En un bosque de la China - LA GACETA Tucumán

En un bosque de la China

Una historia atravesada por la mística del Lejano Oriente.

28 Feb 2021
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NOVELA

René Leys

Víctor Segalen

Tusquets - Buenos Aires

Nacido en Francia en 1878, Victor Segalen llegó con 30 años a China como médico naval, impulsado por la sensación de que Europa ya no tenía nada nuevo que ofrecerle y de que Pekín le parecía “una obra maestra de la realización misteriosa”. En esos años de tránsito conoció a Leys, apelativo ficticio de un personaje real.

Retornó a Francia para combatir por su país en la Primera Guerra Mundial, desencantado por el derrocamiento del Imperio chino a manos de la República, y murió de manera enigmática, en 1919, tras desangrarse en medio de un bosque de Bretaña por el que había salido a caminar.

Todos sus libros son, según quienes los han leído, de género indefinible, anfibio, y se publicaron de manera póstuma tras la insistencia de sus amigos a la viuda. Uno de ellos es, justamente, René Leys. ¿Quién era, entonces, René Leys, o mejor, Edmund Backhouse?

Un joven inglés, capaz de hablar varias de lenguas y que había adoptado la cultura china como propia, el único extranjero con acceso a la corte imperial en la Ciudad Prohibida, reducto que se erigía en medio de Pekín, clausurada al resto del mundo por un alto muro.

Segalen logró que Backhouse le diese lecciones particulares y cediera a ciertas confidencias de lo que sucedía puertas adentro, y comenzó a llevar un diario a partir de esas conversaciones, aunque siempre ensombrecido por una imposibilidad: “la magia encerrada en esos muros... que ya nunca traspondré”.

“Ya no sabré nada más. No insisto. Me retiro”. Así comienza René Leys, construido a la manera de diario, con entradas que van de febrero a noviembre de 1911 pero escrito entre 1913 y 1914. Esta reciente edición, traducida por Marcelo Cohen, forma parte de la Colección Rara Avis, a cargo de Juan Forn, autor del prólogo. Abre Forn: “Hay una maldición china que dice ‘Ojalá te toquen vivir tiempos interesantes’”. A qué negarse a tal máxima, si en verdad cada uno de ellos lo ha sido a su manera; depende, claro, de los ojos que los miren y la voz que los narren. Fíjense, si no, los que nos tocan vivir ahora.

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