La puerta se abre y un mundo de colores se presenta. La habitación está ambientada con música clásica; las paredes están rodeadas de historias de los autores más diversos y de las tapas más llamativas. En una esquina, el perro rescatado Pepe custodia el lugar y, cómo él, otra decena de personajes acompañan el día a día de los chicos. Es como un aula, pero no tiene nada de tradicional; en un pequeño espacio, a pocos metros de la plaza Vieja de Yerba Buena, niños de diversas edades dejan volar su imaginación; juegan, aprenden y escuchan narraciones únicas que los ayudan a crecer.

Hablamos de la nueva biblioteca del Hogar de Cristo Virgen del Carmen (Charcas al 1.000), un espacio de comprensión y de contención para niños a partir de los seis años. Es una biblioteca, sí, pero no es la típica habitación llena de libreros; es un espacio único para los pequeños. Y toda la enseñanza está específicamente organizada. “Esto se armó con la idea de trabajar la comprensión lectora; es gran problema que atañe a nuestro país. Pensamos en cómo podíamos ayudar, de manera informal, y comenzamos a organizar esta biblioteca, atravesada por el juego. Los chicos vienen a jugar con la lectura”, resume a LA GACETA “la profe” Cecilia Calvo, maestra especial, profesora de Psicología y Ciencias de la Educación, y la contadora de cuentos preferida de los chicos.

Y no lo decimos nosotros; lo confirman ellos. “Mi parte favorita es la de las preguntas -cuenta uno de los nenes-; después de que la profe nos cuenta un cuento, nos hace preguntas sobre lo que escuchamos”.

Formas de trabajo

Cerca de las 18.30, dos veces por semana, las puertas de la biblioteca se abren y los chicos llegan. Los martes, aparecen con una bolsa colorida en la que traen el libro que se llevaron el finde; y los jueves, se llevan uno nuevo. Nosotros los visitamos en martes. Rigurosamente se les toma “asistencia” para controlar la devolución de las lecturas. La idea es que los chicos aprendan de responsabilidad. Rosario leyó Barbie; Jeremías eligió un libro de Angry Birds y Nicole se llevó El Rey León. Una de las chiquitisecretarias, Pía (bautizada así por uno de los personajes de María Elena Walsh), los cita para firmar la entrega del ejemplar. Una vez completado, empieza la clase. Es que toda la jornada está cronometrada y coordinada. “Trabajamos con rutinas y rituales, porque en general son chicos muy inquietos, que no pueden permanecer mucho tiempo sentados. Entonces, utilizamos algunas técnicas que favorecen la concentración. Para la hora de trabajar se juega; hacemos alguna actividad corporal, con alguna canción que nos obligue a movernos, y después nos sentamos en ronda a escuchar un cuento”, enumera Ceci y cuenta: “esto empezó hace un año, leyendo en uno de los árboles que tenemos frente a la iglesia. Después nos pasamos aquí, y empezamos con la convocatoria por las redes sociales”.

Para sentarse a leer, cada chico tiene que tomar su peluche. “Son muñecos de apego (brindan seguridad y compañía). Cada uno elige el suyo, y también está Pepe, que cuida la biblioteca. Él es un peluche rescatado, que llegó a la biblioteca de la mano de nuestra contadora Inés; estaba ciego y desnutrido. Le pegamos ojos, lo rellenamos, lo lavamos. Ahora él nos cuida”, relata Ceci.

Con los peluches, los nenes se sientan en ronda a escuchar las historias. En las últimas semanas estuvieron trabajando sobre tres libros de gatos: El Gato con Botas, Murrungato del Zapato y La Bota sin Gatos. “Después charlamos, para que ellos puedan expresarse en voz alta, y hacemos alguna actividad, o pintamos algo”, asegura.

Las historias te envuelven, pero todo es gracias a Ceci, que además de maestra es narradora. “Yo me formé con el Plan Nacional de Lectura, hace algunos años, absolutamente gratis. Tuve clases con especialistas y con narradores muy famosos. Todo eso lo pongo en práctica acá”, añade.

“Diosidencias”

Además de la biblioteca, en el Hogar los viernes se abrió un taller de lectura. “Es un espacio un poco más formal, en el que se trabajan textos que los docentes usan en la escuela. Ahora estamos leyendo una novela llamada  ‘La tierra de las papas’. Es de una española que viaja a Bolivia”, indica. Por esas “diosidencias” de la vida -dice- el libro que las alumnas necesitaban estaba ya en la biblioteca.

Todo lo que hay en el espacio de lectura ha sido donado. “Lo que hicimos fue convocar, a través de las redes sociales y con nuestros conocidos, y solicitar libros. Pedimos la colaboración, puntualizando en que sea material realmente de utilidad; y la respuesta ha sido magnífica. Nos han donado alumnos de escuelas y colegios, y nos llegó hasta un teatro de títeres, un día en una camioneta. Las mesas, las sillas, todo ha sido donado. Son esas diosidencias de la vida... todo se ha dado para que en poco de dos meses podamos ponerla en funcionamiento. Lo único que compró el Hogar fueron unas mesas, que usaremos pronto, cuando inauguremos la sala de computación; y los estantes donde están los libros. La idea es que el material esté al alcance de los chicos y que llame su atención; que compitan con la pantalla. Si ponemos un libro de lomo, pasa desapercibido. Acá queremos que ellos se interesen por leer”, agrega la docente.

Colaborar

El hogar recibe más libros y voluntarios

La biblioteca continúa recibiendo libros para sus alumnos. En paralelo, el Hogar de Cristo Virgen del Carmen sigue en búsqueda de voluntarios para las distintas áreas de servicio social. Sobre todo, solicitan profesores de computación para poder empezar a dar clases; gracias a donaciones, tienen computadoras ya listas, pero todavía no hay una persona que pueda dictar los cursos para los chicos. Para sumarse como voluntario, podés comunicarte por las redes sociales del Hogar: en Facebook (Hogar de Cristo - Virgen del Carmen) o en Instagram (Hc.virgendelcarmen).