La difusa imagen del jefe de Gabinete de la Nación

Juan Manzur Juan Manzur LA GACETA / FOTO DE MARCELO AGUAYSOL

Cuatro meses ha durado la luna de miel. Tal vez menos tiempo. Juan Manzur siente que el respaldo no está adentro del poder, sino en el entorno. El jefe de Gabinete de la Nación ha adoptado un perfil muy bajo, tanto que se baja de la agenda que el presidente Alberto Fernández despliega junto con los gobernadores. Un claro ejemplo de esta etapa difícil que el gobernador en uso de licencia pasa en la Casa Rosada se observó ayer. El Presidente viajó sin él hasta San Juan, un destino que el tucumano conoce a la perfección por sus lazos comerciales en las tierras que gobierna Sergio Uñac.

Alberto Fernández encabezó el Lanzamiento del Cluster Renovable Nacional, un organismo público privado con representación de San Juan, Río Negro, Catamarca, Neuquén, Mendoza, y La Rioja, que busca favorecer la producción de bienes, tecnologías y servicios asociados a la generación eléctrica de fuentes renovables. Curiosamente, en la comitiva no figuraba Manzur. Sí estaban otros ministros como Martín Guzmán (Economía), Matías Kulfas (Desarrollo Productivo), Eduardo de Pedro (Interior), y Juan Cabandié (de Ambiente y Desarrollo Sostenible). Tucumán pudo haber sido parte de ese organismo, pero aún no ha reglamentado la Ley Nacional de Generación Distribuida (27.424) que fomenta e incentiva la aplicación de energía limpia. Hace un año, los jugadores locales de la actividad le enviaron una nota al Ente único de Control y Regulación de los Servicios Públicos de Tucumán (Ersept) con una detallada exposición de motivos respecto de uso de energías renovables. El ente de contralor sigue en silencio. De la nota, nadie sabe qué destino tuvo.

Manzur se quedó ayer en la Rosada. Ni siquiera tuvo oportunidad de subirse al Tango. Almorzó con el vicegobernador en ejercicio del Poder Ejecutivo, Osvaldo Jaldo, y con el presidente subrogante de la Legislatura, Sergio Mansilla. Hubo tiempo para despuntar algunas cuestiones locales, pero en los postres cuentan que hubo un largo silencio. Ninguno de los comensales ha hecho comentario respecto de lo que se dialogó, pero al jefe de Gabinete se lo vio más silencioso que en otras oportunidades.

La agenda oficial dirá que la comitiva tucumana y el jefe de Gabinete de la Nación mantuvieron un encuentro con el ministro de Seguridad, Aníbal Fernández, para coordinar la puesta en funciones de personal de Gendarmería Nacional en la ciudad de Aguilares. Jaldo se quedó en Buenos Aires. Hoy tendrá la oportunidad de reunirse con el secretario de Energía de la Nación, Darío Martínez, para analizar la posibilidad de viabilizar inversiones energéticas en territorio tucumano para la construcción de cuatro estaciones transformadoras, con las que se aliviaría el sistema y, así, disminuir las interrupciones cuando la demanda crece como pasa cada verano.

Lejos del calor

El aire acondicionado de los despachos de la Casa Rosada están funcionando a distinta temperatura. En el de Manzur se evidencia más frío y eso que está al lado del que ocupa el Presidente. Santiago Cafiero, el canciller, está tratando de sumar más puntos en el entorno albertista. De hecho, esa corriente se ha convertido en lo que algunos analistas política han llamado una “secta/facción” que está buscando, por todos los medios, que su jefe político recupere imagen y se ponga la gestión al hombro.

Cafiero, desplazado por el propio Alberto Fernández de la Jefatura de Gabinete que hoy ocupa Manzur, se reunió ayer con el secretario de Estado de los Estados Unidos, Antony Blinken, quien manifestó que la Argentina es “amiga y socia” del país norteamericano. Además, el estadounidense expresó apoyo a “una economía vibrante” que fortalezca la relación, pero nada dijo respecto de las negociaciones por un nuevo acuerdo con el Fondo Monetario Internacional (FMI), clave en la gira del ministro de Relaciones Exteriores por EEUU.

La lógica diría que el jefe de Gabinete debió ser de la partida, incluso de la charla que el canciller y Guzmán mantuvieron el viernes, con el fin de coordinar acciones, una tarea que le compete al tucumano que, curiosamente, anduvo ese día por Tucumán recorriendo obras en el interior provincial. Ese viernes, Manzur no se despegó del teléfono. Del otro lado de la línea, Alberto Fernández le ponía al tanto acerca de algunas cuestiones de la gestión, entre ellas la relación con el Fondo. “Lo que se busca es acordar, lo que se quiere es acordar, la decisión política del Gobierno argentino, tal cual lo expresa el Presidente, es acordar”, dijo hace una semana el jefe de Gabinete de la Nación. Sus contactos con Estados Unidos siguen abiertos, pero hasta ahora el Presidente no le ha pedido que salga a la cancha.

El “albertismo” intenta encarrilar las negociaciones con el organismo internacional dentro de su propio ámbito. Es un mensaje que reza “podemos solos”, como un tiro por elevación hacia la vicepresidenta Cristina Fernández de Kirchner que, a través de sus más cercanos colaboradores, se ha mostrado reacia a un acuerdo que implique ajustes que luego tengan altos costos políticos. No hay que perder de vista que Manzur, el actual dueño de la lapicera presupuestaria nacional, está en ese cargo nacional por el aval que la presidenta del Senado le dio a su designación, en septiembre pasado.

Si falla el “albertismo”, el “Plan B” será Juan Manzur, más allá de que varios hombres y mujeres cercanos al Presidente señalan que tiene pasaje de regreso hacia su provincia. El gobernador en uso de licencia se aferra a sus contactos nacionales. Los principales referentes de la Confederación General del Trabajo (CGT) están al tanto de la movida contra el tucumano. Ellos son una de las patas que sustentan la difusa imagen del jefe de Gabinete de la Nación. La otra son algunos intendentes bonaerenses como el matancero Fernando Espinoza o el de Esteban Echeverría, Fernando Gray. El apoyo de los gobernadores justicialistas no es tan claro. A medida que se acerque 2023, varios de ellos intentarán jugar su propio partido y en el fixture interno pueden llegar a enfrentarse con Manzur. Alberto Fernández sabe, además, que el médico sanitarista tiene una buena llegada al establishment nacional, un ala no peronista que es necesaria en tiempos de ajustes y de consensos políticos e institucionales. Y está Cristina Fernández de Kirchner.

Manzur, en definitiva, no cree que esté cerca su regreso a Tucumán. Todavía no ha jugado sus fichas para sostenerse en el edificio de Balcarce 50 y sabe que, más temprano que tarde, Alberto Fernández volverá a ponerlo en la marquesina oficial. A eso también apuesta Osvaldo Jaldo, que se está acostumbrando a ocupar el despacho gubernamental del primer piso de la Casa de Gobierno.

Un regreso marcaría un nuevo conflicto de intereses en el binomio provincial en la medida que no se establezca un código de buenas prácticas políticas. Manzur tiene sus objetivos puestos en una incursión política nacional y, por esa razón, aceptó la Jefatura de Gabinete, cargo que ocupa desde el 20 de septiembre pasado. Su intención de ser protagonista en el electoral año 2023 le ha costado los silenciosos conflictos internos en la Casa Rosada que, no serán los primeros ni los últimos, si es que su deseo es continuar en Buenos Aires. Una reelección en la provincia es imposible, porque no hay voluntad política ni tiempo para una reforma constitucional que le permita pelear, electoralmente, por otro período de gestión. Jaldo, a su vez, se siente como el sucesor natural del actual proyecto político. Así, el futuro del oficialismo también es difuso en Tucumán.

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