En este 2024 el mes de febrero tiene 29 días, es año bisiesto. Esto despierta curiosidad y se dicen muchas cosas: desde algunas mágicas, que es un año malo, que es un año bueno, pero ¿qué hay de cierto en todo esto?
Los calendarios son convenciones que se han hecho a lo largo del tiempo y no siempre tuvieron el formato con el que los conocemos actualmente. Se fueron desarrollando de acuerdo con las necesidades y con los conocimientos que iba adquiriendo el hombre.
Los pueblos originarios de todos los continentes comenzaron a observar el cielo para conocer los cambios de estaciones y épocas del año con fines prácticos, como saber cuándo era la época de lluvia, cuál era el mejor momento para sembrar y trasladar los animales para aprovechar el pasto y también para fijar algunas festividades religiosas. Sin saberlo, estaban estableciendo un calendario.
El calendario más antiguo que se conoce se encuentra en Aberdeenshire (Escocia) y data del 8000 AC. Es un monumento que marca las 12 posiciones de la Luna a lo largo de un año (foto). Este era un calendario lunar. Los calendarios lunares tienen 12 meses, pero el mes es más corto, porque el ciclo lunar dura aproximadamente 28 días. Los 12 meses lunares no coinciden con una vuelta completa de la Tierra alrededor del Sol.
Los calendarios solares aparecieron hace 3.000 años en Egipto. Dividieron al año solar en 12 meses de 30 días. El año tenía 360 días, de modo que faltaban 5 días para completar una vuelta al Sol, que se tomaron como festivos.
En el año 45 AC Julio César estableció el calendario juliano con 365 días. Para homenajearlo, el Senado decidió que Julio llevase su nombre y tuviese 31 días. Más tarde, el emperador Augusto decidió que agosto tuviese también 31 días. A esos dos días se los sacaron a febrero, con lo que quedó con 28 días.
En los siglos I o II, Claudio Ptolomeo publica el Almagesto, un catálogo de estrellas agrupadas en 48 constelaciones, en base a observaciones de pueblos de Medio Oriente y del Mediterráneo. También publica el Phaseis en donde incluye las salidas y puesta de las estrellas, los solsticios, cambios climáticos, etc. Esto ayudó a fijar las fechas con más exactitud en base a observaciones del cielo.