Perceptiva. Reflexiva. Serena como si el corazón parpadeara en paz. La voz telefónica expresa ecos de una mujer sensible. “El miércoles, todos los medios de comunicación nos trajeron una información sobre el asesinato de Morena Domínguez, la niña de 11 años, y pensaba precisamente -porque estoy escribiendo sobre el tema- acerca de qué mensajes se dan socialmente al ser humano, en el sentido de cuál es su valor, su razón de ser, qué significa cada uno de nosotros en este orden social. Si tiene algún lugar de protagonismo o es alguien absolutamente intercambiable, inexistente en este tipo de hechos que en este caso es una niña de 11 años”, dice Ana P. de Quiroga, quien acaba de recibir un reconocimiento junto a Josefina Racedo, mentoras de la Maestría de Psicología Social en la UNT, que se inició en 2002 y que ha sido cursada por 500 maestrandos, provenientes de 18 provincias y alumnos de Chile, Brasil y España.

Directora de la Primera Escuela Privada de Psicología Social fundada por el doctor Enrique Pichon-Rivière en Buenos Aires, Quiroga es autora de varios libros, tales como “Psicología de la vida cotidiana (conjuntamente con Pichon-Rivière), “La constitución del sujeto en el proceso del conocimiento” y “Apuntes para una teoría de la conducta.

- Usted ha sido alumna de Pichon-Rivière. ¿Qué le atrajo de la psicología social como para ponerse a estudiar?

- Vamos a situarnos en tiempo y espacio. Estamos hablando de fines de la década del 50, del 60, yo era estudiante de la carrera de Filosofía; la carrera de Psicología no existía todavía en Buenos Aires, se fundó y estaba dando sus primeros pasos en Rosario. Teníamos muchos interrogantes que nos planteábamos en torno a la filosofía o que esperábamos que la filosofía nos diera respuestas acerca del ser humano, de sus conductas, de la razón de ser de las cosas. Tucumán tenía una trayectoria muy grande, la Facultad de Filosofía tucumana había hecho historia en la Argentina y sigue siendo un orgullo. Pero estaba el psicoanálisis, la reflexión sobre el ser humano que el psicoanálisis traía en un contexto, donde todo estaba replanteándose, fue muy atractivo. Fue como la búsqueda y el encuentro de otros sentidos y así se desarrollaron distintas líneas, algunas muy centradas en una especie de ciertos mecanicismos de lo inconsciente, sin negar la existencia de los procesos inconscientes, pero aparecía todo muy determinado, y lo atractivo o del pensamiento de Pichon era que, sin negar las múltiples dimensiones que tiene la vida psíquica, la vida relacional, lo que es lo humano en lo específico, en lo más personal, abría todo un espacio a la comprensión de la fuerza de las relaciones, la fuerza de los vínculos y la presencia de la vida social y en un contexto donde la inquietud por la vida social -hablamos de 50, 60- empezaba a estallar en el mundo. Entonces era la búsqueda de sentido, los que en esa época éramos jóvenes, teníamos un pensador que daba cuenta de cómo funcionaba la vida psíquica, la vida social o cómo se relacionaba lo psíquico y lo social y que ponía los ojos en lo cotidiano y no en lo abstracto, era una interesante convocatoria.

- Usted fue la última pareja que tuvo Pichon, ¿cómo fue su experiencia de trabajar con él, siendo colega y compañera?

- Pichon era sumamente generoso, muy abierto, era alguien al que le entusiasmaba mucho el hacer, el saber, el explorar. Entonces no establecía relaciones jerárquicas, en términos de maestro que te enseña, sino que lo metía a uno en un camino de exploración y de entusiasmo, que él compartía, si uno se sentía implicado en una aventura, en una cosa de comprender, de emprender, de poder establecer relaciones entre los distintos hechos, que se nos aparecen cuando investigamos al ser humano y abría horizontes de esto también tiene que ser contemplado, pero no era una bajada de línea, era una apertura así como de espacios y de caminos. Creo que además fui muy privilegiada porque me tocó estar al lado de Pichon en un momento social, donde había una gran conmoción y un gran movimiento de mucha inquietud por el conocimiento. También esa conmoción fue algo que nos llevó a Tucumán. A principios de la década del 60, Tucumán fue un laboratorio social que era de un protagonismo, de una riqueza extraordinaria, así que como se suele decir que uno estuvo en el momento que no era y en el lugar equivocado, parece que fue al revés con nosotros: era el lugar adecuado y en el momento que era y eso nos ayudó mucho a avanzar. La cantidad de años que hemos estado allí, primero con Pichon, y luego continuamos con todos los compañeros tucumanos que tenían un compromiso y una potencia muy grande, la siguen teniendo.

LA GACETA / FOTO DE INÉS QUINTEROS ORIO

- ¿Cuáles son los aportes principales de la psicología social a la sociedad?

- Nos ubicamos en tratar de entender al ser humano, desde una perspectiva de comprenderlo como es y desde una mirada en particular que es la de la salud mental, no en el sentido de si es sano o enfermo, sino en el sentido de cuál puede ser la forma de ser en el mundo, de estar en el mundo, que nos haga más plenos, más felices, más profundos en nuestras relaciones y en nuestro compromiso social. Porque a la vez entendemos que la salud mental no es una suerte que nos toca a cada uno, es decir un paquetito que a cada uno le dan, sino que pensamos en la construcción colectiva, social y en ese sentido creo que, a partir de lo que entendemos que es el ser humano, entendemos su función de creatividad, de aprendizaje, de sostenerse recíprocamente, de encarar un mundo y una vida social solidaria, y donde las identificaciones y el encontrarse con el otro sea realmente positivo, en ese sentido trabajamos.

- ¿Cuál es su mirada de esta Argentina que vive en un estado de crispación permanente, de intolerancia, hasta de desesperanza?

- Todo esto está ocurriendo en la Argentina y en el mundo, no somos los únicos que estamos atravesando una crisis enorme. Hay una investigadora norteamericana, Nancy Fraser, que ha escrito acerca de este momento histórico y dice que estamos atravesando una crisis integral que todo lo penetra. No pensemos que se trata de una crisis económica o financiera, creo que cada vez es más evidente que también es un tipo de crisis, donde está puesto en riesgo nuestra posibilidad de vida en la Tierra. La frecuencia de las turbulencias climáticas y su impacto en nuestra vida cotidiana, ese quiebre de lo cotidiano, es uno de los datos y después una de las cosas recién hablábamos de la salud mental y del encuentro de los vínculos, es decir la cuestión de la fragmentación social, también una de las cosas que uno se pregunta desde el término de salud mental, desde una mirada social, es cómo están jugando las relaciones de poder, cómo juega esta concentración de poder y esa expansión de la pobreza y qué mensaje hay permanentemente para los seres humanos. Y encontramos que es un mensaje de mucha descalificación, de mucha de desconfirmación. Esto está creando una vivencia de incertidumbre, de no saber a dónde ir, de una dificultad para proyectar, porque el tema de la inclusión y la inclusión son de qué lugar tengo yo, qué significo en este mundo, qué sentido tiene mi existencia, qué sentido tiene para el otro, qué valor tiene para el otro. Es algo que evidentemente está en crisis.

- Casi todos los días se producen episodios como el de Morena, la mayoría con adultos…

- Todos los días se producen episodios que muestran qué descalificación hay del lugar, no solo episodios que tienen que ver con una violencia física, lo de Morena fue paradigmático y de una intensidad emocional enorme.

- Hay una canción de Pablo Milanés titulada “La vida no vale nada”. La sensación, que uno tiene es justamente esa, que a uno lo pueden matar o motoarrebatar en cualquier parte.

- Sí, por supuesto, pero eso de la vida no vale nada, no se restringe a la vida no vale nada, porque te podemos pegar un tiro, si no, la vida, tus proyectos, tu posibilidad de desarrollarte como ser humano, no valen nada en un determinado juego de intereses, la vida y los proyectos del ciudadano de a pie, parece que no valen nada.

- Es la sensación que uno tiene en este momento.

- Hay algo muy fuerte e importante en el ser humano que es la autoestima y los mensajes sociales que vienen de ciertos sectores de la sociedad y que responden a ciertos intereses son denigratorios de la autoestima. Entonces uno es en tanto se adapta a lo vertiginoso, a los intereses del mercado, a responder a un modelo que quizá tiene muy poco que ver con la necesidad de los humanos. Y digo quizá para ser suave.

- Qué triste que el destino de un país lo maneje el mercado y no, los gobernantes.

- Los gobernantes son una parte, son un instrumento, claro, es más que triste, es terrible que sea así, porque son los destinos de cada uno de nosotros y de esta tierra, que queremos mucho.

- ¿Qué salidas avizora para esta preocupación del ciudadano común?

- Sí, es el que nos importa en particular... Nosotros somos seres esencialmente sociales, recién mencioné algo sobre la fragmentación, que creo que ha sido una estrategia o un efecto de tantas condiciones, donde que cada uno va por la propia, se salva por la propia, pero no se salva nada por la propia. Cuando me refería a la salud mental como construcción colectiva, es una idea de fortalecer la identificación, la idea de poder encontrarme en el otro como semejante. Y eso implica trabajar muchísimo con una serie de mensajes sociales, que apuntan a deteriorar ese encuentro con el otro, con un otro que es semejante y que también es diferente, porque pareciera ser que lo diferente también debe ser rechazado. Y curiosamente estamos en una sociedad que exalta el tema de la diversidad y, sin embargo, lo diferente muy rápidamente es segregado.

- Se habla del diálogo y es lo que menos se tiene, del consenso... parece que hay una suerte de incapacidad para llegar a esa instancia de comunicarse con el otro de modo horizontal.

- Es lo que usted está planteando. Todos los caminos que permitan ese encuentro y esa comunicación son caminos de construcción de salud.

- ¿Cuál es la tarea del psicólogo social en este contexto?

- Participar en esta vida cotidiana, tratando de favorecer justamente ese encuentro, ese poder articularse, reconocer cuáles son las necesidades que cada uno tiene, cómo se encuentra en esas necesidades con otros, qué lugar tiene ese otro, nuestros proyectos compartidos, qué es lo que está generando padecimiento. Es importante luchar en relación con la multiplicidad de causas que generan el sufrimiento humano, y poder entender que no son solo vicisitudes personales, que tienen un peso enorme, por supuesto, vicisitudes subjetivas, sino que hay también un contexto social, un entramado social, que puede ser que nos dé sostén, que nos dé apoyo que nos fortalezca o que nos deje a la intemperie. Y la vivencia de la intemperie, la vivencia de estar a merced de los acontecimientos porque no hay otros que nos sostengan, eso es hoy uno de los puntos que está tras una significativa explosión del padecimiento psíquico, que a veces llega a saltar si se quiere la barrera salud-enfermedad, pero sin llegar a la enfermedad, significa un transitar la vida con mucho dolor, con mucha frustración de enojo.