¿Es positivo que un niño realice entrenamientos de fuerza? - LA GACETA Tucumán

¿Es positivo que un niño realice entrenamientos de fuerza?

Los expertos opinan sobre el viejo mito de que los más chicos no deberían ir al gimnasio y explican por qué sí es conveniente que lo hagan. A qué edad comenzar y cómo hacer los ejercicios es clave.

28 Oct 2020
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ACONSEJABLE. A los chicos, a partir de los ocho años, más o menos, les hace bien ir a hacer gimnasia.

“Para ser mujer siempre fui alta y rellenita, entonces me decían que haga voley, básquet, hockey, patinaje, natación, que haga esto y que haga lo otro, y aunque probé con muchos deportes, no me gustaba. Así que un día empecé baile y dos semanas después le pedí a mi padrastro que le diga a su entrenadora que yo quería ir al gimnasio”, cuenta Giuliana Cali sobre cómo empezó el gimnasio con sólo 12 años.

Que los niños no deben hacer ejercicios de fuerza, y menos ir a un gimnasio para hacerlos, es un viejo mito que aún sigue vigente en nuestra sociedad. Sin embargo, esta creencia debería ser erradicada. Más bien, el problema a plantear, según los especialistas, no es el tema de si los niños deben o no ir al gimnasio, sino cómo deben hacerlo.

“Empecé desde cero, no sabía absolutamente nada. Con el tiempo me fui soltando y aprendiendo, en parte significó un comienzo para mí ya que por fin había encontrado algo que me gustaba y disfrutaba hacer. Fue como quitarme un peso de encima de pensar que no era buena para nada”, continúa Giuliana, que nunca dejó de ir al gimnasio desde que comenzó hace seis años.

Según Manuel Parajón, médico especialista en Medicina del Deporte, ya no está en discusión si los niños deben o no hacer ejercicios de fuerza.

“Pueden hacerlo bajo la dirección de profesores especializados en trabajos de fuerza para niños. También lo pueden hacer niños que practiquen cualquier deporte, e incluso los que no hacen deporte”.

En cuanto al cómo, el especialista explica que cuando un niño hace ejercicios de fuerza se pone énfasis en el desarrollo de la técnica con determinadas cargas que sean adecuadas para ese niño. “Además, esto les permite mejorar otras capacidades como la resistencia, la coordinación y las habilidades deportivas”.

A su vez, uno podría preguntarse si un entrenamiento de fuerza dentro de un gimnasio podría ayudar a un niño en cuestiones que van más allá de lo físico. Desde su experiencia personal, Giuliana no duda y admite: “me ayudó muchísimo porque siempre fui una persona que se estresa muy fácil por cosas del colegio y el gimnasio me ayudaba a distraerme de responsabilidades. También me ayudó a desarrollar hábitos saludables e interesarme en eso”.

Incluso, Giuliana cuenta que conoció a su novio y muchos amigos dentro del gimnasio, y hasta la ayudó a decidir que va a seguir la carrera de nutrición el año que viene, cuando comience sus estudios universitarios.

Otro de los puntos por los que es positivo que un niño vaya al gimnasio tiene que ver con que los beneficios no se limitan a aumentar la fuerza y mejorar la técnica del chico, sino que afecta a distintos aspectos físicos. “Se ha visto que hay cierta relación entre los niveles de aptitud física de fuerza y otras áreas, como la cardiovascular, la futura salud ósea, y el metabolismo que tendrá esa persona en el futuro”, asegura Parajón. Esto resulta fundamental -añade- en aquellos niños que viven en zonas altamente urbanizadas y no practican deporte.

Cuándo empezar

En cuanto a la edad a la que debe comenzar un niño, no hay una verdad absoluta. Según Parajón, teniendo en cuenta las escuelas de desarrollo deportivo en halterofilia (levantamiento de pesas), los niños podrían empezar el gimnasio entre los ocho y 10 años. “Se está estudiando que cuando se comienza el entrenamiento de las técnicas de fuerza en los niños antes de la pubertad, el desarrollo futuro es mayor que el que lograrían si comenzaran a entrenar después del pico de crecimiento”, señala.

Por eso, para él, cuanto antes comiencen los niños es mejor para ellos, y pone como edad óptima de inicio los ocho años.

Para Julián Amduni, profesor de educación física, la edad no es lo que uno debe ver a la hora de pensar si mandar a su hijo o no al gimnasio. Más bien se trata de prestar atención al estado psicosocial del niño, y ver si está capacitado para seguir instrucciones del profesor y adherirse a las reglas de seguridad. “Todo va a depender de cada niño. Es un error pensar en una edad puntual en la que se debe comenzar, lo correcto es ver si el niño está capacitado para hacerlo”.

Uno de los grandes mitos que existen dentro de la sociedad, es que si uno comienza el gimnasio a una edad muy temprana se acortará su crecimiento futuro. Amduni quiere desterrar esta idea y para eso no sólo se fundamenta en lo que dicen los estudios académicos, sino también en su propia experiencia, ya que comenzó el gimnasio a los 10 años y con el paso del tiempo, lejos de dejar de crecer o hacerlo a un ritmo menor, se convirtió en el más alto de su familia y hoy mide 1,80 metro.

Cómo ejercitar

Una vez que el niño comience a asistir a un gimnasio, es importante saber cómo debería ejercitarse y, a la vez, recibir la ayuda de un profesional idóneo. “Por supuesto que se va a empezar con ejercicios básicos para que aprenda a manejar su cuerpo y realizar las técnicas correctas de cada ejercicio. Lo ideal es apuntar a un entrenamiento de la fuerza desde temprana edad, aunque todo va a depender de los gustos y preferencias de cada niño”, señala Amduni.

En cuanto los ejercicios básicos, Parajón dice que son muy variados y van desde actividades libres hasta otras con elementos como barras, mancuernas, pelota, medicine ball (pelota con peso), entre otros. Mientras que los ejercicios sin elementos pueden ser saltos, carreras, y más. “Se busca un aprendizaje motor de una amplia variedad de movimientos, por lo que hay un menú muy amplio de ejercicios que pueden hacer”.

Por último, la Sociedad Argentina de Pediatría también se expidió sobre el tema, a través de un estudio publicado en 2018, y establece algunos beneficios y riesgos que tiene el entrenamiento de fuerza en los más chicos. Al respecto, marcaron como beneficios que esta actividad mejora la composición corporal, la función cardiovascular, la percepción de la imagen corporal (y la confianza en sí mismo), el desempeño académico, y genera bienestar psicosocial y una mayor adherencia a la actividad física por el resto de sus vidas.

Mientras, algunos riesgos de esta actividad pueden ser: ausencia de supervisión calificada, entorno inseguro (elementos de ejercitación no monitoreados), no respetar intervalos de descanso y dosificación de la intensidad y las cargas. (Producción periodística: Homero Terán Nougués)

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