Entrevista a Alberto Manguel: “El Borges íntimo era bastante diferente al de su literatura ética e impecable”

El ensayista y ex director de la Biblioteca Nacional está en Lisboa, donde lleva adelante su proyecto de un centro de historia de la lectura, con los 40.000 volúmenes de su biblioteca que donó y serán exhibidos en un edificio de patrimonio cultural de esta ciudad. En esta entrevista recuerda al autor de Ficciones y reflexiona sobre la tecnología, el auge del fascismo y los clásicos.

Alberto Manguel. Alberto Manguel.
28 Mayo 2022

Por Sergio Silva Velázquez

Para LA GACETA - LISBOA

Impecable y sobrio, evita estrechar las manos -el aumento de contagios de Covid en Portugal es noticia por estos días- y se lleva la mano al pecho, disculpándose, vestido con un traje azul cobalto y camisa a tono, zapatos de diseño con cordones amarillos, Alberto Manguel nos abre las puertas de su piso en Bairro Alto de Lisboa, donde todo parece regido por la sincronía de un orden geométrico que se extiende a donde uno mire. Libros antiguos y contemporáneos conviven en estantes y repisas, obras de arte moderno y copias de textos históricos visten las paredes del pasillo que nos lleva a un espacio con mobiliario de estilo donde hay sillones, sillas tapizadas, una preciosa mesa con candelabros y, junto a la ventana, una planta se desdibuja entre la luz que se filtra de afuera.

Pero los 40.000 volúmenes que Manguel ha donado para la biblioteca que llevará su nombre, no están en este lugar, sino preservados en otro sitio hasta que sean llevados a la Rúa Janelas Verdes 37, el Palacete dos Marqueses de Pombal, donde en dos años funcionará el Espacio Atlántida, Centro para el Estudio de la Historia de la Lectura, el proyecto que lo mantiene “ocupado y vivo”, a sus 74 años. La Cámara Municipal de Lisboa ha destinado al ensayista y traductor argentino este espléndido edificio, considerado patrimonio cultural, como hizo antes con la bellísima Casa dos Bicos otorgada a la viuda de José Saramago, Pilar del Rio, para instalar allí la fundación que lleva su nombre.

Ciudad de los fados y de escritores, Manguel se siente aquí como pez en el agua. “Cuando ofrecí mi biblioteca a Lisboa, el alcalde me pidió que fuese a ver algunos edificios para que pudiese alojar el centro. Yo me sentí como si fuese de compras, que me daban un cheque en blanco”.

Manguel no lo dirá abiertamente pero la alusión a la Argentina surge por omisión: “uno está acostumbrado a países donde las promesas no se cumplen”. El ex director de la Biblioteca Nacional, cargo que ejerciera durante dos años y medio, apenas dirá en la entrevista que “fue una experiencia interesante” y pedirá no profundizar al respecto, mucho menos sobre política argentina. “En Portugal hay una política de honestidad y la palabra se cumple; lleva su tiempo, desde luego, pero se hace”. “Es una maravilla vivir en una de las últimas democracias que quedan en Europa”, sentencia para referirse al continente donde han aflorado últimamente ideologías de centro derecha.

“El mundo está sufriendo de amnesia, nos hemos olvidado de la Segunda Guerra Mundial e incurrimos en los viejos errores con conceptos fascistas. La Francia de Le Pen, la Hungría de Orbán, en España Vox y aquí en Portugal Chega- traducido Basta en español-, un pequeño movimiento que se apoya en un discurso contra la inmigración y a favor de la “raza blanca que está haciendo amenazada” y que sostiene que “las mujeres quieren derechos que no les corresponden”.

Manguel recuerda el mensaje de una mujer en una manifestación reciente en Estados Unidos con un cartel: “No puedo creer que esté de nuevo con este cartel”, en alusión al  feminismo de los 60 y de sus luchas que no terminan nunca. “Es un tema de tensión entre la falta de educación y la ambición desmedida de los políticos”. Después, se refiere a la actual sociedad “explotada por quienes crean consumidores de lo superficial y lo efímero”. “Si usted lo piensa un poco, no va a comprar unos jeans rasgados por 1.000 euros”.

Tecnología y Borges

Manguel solo recurre a la tecnología para mantenerse “lo suficientemente informado y escribir” pero no ha sucumbido a los soportes actuales, ni smartphone, ni Netflix, ni tampoco lee textos electrónicos. “Toda tecnología funciona con la dinámica de tomar prestado el vocabulario de la tecnología anterior y declarar que esta ha muerto. Ha sido así con la pintura, la fotografía, el cine, el libro y los dispositivos actuales. El problema es creer que el dispositivo tiene vida propia”.

Sobre las redes sociales dirá: “un tuit permite dar la impresión de verdad ante el ensayo escrito que parece algo más frío. Un tuit que parece salido del alma, como una verdad proclamada, es muy peligroso pero también es muy útil para hacer propaganda”

Quien sabe que Manguel ha tenido “el privilegio” de leerle a Borges siendo muy joven, hoy podría sorprenderse con sus comentarios, lejos del halago fácil y acomodaticio. “Yo fui uno más de los que le leyó, en realidad, quienes lo visitaban le leían. Lo que quería él, era que le prestáramos los ojos para ver en concreto algo que recordaba haber visto en una página de un libro. Su prodigiosa memoria era como la de Oscar Wilde. Un hombre con su inteligencia suprema, sin embargo, se permitía comentarios racistas, misóginos, discriminatorios, con los prejuicios de su generación y de su familia. El diario de Bioy Casares sobre Borges es muy revelador, porque expone a un autor que no está en su literatura, que es ética e impecable”.

Los elegantes sombreros de diferentes tonos -que recuerdan a Fernando Pessoa, omnipresente en Lisboa- aparecen ordenados junto a zapatos iguales a los que lleva puestos. Nos invita entonces a uno de los espacios de su intimidad, su escritorio cubierto por un magnífico tapiz sobre el que se asienta la pantalla Dell, entre otros objetos dispuestos -libros en inglés, tazas con dibujos alegóricos con lapiceras tipo pluma y de las otras, marcadores, pinceles, abrochadores, sellos- entre los que sólo uno, el libro History of Water, de Edward Wilson Lee, una historia detectivesca real ambientada en el Portugal del siglo XVI, flota fuera del marco general. Sobre otra biblioteca están los libros del propio Manguel, dos de ellos recientemente lanzados por la Editorial Alianza -La Biblioteca de Noche y Una Historia Natural de la Curiosidad- nos son obsequiados y dedicados por el autor con una de sus plumas.

Clásicos

Su pasión por la lectura, ante todo. “Escribir Una Historia de la Lectura, fue también una forma de lectura. Ese libro tiene una estructura personal a partir de la información con la que me documenté pero no puedo hacer que funcione para el resto de los lectores. Quienes deciden qué libros serán recordados son los lectores. Los clásicos son como una suerte de jerarquía impuesta por generaciones”

Al lado del escritorio, dispuesto sobre un atril, hay un libro abierto como un monje vería la Biblia: ¿es un diccionario o la Divina Comedia, el volumen del que confiesa lee un canto todas las mañanas?  “No leí La Divina Comedia hasta hace 15 años atrás. Puede ser sorprendente pero no conseguía engancharme hasta que estuve enfermo en cama y me encontré con un mundo ilimitado e inagotable”.

© LA GACETA

Las formas del libro

Por Alberto Manguel

Mis manos, al elegir un libro para llevar a la cama o al escritorio, para el tren o para un regalo, prestan tanta atención a la forma como al contenido. Según la ocasión, según el lugar que he elegido para leer, prefiero a veces algo pequeño y cómodo o voluminoso e importante. Los libros se dan a conocer por medio de sus títulos, sus autores, su lugar en un catálogo o en una estantería, las ilustraciones de la sobrecubierta; pero también a través de su tamaño. En distintos momentos y en lugares diferentes he imaginado que ciertos libros tendrían determinado aspecto porque, como con todas las modas, esos rasgos cambiantes suman un elemento preciso a la definición de un libro. Juzgo los libros por su cubierta; juzgo los libros por su forma.

* Fragmento de Una historia de la lectura.

Perfil

Alberto Manguel nació en Buenos Aires en 1948. Ha vivido en Italia, Reino Unido, Tahití, Canadá, Francia y Argentina. Hoy vive en Portugal. Ha cultivado el mundo de las letras en todas sus facetas (el ensayo, la novela, la crítica literaria, el teatro, la antología, la traducción y la edición). Ganó, entre otros premios, el Formentor, el Alfonso Reyes y el Gutenberg. Algunos de sus libros son Una historia de la lectura, Con Borges, La biblioteca de noche, Una historia natural de la curiosidad y Mientras embalo mi biblioteca.

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