Estoy asombrada con el aumento de las dietas de nuestros legisladores. En tiempos que se nos pide austeridad y esfuerzos para contribuir con el pago de impuestos que se han acrecentado notablemente, la clase política debería dar el ejemplo. Casi en secreto aprobó esta medida sin objeción de ningún representante. Pregunto: ¿Acaso el gobernador no dijo que iba a ser un gobierno sobrio y cuidadoso de los gastos? ¿No debe extenderse esto a los tres poderes? Por qué no dar el ejemplo de congelar las dietas por un año? Sería un gesto que los ciudadanos agradeceríamos y estimularía el esfuerzo de todos. En 1907, Juan B. Terán defendió la tesis de que los legisladores tuvieran dietas y no fueran honorarios como hasta entonces. Fundamentaba su posición en que así podrían acceder a los cargos parlamentarios todos los ciudadanos y no solo aquellos que tuvieran recursos. Decía entonces que se caería en una “plutocracia”. Hoy vivimos una oligarquía política que nunca disminuye sus ingresos. Un productor agropecuario pierde cosechas sin que nadie se conmueva; un comerciante arriesga su negocio castigado por los impuestos que los políticos generan; un trabajador sufre los avatares de la economía que afectan su ingresos. Los políticos no. Es lamentable que no haya actitudes ejemplares. El ciudadano debería tener un modo formal y directo de rechazo.

Elena Perilli de Colombres Garmendia

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