escribe Carolina Mantegari

del AsisCultural, especial

para JorgeAsisDigital.com

La derecha, otra vez

Expuesta la autocrítica, asimilado el irresistible Huracán Milei, asoma la beldad política del triple empate.

Tres tristes tercios. Triángulo de Javier, el (favorito) C-Boy. Patricia, La (afectada) Montonera del Bien. Y Sergio, El (milagroso) Profesional.

La diferencia es exigua. 2,8 entre el primer vértice, Javier, y el tercero, Sergio. Con Patricia en la incomodidad del incierto medio.

Un punto debajo de Javier y un punto por arriba de Sergio.

Javier y Patricia trafican similar mercadería de derecha con tendencia a extrema.

Juntos le despejan a Sergio el centro, también algo inclinado hacia la derecha.

Pero se trata del peronismo que desconcierta a los ensayistas europeos. “La izquierda de la derecha y -en simultáneo- la derecha de la izquierda”.

El peronismo se permite hasta la extravagancia de ofrecer la variante Don Juan.

Es el centro derecha peronista de Schiaretti, Don Juan. Aprobado para la próxima instancia.

Con los breves puntos que podrían consagrar a Patricia o a Sergio.

Entre la superabundancia de ofertas de saldos de derecha crece en perspectiva Myriam, Natalia Sedova.

La doctora Bregman es la única esclarecida que superó la frontera marcada por las PASO (tóxicas).

En la sociedad multiplicada por fracasos sucesivos le corresponde el turno otra vez a la derecha.

Con la pedantería de la superioridad moral, a la izquierda le resta esperar.

Y entregarse a la ficción de «luchar» contra la desigualdad del capitalismo (que infortunadamente aquí no existe).

Que la tortilla se vuelva

La palabra y la idea, el carisma y el hartazgo, es la artillería efectiva de Javier.

El mérito de transformar el vejestorio del liberalismo en canal de protesta innovadora.

Impugna, con Victoria, la interpretación cultural vigente en 40 años de humanismo contemporáneo.

La doctora Villarruel, Nuestra Cayetana Álvarez de Toledo, su vice, legítima defensora de “víctimas del terrorismo”, suele cuestionar los “excesos de la reparación”.

Derivaciones de “los excesos de la represión”.

Victoria representa “la vuelta de la tortilla” (réplica de la canción que mitifica la Guerra Civil Española).

En el aluvión de entrevistas, Javier confirma que Nuestra Cayetana tendrá poder real.

La Seguridad y la Defensa figuran en el ámbito de su competencia.

40 años después, desde «el desencanto de la democracia» (ver Sandel), podrán reivindicarse los descensos terribles del Proceso que pasó a la historia como Dictadura Militar.

Factorías del peronismo

Pifia Sergio si la estrategia consiste en polarizar con Javier.

Es el método eficaz para ningunear a Patricia.

Pero resulta ideal para convertir a Javier en presidente, en primera vuelta.

Probablemente Sergio, antes de polarizar con Javier, debería esmerarse en lograr que la Federación de Peronismos Provinciales y Municipalidades vuelva a ser un movimiento nacional.

Para integrar los fragmentos territoriales de las diversas factorías peronistas, en provincias e intendencias donde cada cual atiende su juego.

Cuesta recrear un ambiente de probable triunfo entre las factorías.

Después de cada elección, el kirchnerismo, patología dominante, resulta aún más minoritario.

Es la vertiente que se adueñó del peronismo que hoy está por sucumbir ante otra vertiente indirecta del mismo río.

Es el neomenemismo libertario de Javier.

Copia infiel de aquel Carlos

Javier es el portador hereditario del carisma inmediato de Carlos Menem.

En el heredero -como en aquel heredado- es menos importante lo que se dice que lo que se genera.

Pero resulta insuficiente la copia infiel de las patillas.

O la copia del Milei móvil infinitamente más sofisticado, que invoca la memoria de los camiones precarios de Lanús.

Tampoco basta con los reconocimientos a Menem y a Domingo Cavallo.

Conmueven a los nostálgicos sobrevivientes petrificados desde los ’90.

Aquel Carlos tenía detrás al Partido Justicialista. Y a Alberto Kohan con los enternecedores y persuasivos “cinco mil cargos para repartir”.

Aquel Carlos participaba del sublime precepto de Cesar Jaroslavsky.

“Un vivo nunca habla mal de otro vivo, ni de nadie”.

Dista de ser el caso de Javier, que procura continuar con el modelo de Carlos, quien encaró el último proyecto capitalista en Argentina (“donde todo termina invariablemente mal”).

Con poderosos empresarios que supieron vender sus activos para instalar una heladería. O distraerse en una galería de arte.

Carlos mantuvo una firme estrategia geopolítica de posicionamiento occidental. Para ser «aliado extra OTAN» e ingresar en Estados Unidos hasta con el carnet de conductor (vencido).

Pero con una afectuosa relación diplomáticamente irónica con Fidel Castro.

Fidel le enviaba cigarros Cohiba, Carlos le enviaba cajones de Champagne Menem (Fidel lo definía: “un buen refresco”).

Pero a Carlos lo movilizaba especialmente el objetivo explícito de la Reconciliación Nacional. Derivó en otra utopía frustrada.

Javier, al procurar parecerse tanto a Menem, debe cuidarse de no ser como aquellos billetes promocionales que distribuía Armando Gostanian.

Un Menem Trucho.

Desencuentro. Tango

Javier carga con el riesgo de la centralidad del favorito y por ahora no lo perturban los desplantes de su verba ni las invocaciones al teorema de Baglini.

Sergio carga con el paquidermo inmóvil del gobierno y con la barbarie de una economía desastrada.

Pero sin embargo la que está peor es Patricia. Carga con Mauricio, el Ángel Exterminador, rigurosamente fascinado con Javier.

Como en el tango Desencuentro, en la plena desorientación le cuesta a Patricia encontrar el rumbo.

Mauricio -el instrumentador de Patricia para exterminar a Horacio- fue ideológicamente colonizado por Javier.

Después de exterminar a Horacio y Elisa, el insaciable Mauricio -en complicidad con Javier- va por el exterminio de Patricia y de todo Juntos por el Cambio (ya le llegará el turno a Javier).

En su rol de astuto ganador, Javier se ve con la banda puesta. Aprendió lo suficiente como para deslizar aciertos entre la sucesión de divertimentos fatídicos.

Pudo proclamar: “Patricia es mi tercera marca”.

O en todo caso: “Mauricio va a ser mi representante ante el universo”.

Feliz por los inapelables exterminios, en reposeras extrañas Mauricio se ilusiona con el fin del populismo.

Mientras brinda majestuosas clases de liderazgo por universidades del mundo, con impunidad académica y como si estuviera en el canal Bwindi Uganda.