“Estabilidad”. “Previsibilidad”. “Reglas de juego claras”. Etcétera, etcétera. Son palabras que escuchamos todos los días. Y no exactamente en el fútbol. Las escuchamos para el país. Porque es muy cierto que todo se hace más complejo si el cambio es permanente. Pero también es cierto que la estabilidad sólo se hace fuerte cuando el reparto no deja a tantos afuera del escenario. Mientras eso suceda, el reclamo de cambios por equilibrar esa torta tan desigual será eterno.

El fútbol argentino (inserto además en un escenario de competencia regional) se aferra como puede a la sobrevivencia. En ligas de otros países vecinos se asumió naturalmente el ingreso de capitales de todos los colores para que se adueñen de clubes, jugadores y hasta de federaciones. Aquí, en cambio, los clubes mantienen su fuerte tradición de asociaciones civiles sin fines de lucro. Es una estructura que, agravada por la crisis económica y la pospandemia, está obligada a sacar agua de las piedras para no morir. Por eso, seguramente, la AFA resolvió estudiar ahora una enésima reforma de sus campeonatos.

Horas antes de la reunión, el viernes pasado en el predio de Ezeiza, alguien filtró a la prensa que la reforma ya era un hecho. Que anulaba otra vez los descensos y que se haría un campeonato en el primer semestre de 30 equipos, que se reducirían a 20 en el segundo semestre (Top 20), mientras otros 20 clubes jugarían por la permanencia (los primeros diez) o por no descender (los últimos diez, sin más promedios). Y el “ganador” (¿o “campeón”) de ese Torneo Clasificatorio ganándose un boleto directo a la Copa Sudamericana.

Contradictorio y extraño. Treinta equipos y veinte equipos. Sin descensos y con diez descensos. Todo eso conviviendo en una misma temporada. Un total de hasta cuarenta equipos que podrían ser Primera y Segunda supuestamente fusionados. La modificación no se concretó. Pero la AFA sí encomendó a una consultora que ya trabajó con la Conmebol para que estudie un nuevo formato de competencia para la temporada 2023. Anticipan que no será muy distinto a ese proyecto.

Están bien lejanos los tiempos de un solo campeón por año, torneos largos, de ida y vuelta, como sucedió desde el inicio del profesionalismo (1931) hasta 1966, cuando se incorporó el torneo Nacional, para incluir a los equipos del interior. Por eso, cambiar no siempre tiene por qué ser malo. Eso sí, al fútbol argentino le ha gustado demasiado probar todos los formatos. Apertura-Clausura. Temporada corta-Temporada larga. Liga-Copa-Superliga. Promedios. Casi no hubo un solo formato que se pareciera al otro en los últimos años. Fueron todos a puro cambio. Sumados a un fútbol que también cambia (el viernes se anunció casi como un hecho que para el año próximo podremos escuchar los audios del VAR. Los árbitros deberían comenzar a tomarse entonces menos tiempo para resolver. Porque, con las demoras actuales, cinco minutos para sancionar penales evidentes, no habrá programa que alcance para emitir esos audios).

El viernes de la reunión en Ezeiza el fútbol amaneció con nuevos pasacalles amenazando a jugadores. Sucedió en Lanús, donde el cartel advirtió que si los jugadores no mejoraban su rendimiento también ellos sufrirían incendio de autos, como le pasó a los jugadores de Aldosivi una semana atrás. La AFA había resuelto la puesta de rodillas de los jugadores. La protesta simbólica no pareció importarle mucho a los barras de Lanús que colgaron ese pasacalle contra sus jugadores. Tal vez sea necesario actuar de otro modo. Con alguna política más seria que una puesta de rodillas simbólica.

Es tan extraño el fútbol argentino que un “Top 20” podría dejar hoy mismo afuera a alguno de sus equipos más grandes. Ahí está Atlético firme líder. Y Argentinos y Huracán acechando. Y Boca y River sumidos en crisis posLibertadores. Fuertes aquí, pero cada vez más lejos económicamente de los equipos brasileños que definirán (junto con Vélez) al nuevo campeón de la Libertadores. Nuestra Liga debe ser una de las más parejas. La calidad es otro tema.

Tanta competitividad justifica resultados sorpresivos. La referencia apunta al nuevo fenómeno que comenzará a dominar muchos de los debates futuros de nuestro fútbol. Basta ver un entretiempo de cualquier partido para advertir el espacio poderoso que comienzan a ocupar las casas de apuestas online. Apuestan por lo que sea. Resultados. Corners. Amarillas. Todo vale. Hay casas de apuestas legales, claro, pero ante todo dominan las ilegales (las que podrían haber aceptado el patadón que dejará seis meses sin jugar al “Changuito” Zeballos, de Boca). En esa desesperación por sacar agua de la piedra, el fútbol argentino se abrazó a su nuevo Papá Noel. Las apuestas es un Papá Noel que regala tentaciones. Especialmente cuando la crisis arrecia y los dineros de la pelota no alcanzan.

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