene dando señales de que pretende tomar otro rumbo. Desde lo macro como la diferenciación de Juan Manzur, la cercanía con la gestión de Javier Milei, la pelea con la CGT y la distancia con el peronismo/kirchnerismo nacional hasta lo gestual. La caminata desde su casa hacia la Cámara, en compañía inicial sólo de un puñadito de dirigentes jaldistas de siempre,como Darío Monteros y Alejandro Sangenis, también fue una expresión de ello.

No es que el gobernador esté desvariando, como arriesgan en el peronismo no jaldista. Jaldo no da un paso sin medir las reacciones, sin consultar  encuestas y a un entorno de confianza.

En los celulares oficialistas circula un sondeo fresco que dice que el 75% de los tucumanos consultados apoya la postura de Jaldo sobre Milei. Las mismas mediciones marcan que hay gente que no ve con buenos ojos a los sindicatos, al kirchnerismo, a los movimientos piqueteros y al Congreso. Los blancos, precisamente, del mileísmo.            

En las cercanías de su despacho dicen que el jefe del Ejecutivo lee los nuevos tiempos y que sabe que los políticos tienen margen cero con la ciudadanía. Subrayan que cambió un poco por eso y otro, por conveniencia económica en el caso de la Rosada. Hay, sin embargo, un fuerte componente personal: Jaldo repite en la intimidad que le costó 40 años llegar a donde está, que esta es su máxima aspiración, que quiere cambiar todo lo que cree que está mal y que va por todo. Por to-do. Cuentan que tenía pensado emprender una reforma sustancial inclusive antes de asumir.

Hay quienes le creen, hay quienes no. Todos en el peronismo reconocen que hay que mejorar las reglas de juego; pocos están dispuestos a quebrar el statu quo que tanto los beneficia.      

El Presidente mencionó en sus palabras ante el Congreso, horas después que Jaldo, que incluiría en el Pacto del 25 de Mayo la necesidad de que haya cambios en los sistemas electorales provinciales ¿Jaldo lo sabía de antemano? No ¿Milei le pidió que concretara la reforma? No. Si bien la génesis de ese acuerdo fue en la cumbre de Salta de la que participaron el ministro del Interior, Guillermo Francos, y cinco mandatarios, entre ellos Jaldo, no tenía idea de que se tocaría ese asunto en el ámbito nacional.

¿Por qué no lo hizo antes? Probablemente, porque en una gestión la decisión final en temas de esta naturaleza es del gobernador. Por lo tanto, era de Juan Manzur.  

Qué alcance tendrá

“Ya no más bolsones, no más compra de votos. Varios dieron plata y la gente votó a Milei. Perdimos la Nación porque hay dirigentes que no entienden que todo cambió”, murmuró un allegado del mandatario conforme con el anuncio. Jaldo sabe perfectamente que, en general, en el peronismo no quieren una renovación, porque todos han sacado jugo del orden vigente. Pero, a la vez, viene corriendo algunos cercos que parecían inamovibles dentro del justicialismo, como la eliminación de cargos políticos y el romper con el bloque de Unión por la Patria en Diputados. Entonces, perfectamente podría reformar la Constitución o convertir el sistema.  

¿Qué magnitud tendrían los cambios? No está precisado aún, pero prometen que se emprenderá todo lo que haga falta. No hay, por el momento, ítems intocables.Todo se pondrá en discusión: los acoples, los partidos, la boleta de papel y los mecanismos de representatividad. Hay una salvedad: no se tocará la reelección. Es decir, que seguirá siendo de dos períodos consecutivos. Tampoco se invisibilizará el período actual, como en la reforma alperovichista.

¿Cuándo se pondrá en marcha? Probablemente después de mayo. Primero, Jaldo mantendrá reuniones con las autoridades del Poder Legislativo, Miguel Acevedo y Sergio Mansilla. Ya encargó a parte del Gabinete el trazo fino de las iniciativas: sobre los asuntos políticos trabajarán los ministros Regino Amado (Gobierno) y Darío Monteros (Interior) y sobre los técnicos, Gilda Pedicone (la Fiscala de Estado es un reconocida constitucionalista) y Federico Nazur (secretario General de la Gobernación y ex fiscal de Estado).

¿Se tocará la Constitución? El gobernador manifestó que está de acuerdo en que se abra el proceso de modificación.

¿Se eliminarán los acoples? Si bien a muchos justicialistas les convence más la idea de acotar el número (podría hacerse por ley), no descartan que se vaya finalmente por la eliminación total (tendría que intervenirse la Carta Magna). Jaldo apuntaría, dicen, a que los partidos vuelvan a ser fuertes, representativos y tradicionales y no cascarones circunstanciales que reviven cada cuatro años. Apuntaría también a que los ciudadanos no tengan que entrar a un cuarto oscuro con cientos de boletas.  

¿Qué otras ideas tiene Jaldo en la cabeza? Según diversas fuentes, se puede reconstruir que el gobernador está de acuerdo con que la elección de los legisladores sea por departamento y no por sección electoral; con cambios en las secciones electorales y también propondría un sistema de mayorías y minorías en la Legislatura, como el del Senado, para asegurar que la oposición tenga representación.

¿Se implementaría el voto electrónico? En la Casa de Gobierno prácticamente lo descartan y valoran otras alternativas, como la boleta única. Todo está en análisis.

Reacciones

La oposición está extasiada, aunque sospecha que puede haber algún tipo de triquiñuela detrás de tanta amplitud. Los legisladores y ex parlamentarios desempolvan por estas horas los proyectos de ley que duermen desde hace décadas. A lo sumo, dicen que es tarde y que ojalá concrete lo dicho.

En el peronismo no jaldista cayó como una bomba el discurso. Reconocen que hay que hacer modificaciones y las propusieron en otras épocas, pero desconfían del renovador Jaldo. Afirman que seguirán con atención los movimientos, pero por el momento no habría intención de levantar críticas porque no están dadas las condiciones sociales como para salir con peleas políticas. Consideran que Jaldo quiere congraciarse con la clase media y con votantes que habitualmente apoyan a la oposición. No terminan de comprender muy bien para dónde va el gobernador y bromean, también, con que fue abducido por alguna fuerza extraña y devuelto a estas tierras sin la raigambre peronista.

Los secretos y los alcances de la reforma política comenzarán a desandarse pronto y se confirmará -o no- la profundidad de los cambios.