Benito Carlos Garzón

Abogado

Estas reflexiones surgen de la observación de la actualidad política del país, signada por el desconcierto y el triunfo de la mayoría experimental -el modelo libertario- tal vez único en el mundo, que, es indudable, cambiará la estructura institucional del país; dicho sea de paso en el límite de todos los fracasos de los últimos 80 años. El pueblo argentino, según interpretamos, dijo basta a más de 20 años del llamado “populismo”, que no es otra cosa que una demagogia usufructuando las riquezas enormes de un país en beneficio de un sector político-sindical que dejó como herencia 45 % de pobreza, inflación galopante y otros traumas sociales que ya han señalado diversos tratadistas y medios de comunicación. El punto clave para desarrollar estas ideas pasa por la clave de bóveda del Gobierno nacional de lograr el déficit cero y el equilibrio de las cuentas fiscales del Estado nacional. A partir de esta premisa, si llega a cumplirse puede surgir un nuevo panorama, un nuevo telón de fondo de las provincias y la verdadera superación de la dependencia de los Estados provinciales de las arcas del Estado Nacional. Actitudes como Tucumán, luchando por la subsistencia de sus producciones básicas; Entre Ríos, Córdoba, Santa Fe y otros Estados condicionando el apoyo político a las duras reformas económicas enviadas por Ejecutivo al Congreso Nacional, cuidando sus economías y producciones, resultan, tal vez, buscar caminos que refuercen la protección de sus fuentes de trabajo y recursos productivos y de este modo iniciar un camino que pueda romper la dependencia de todo el interior del país hacia la metrópoli o centro hegemónico que es el “puerto de Buenos Aires” designación que alude al Estado Nacional, desde donde se manipuló todo el país desde su misma creación en 1810.

El resurgimiento

Luego del retorno de la democracia en 1983 surgió una idea fundamental que políticamente significaba que las provincias solas no podían equilibrar la hegemonía del poder central. Fue encarnada por el ex gobernador Roberto Romero en Salta y logró la adhesión de todas las provincias del NOA para constituir una región, con una interacción de programas económicos y una conducción política, tanto ejecutiva como legislativa y judicial, sin sustituir a las autoridades locales (Ej.: ¿qué sentido tiene que un mismo organismo que estudie el desarrollo de la caña de azúcar y otras producciones cuando puede existir un solo establecimiento científico que efectúe la inversión para toda la Región y no que cada provincia productora invierta en lo mismo?). Se hicieron seminarios, reuniones científicas y políticas; se declaró la existencia de la Región Noroeste, incluso con la participación y beneplácito del ministro del Interior del Dr. Alfonsín. El fracaso de este primer experimento fue la hiperinflación del gobierno radical y la crisis consecuente que llevo al ex presidente a entregar el poder seis meses antes del término de su mandato.

El impulso al NOA

La segunda experiencia de política regional nació en Tucumán; fuimos impulsores con Jorge Luis Rougés, Jorge Torres y Hugo Ferullo a través del Comité de Integración del Norte Grande, impulsados dentro del Gobierno provincial de Ramón Ortega por el Dr. José Roberto Toledo. Así se llegó a firmar el Acta de Fundación de la Región NOA en una ceremonia en la Casa Histórica, con la presencia del presidente de la Nación, Dr. Carlos Saúl Menem, que únicamente pidió que en el Tratado se incluyera a la provincia de La Rioja. Se estaban terminando los proyectos del Tratado de Integración Regional, aprovechando todos los antecedentes del Tratado de Salta cuando, imprevistamente, el gobernador Ortega se fue a Miami, descontento por no haber sido elegido candidato a vicepresidente en la reelección de Menem. Nueva frustración de la creación de la Región como protagonista de un nuevo federalismo.

Luego sucedió la crisis del 2001 y desde entonces hasta el presente no se volvió a hablar de las regiones con vida política propia para incentivar su desarrollo productivo para llegar a lo que somos, provincias mendicantes sometidas al poder económico y político del Estado nacional. Paréntesis del Gobierno de Mauricio Macri. Durante su gestión se creó un organismo de promoción del Norte Grande, pero destinado desde su origen a un manual de buenas intenciones, porque la realidad del país es que para tener un proyecto de nada valen las intenciones si no se cuenta con fondos propios y no depender de remesas del Estado nacional. Otra vez el centralismo frustrando expectativas de obras imprescindibles para el desarrollo del interior del país.

Nueva alternativa

Se encuentra al frente de la Argentina una nueva dirigencia, surgida más que nada del cúmulo de frustraciones de las últimas décadas. Como ya se dijo antes, una de las metas es el déficit cero, meta no lograda quizás nunca en el país. La consecuencia obvia es que las provincias deberán ajustar sus cuentas a lo estrictamente previsto en las normas constitucionales y legales. La frase “No hay plata” que repite el nuevo Presidente abre, entre otras alternativas para las provincias, intentar consorciarse en regiones para tener acceso a créditos internacionales y a vivir una nueva exigencia de achicamiento de las pesadas burocracias estatales. La proyección de la Región Norte, señalamos como ejemplo, puede poner en marcha la gigantesca obra de conectar el norte argentino con el norte chileno por los tres pasos fronterizos existentes y a la vez llegar desde el océano Pacífico al Atlántico a través de rutas colindantes con Paraguay y Brasil. Crecimiento y desarrollo para toda el área. Hay estudios, reuniones y voluntad política en el sector conocido con el Área Centro Oeste Sudamericano. Tal vez si se aprovecha que el Estado Nacional deja de tener el rol de patrón de estancia y deja a las provincias generar su propia supervivencia y estas recrean la regionalización, como nuevo espacio para el desarrollo pueda cristalizarse una Gran Nación integrada por grandes regiones (recordemos que en la historia pudo hablarse de la Región Norte Grande, la Región Central, la Región Cuyo, la Región Patagónica, la provincia de Buenos Aires, no porque ella es por sí misma una región. Sería el único modo que superemos la famosa definición de Ezequiel Martínez Estrada que al describir a la Argentina como una cabeza grande en un cuerpo raquítico describió a Buenos Aires como “La cabeza de Goliat”.