Cartas de lectores IV: bella época docente

23 Junio 2022

Expiran rutinarias negociaciones salariales del fracaso. Un título expresaba un fin de época para la docencia: “se suspende la revisión prevista para diciembre de 2019” (LA GACETA) Circunstanciales y apaciguados salarios, batalladores de inflaciones, no volverán. Un pretérito de negociaciones salariales -protestas esporádicas sobre acuerdos de marzo, teatralizados paros “domingueros” de días lunes y comienzos de clases- zanjados por la historia. Años dorados y gloriosos para la docencia. Los tiempos habían mejorado en relación a los “papeles pintados” de una época (años 80 y parte de los 90). Terminado el gran “boom”, durante aquellos turbulentos años, se dieron cuenta de haber vivido una etapa excepcional. En mayo del 2018 (devaluación abrupta y crisis del régimen) comenzaba, como mar de fondo, una transición conflictiva. Empezaba, paulatinamente, a percutir la vida docente. No había, en la superficie, manifestaciones elocuentes. Salvo un mar de “fondo” que se expresa, tímidamente, una mañana de un 13 de febrero de 2020 con un paro y una masiva movilización docente. “Malabarismos para cumplir en épocas de austeridad” (LA GACETA). La última actualización y revisión salarial, para enero del 2020, quedaba fuera del sueldo. Un 2022 de bombas de humo verbales por parte del circunstancial inquilino de la casa matriz docente (ATEP). Justificar lo injustificable: 59% de “aumento” (28% en marzo para cobrar en abril, 10% en julio para cobrar en agosto, 10% en octubre para cobrar en noviembre y 11% en diciembre para cobrar en enero del 2023, sobre un básico de septiembre del 2021). Se anunciaba un 28% para marzo y en realidad engloba o sumaba 21% correspondiente al año pasado. El acuerdo se circunscribe a un incremento del 7% para marzo y del 38% para todo el año. El “escurridizo” 21% se transformaba en el blanqueo de la cifra de ayuda económica de $10.000 por agente que se cobró con el sueldo de febrero en marzo. Para un básico testigo de maestro de grado el “aumento” era de $8.000, es decir $2.000 menos de lo que se venía cobrando. El “acuerdo” era la coronación de previos efectos devastadores: la docencia y sus familias pasan hambre. Ante una situación histórica y excepcional un congreso provincial de la docencia. ¿Razones? Los que fueron durante todo este tiempo ninguneados, vienen, como consecuencia de esos ninguneos, con otro programa. El concepto y razonamiento no es lo que se puede conseguir sino lo que corresponde. Un salario que cubra el costo de la canasta familiar: $ 140.000 Reglamentación inmediata de la segunda ley de titularización docente. Reinstalación inmediata de los $10.000 de ayuda económica.

Pedro Pablo Verasaluse


Tamaño texto
Comentarios