Acarreo, trueques por mercadería, dinero y códigos QR

Acarreo, trueques por mercadería, dinero y códigos QR

La llegada de vehículos con votantes fue incesante desde la primera hora y hasta pasado el mediodía, en la capital.

MOVIMIENTO. Vehículos identificados con carteles y letras en los parabrisas y en las lunetas. MOVIMIENTO. Vehículos identificados con carteles y letras en los parabrisas y en las lunetas. FOTO LA GACETA / ANALIA JARAMILLO

La periferia de la Capital es la zona en la que los punteros de los partidos políticos se hacen fuertes. Y eso se vio hoy durante gran parte de la votación. Mientras que en el microcentro casi no se vio clientelismo, afuera de las cuatro avenidas todo era descontrol. O más bien, todo estaba controlado por los políticos fuertes de la provincia, esos que esconden sus nombres en enigmáticas letras pintadas en los carteles colocados en autos, camionetas, camiones y hasta en motos en los que los votantes eran llevados a cada una de las escuelas. Nadie puede negar que hubo reparto de dinero para quienes pusieron su vehículo. Pero no sólo para ellos. En estricto anonimato, o en medio de quejas, hubo quienes reconocieron la promesa de 1.000 pesos a cambio de mostrar el troquel que indicaba que se había sufragado.

La zona sur de la capital fue un festival de clientelismo. La llegada de vehículos con votantes fue incesante desde la primera hora y hasta pasado el mediodía. Pero la imagen se repitió en toda la capital.

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Rosario Vega, con 87 años, bajó trabajosamente de un Fiat Duna color bordó que compartía con otras cuatro personas. “Siempre vine a votar, pero ahora me dijeron que me iban a dar $ 1.000. No es mucho, pero es algo”, dijo sin problemas. “Tengo que llevar al troquel al local del partido que esta cerca de mi casa”, informó la mujer del barrio Ejército Argentino.

Los autos estaban identificados con las letras “CC”, “CR”, “AA”, “XX”, “LP”, “Morete”, “AD” y algunos tenían listones rojos para ser identificados. José Luis pidió que no se publique el apellido pero aseguró que le habían prometido $ 5.000 por el acarreo. “Ya había trabajado en las PASO y ahora me volvieron a llamar. Hago changas y esto me viene bien”, reconoció frente a la escuela Nuestra Señora de Nueva Pompeya, en San Cayetano.

Lucas Miranda fue delegado de la Junta Electoral en la facultad de Ciencias Exactas en la Quinta Agronómica. Aseguró que allí se puede sufragar desde hace cinco elecciones. “El único problema que tuvimos es que si bien se puede bajar la urna desde el segundo piso para las personas con problema de motricidad, no la podemos sacar del edificio. Y una mujer que no podía entrar nos rogaba que le llevemos la urna para poder cobrar los $ 1.000. Le dije que fuera y dijera que no había podido votar. Espero que le paguen igual”, relató.

La actividad en las sedes partidarias también fue notoria. Allí, dijeron los vecinos, eran donde se canjeaban los troqueles de los que habían votado. En algunos casos, dependiendo del barrio, se entregaba el dinero. En otros, un vale para un almacén de la zona. Pero en las sedes aseguraron que el único servicio que prestaban era el de informar, mediante el padrón, cuál era la escuela y la mesa en la que debían. Todos tenían el cartel que decía “consultá tu padrón” pero el movimiento durante toda la mañana, con filas de gente esperando en el exterior, fue constante. Y las sedes eran tanto del Frente de Todos como de Juntos por el Cambio. Es más, en Villa 9 de Julio había sedes separadas por pocos metros. Roberto votó en la cancha de Sportivo Guzman y aseguró que al día siguiente iría con troquel y foto del voto para poder recibir la guita. Y como él, varios más.

Pasado el mediodía, Rogelio Rodríguez del Busto, secretario electoral nacional en Tucumán, aseguró que no había denuncias excepto una “por obligar o inducir con engaños al votante” presentada por Juntos por el Cambio, pero que después era una jornada demasiado tranquila. Y se mostró sorprendido por el escaso nivel de participación. A las 14 no había votado ni el 30% del padrón.

Para el final, una curiosidad. Los autos que estaban identificados con las iniciales “CC” tenían adosado un código QR. No con poco esfuerzo (Muchos se negaban a permitir que se los escaneara, otros no sabían ni que lo tenían) se logró ingresar a uno de ellos. El código llevaba a una página que decía Frente de Todos - Vehículo verificado. Si, la tecnología también llegó al clientelismo.

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