Alejandro Dolina: “Cosas imposibles a las once de la mañana, son posibles a la madrugada”

Acaba de publicar Notas al pie, algo más que una novela. Tres libros en uno: un libro de cuentos con cierta impronta erudita, puntillosa y refinada; la novela que nace a partir de las notas al pie que va escribiendo el escritor ficticio Franco De Robertis y los fragmentos de guiones cinematográficos que escribió el también ficticio escritor Vidal Morozov. Alejandro Dolina habla aquí de su última creación y, además, sobre la verosimilitud, la influencia de Borges, la música, la radio, la noche y el lugar de los intelectuales en la sociedad. Por Flavio Mogetta para LA GACETA.

12 Dic 2021
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“Cuando se producía una contradicción entre el libreto y la vida real, Morozov y Martok preferían corregir la vida”, escribe Franco De Robertis en la nota al pie número 48 del libro de cuentos del fallecido y Vidal Morozov, ambos personajes de Notas al pie, la última novela de Alejandro Dolina. En el texto como en la vida misma se pone en juego la verosimilitud de la realidad, por lo que el músico y escritor no duda en afirmar que a veces “no es lo que uno desea y no es lo que uno siente posible. A veces la realidad es tan extraña, que uno no la cree, y necesita de trozos de ficción para hacerla verosímil”. La ficción interviniendo la realidad y no la realidad interviniendo la ficción. Y al fin y al cabo de eso, de “intervenir”, parece tratarse todo porque la novela que se abre ante nosotros es posible porque De Robertis decide intervenir aquel otro libro de cuentos.

- En la novela, las notas al pie funcionan como un género mismo y son las que posibilitan que accedamos a la historia del asesinado Morozov. No tardan en independizarse de los cuentos, de alguna manera como sucede con las notas al pie de muchos textos como por ejemplo de El beso de la mujer araña de Manuel Puig.

-En realidad había una historia previa, pero lo que a mí me parece más interesante del libro es ese recurso, el del libro intervenido. Los libros intervenidos son un género en sí. Desde un momento de la historia que se descubrió esta manera, hubo muchos que escribieron libros intervenidos, con muchas notas al pie, incluso con notas a veces escritas por el mismo autor del libro y otras veces por otras personas. Hay un montón de “Shakespeares” anotados, “Dantes” anotados, las “Biblias”… Anotados por eruditos. En este caso el título de la novela dice: “Notas al pie”, y un subtítulo: “Cuentos póstumos de Vidal Morozov” (que es un autor ficticio) con notas de Franco de Robertis (que también es un autor ficticio). Ahora, cuando uno empieza a leer es efectivamente un libro de cuentos. Aparece un cuento, cada tanto una nota con datos aclaratorios, detalles más bien eruditos, pero resulta que las notas se van haciendo cada vez más frecuentes y cada vez menos pertinentes a los cuentos… Porque el tipo, el anotador comienza a contar su propia historia con Morozov, con el autor del libro. Y ahí nace otro asunto y las notas se hacen más frecuentes, a punto tal que en cierto momento abandonan el pie del libro para ir directamente a la cabeza, una especie de golpe de estado de las notas al pie.

-Y es el momento en que esas notas empiezan a mostrarnos otras cosas…

-Es un recurso que puede parecer gracioso pero sirve también como elemento para hacer una descripción del personaje a partir de cómo escribe el tipo y de cómo interviene el tipo en la escritura del otro, y ahí se puede encontrar muy bien cuál era la relación entre el escritor Morozov, su discípulo y aparte, en las notas al pie empiezan los personajes secundarios, las pasiones, los crímenes, todas esas cosas que pasan en las novelas. Y acá uno se da cuenta que uno escribió al mismo tiempo un libro de cuentos con una novela.

-Comienzan como la mayoría de las notas al pie teniendo dos, tres o cuatro renglones y terminan una extensión mayor que la de los propios cuentos.

-Claro, y hay muchas notas al pie que no tienen referencia. Está la nota pero no se refiere a nada del libro de cuentos. Empieza a contar cosas de él o de otro, y ahí es donde se genera la novela, que tiene un estilo distinto. Los cuentos están escritos con cuidado, con precisión retórica y las notas son más bien espontáneas.

-Notas al pie si se quiere no es un libro sino tres libros en uno, porque a los cuentos y la novela podemos sumarle el género dramático con esos fragmentos de guiones cinematográficos.

-Claro, porque están haciendo una película también, que nunca se terminó. Una especie de documental pero hay pedacitos, que están en el libro, y esos pedacitos son escenas de la película. Entonces tenés por un lado los cuentos, por otro lado las notas que constituyen una historia y por el otro fragmentos de una película que se iba a hacer con textos de justamente el escritor, que además al comenzar el libro ya está muerto.

-Y pensando en ese documental, es también muy particular por la locura misma del realizador que quería interrumpir el rodaje y continuarlo varios años después…

-El tipo tenía la idea de un documental con niños, que contaban sus sueños. Eran niños que querían ser artistas y estudiaban en un colegio muy especial, donde se le daba mucha importancia al arte. Casi todos querían ser actores. Entonces el documental que filmaba el tipo se interrumpía en determinado momento y vuelve 17 años después porque quería terminarlo con los chicos tal cual estaban en ese momento. Para terminar de filmar el documental esperó que los chicos crecieran. Pero no le salió bien porque descubrió que algunos de los chicos no se parecían en nada a lo que habían sido cuando niños. Ya mayores no se parecían a sí mismos, entonces cambió algunos, porque la realidad no resultaba verosímil.

-La realidad parece no tener límites y volverse inverosímil. A veces uno cuenta algo que realmente sucedió y no le creen…

-Sí y entonces para manejarse tiene que trabajar verosimilitudes más que verdades. Esto pasa creo que demasiado. Fijate que hay incluso mediciones para ver qué periodista es más creíble, no más veraz… más creíble. Tiene que estar muy enferma la sociedad para que se mida la credibilidad y no la veracidad. Yo creo que una forma razonable de medir la veracidad es ver de qué manera tus dichos coinciden con los hechos que suceden. Es difícil de medirlo, pero es más razonable que medir la capacidad que tenés vos de que otro te crea, porque esa capacidad puede incluir la mentira.

-¿Cuál creés que tiene que ser el lugar que tiene que ocupar el intelectual en la sociedad actual si es que tiene que ocupar un lugar?

-Exacto, la pregunta es si tiene que haber un lugar. En cualquier sociedad el intelectual se dedica a trabajos relacionados con el pensamiento. Después si la sociedad está perturbada de alguna manera y se piensa que el intelectual puede apoyar cambios políticos o suscitarlos, despertarlos o adormecerlos, esa es otra cosa. En una sociedad sana el intelectual se dedica a pensar y ofrece los productos de su pensamiento, de su intelecto. Trabaja con la inteligencia. Cuando la sociedad está un poco enferma, algunos intelectuales piensan en trabajar para alguna facción. Eso es lo que está ocurriendo en Argentina, los intelectuales trabajan de tomar partido.

-Yendo a los cuentos, uno al recorrerlos va notando que de alguna manera son cuentos con reminiscencias borgeanas…

-Sí, todos estamos muy influidos por Borges, y estos son cuentos de ese estilo. Pero yo no aspiro ni a imitarlo ni a parecerme ni a nada. Solamente que mi propia alma de escritor está contaminada por las lecturas y la influencia constante de Borges. No las estamos ocultando ni nada. Ojalá pudiera replicarla… Pero ya que uno va a ser influido es mejor elegir influyentes buenos. Para varias generaciones de escritores argentinos Borges es una estación ineludible, en algún momento vamos a trabajar con procedimientos borgeanos.

-Hay tres elementos que combinás a la perfección: la música, la radio y la noche. ¿Cuáles creés que son los motivos de este enamoramiento que no parece acabarse nunca?

-Justamente son parte de las pocas buenas noticias que suele tener el universo. Estoy muy entusiasmado con lo artístico… con el arte, podríamos hablar de una vocación artística y la radio fue hospitalaria con esa vocación. Gracias a la radio pude después escribir libros, conseguir que alguna gente los leyera, etc. No es que la radio me de temas para mi modestísima literatura porque nada cuesta observar que los programas de radio son bien distintos, tan distintos que parecen hechos por otra persona. Pero sí es cierto que la radio me ayudó a que mucha gente se acercara a los libros. Y el tercer elemento es la noche… la solución a un insomnio fatal y tremendo, que después resultó productivo. Pero también la ocupación de un espacio en donde todo lo que uno cuenta tiene otro tamaño. Los sueños tienen otra dimensión y algunas cosas que son imposibles a las once de la mañana son posibles a la madrugada.

-La noche aportando verosimilitud…

-Un poco sí, porque cuántas veces nosotros programamos para el futuro cosas que el sol viene a disolver. Alguna noche decimos “mañana voy a ver a fulana, voy a decirle que la quiero o al revés, mañana mismo voy a ver a fulana para decirle que no quiero verla más”. Esos fantasmas a la noche son totalmente verosímiles, uno se los cree. Y al otro día sale el sol, aparece nuestro espíritu pequeñoburgués y todas las gestas libertarias que íbamos a emprender las dejamos para otro día, para otra vida.

© LA GACETA

PERFIL

Alejandro Dolina es escritor, músico y cantante. Autor de los libros Crónicas del Ángel Gris (1988), El libro del Fantasma (1999) y Bar del Infierno (2006). También de Radiocine (2002), una recopilación de historias musicales escritas para la radio. En 2010 publicó su primera novela, Cartas marcadas. Escribió la música y los textos de las comedias musicales Teatro de medianoche y El barrio del Ángel Gris. En 1998 grabó su opereta Lo que me costó el amor de Laura, que fue llevada al teatro (premio Argentores a la mejor obra del año). Es creador y conductor del clásico programa radial La venganza será terrible. Junto con sus hijos Martín y Alejandro escribió la miniserie Recordando el show de Alejandro Molina, estrenada en 2011 con dirección de Juan José Campanella.

Prólogo / de Franco De Robertis*

Me he impuesto la tarea de suponer que la decisión de los editores de encargarme las notas de este libro no ha sido casual.

Mi relación con Vidal Morozov tiene la edad de mi memoria. He sido su alumno, su colaborador, y su subordinado intelectual hasta el día de su reciente y trágica muerte. He actuado en muchas de sus exitosas obras teatrales. Hemos pertenecido de igual modo al cuerpo docente de la misma casa de estudios. He podido conocer algunos secretos de su intimidad y de sus procedimientos artísticos. Tal vez revele ahora algunos de estos últimos. También servirán estas líneas para establecer la inexistencia de algunos episodios que se le atribuyen sin ningún fundamento.

Los cuentos que hoy se publican pertenecen a diferentes momentos de la vida de Morozov. La mayoría fueron escritos por él hace poco, con la idea de su inmediata publicación. Pero también integran esta colección otros relatos que han sido olvidados, extraviados y excluidos de otros proyectos editoriales.

Los críticos lo han sostenido muchas veces y el propio escritor no tuvo reparos en admitirlo: Morozov tenía dificultades para escribir y solo podía construir fragmentos. Alrededor de esa imposibilidad fue desarrollando una ética y una estética de la sinécdoque y por cierto que los resultados fueron muy superiores a los que cabría esperar de sus obras terminadas.

Tentado por la interpretación psicológica, quienes lo trataron recuerdan una y otra vez que Morozov no podía soportar mucho tiempo en un mismo lugar y era su costumbre huir de todas partes pocos minutos después de haber llegado.

Yo puedo agregar una de sus frases que nos acerca más a la idea del precepto artístico que de la claustrofobia: El enemigo es el hastío. Y el artista debe saberlo mejor que nadie.

* Notas al pie (Planeta, 2021).

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