En este domingo de elecciones en la Argentina, la Providencia quiso que reflexionemos sobre el evangelio que marca la relación entre el poder temporal y el lugar de Dios en ese plano. Jesús da una lección de Justicia: a Dios lo que es de Dios y al César lo que es del César.

El Señor reconoció el poder civil y sus derechos, pero advirtió que deben respetarse los derechos superiores de Dios (Conc. Vat. II, Dignitatis humanae), pues existe en el hombre una dimensión religiosa profunda, que constituye su máxima dignidad. Cuando el cristiano actúa en la vida pública, no debe guardar su fe para mejor ocasión. Por el contrario, ha de ser luz y sal donde se encuentre, y ha de esforzarse en convertir el mundo en un lugar más humano y amable, donde los hombres encuentren con más facilidad el camino que les lleve a Dios. Lo logrará a través de la concordancia entre su vida y su fe, con la caridad fraterna, participando en las condiciones de vida, trabajos y sufrimientos y aspiraciones de sus hermanos, los hombres; con plena conciencia de su papel en la edificación de la sociedad.

En la realidad argentina hay un bien superior que está en juego y que no podemos dejar de cuidar: LA PAZ SOCIAL. ¿Se corre peligro de violencia civil según sean los resultados electorales? Debemos tener una firme convicción de que con la Paz Social no se juega y la Iglesia -de sus Pastores a sus laicos- deben cuidar la armonía y la concordia social a pesar de las diferencias. No juguemos con fuego con la intolerancia que se respira en la calle hablando de aceptar o no los escrutinios. Como lo ocurrido en 2001, la Iglesia debe generar ámbitos de diálogo y paz en 2024.

El cristiano, al actuar en la vida pública, lleva consigo la poderosa luz de la fe. Sabe que las enseñanzas de Dios no son obstáculo para el bien de las personas y de la sociedad ni para el progreso científico, sino una guía para su realización. De Dios es la vida de los hombres, desde su concepción; y la familia basada en el matrimonio; el valor de la justicia en igualdad de oportunidades en los bienes temporales, el rechazo del lucro por el lucro mismo sin atender a la responsabilidad social de la empresa privada, y la justa administración de los bienes de estado sin despilfarrar en placeres privados. El cristiano en la función pública no debe olvidarse de sus principios de razón y fe, faro de responsabilidad social e histórica.

Después de las elecciones cuidemos la Paz Social, nada de violencia civil en el corazón de cada argentino. Dios bendiga a la Argentina.