Economía

La cuarentena se extiende y la ansiedad de los comerciantes se agiganta

La cuarentena se extiende y la ansiedad de los comerciantes se agiganta

Adaptarse y cambiar el enfoque parece ser el "secreto" de los emprendedores para atravesar el aislamiento.

02 Jun 2020 Por Camila Carceller

Historias de trabajadores que hace semanas se las rebuscan para tratar de sobrevivir económicamente a esta pandemia hay muchos. Algunos estuvieron exceptuados desde el primer día; otros pudieron hacer sus trabajos desde casa; otros –después de tanto pedir- lograron volver a sus comercios, y otro grupo, lamentablemente, tuvo que cerrar. Con las flexibilizaciones, de a poco, la actividad comercial se vuelve a reactivar pero los primeros dos meses fueron especialmente complicados para los comerciantes de la provincia.

“Si bien siempre pude trabajar, porque estábamos exceptuados, esto difiere absolutamente de lo cotidiano. Todo se resiente”, dijo Aída Savransky, dueña de un comercio de alimentos sin gluten ubicado en el microcentro.

Savransky dedicó toda su vida a trabajar en Salud y, en 2007, decidió aplicar todos sus conocimientos a la gastronomía para satisfacer a un público un tanto olvidado, como las personas celíacas o con intolerancia al gluten. Para ello creó una fábrica de panificados, menúes y pastelería que mermó su producción con el comienzo del aislamiento: “tengo 10 empleados y obligaciones que, hasta aquí, con esfuerzo, buen criterio y responsabilidad logré afrontar. No sabemos a dónde llegaremos, no sabemos si se terminará ni cómo nos dejará pero mi idea es esperanzadora”.

“El consumo tal como lo conocíamos, va a dejar de existir”, dice Marcela Larguia, dueña de “De Etiqueta Gourmet”, una tienda de productos nacionales seleccionados que funciona de manera virtual. La, también, contadora recordó que si bien las cosas ya se acomodaron un poco, los primeros días de cuarentena fueron difíciles: “no sabíamos qué se podía hacer y qué no. Los clientes nos llamaban y nos preguntan si podían hacer un pedido, pero con los días empezó a disminuir nuestro stock y tuvimos que hacer pedidos a proveedores, en esta época, demoran más”.

Larguia es positiva y está convencida de que quienes logren sacar algo positivo de esta crisis, van a poder salir adelante.  

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LA GACETA/ OSVALDO RIPOLL

Antes de que comience la cuarentena y como resultado de meses de trabajo desde casa, Rodrigo Solórzano se había animado a abrir su propio negocio a la calle. Después de semanas de aislamiento, el local se volvió insostenible para él y decidió volver a vender desde casa: “nos separamos con mi socio para poder seguir trabajando cada uno desde su lugar. Paré dos semanas únicamente pero por la necesidad de generar ingresos, volví a trabajar, obviamente tomando los recaudos correspondientes”.

El dueño de “Sed de Gloria”, decidió enfocarse en los canales de venta online para mover sus productos y actualmente se maneja por redes sociales y ventas telefónicas: “es una situación difícil para todos, pero si uno busca la manera, se puede salir adelante, como sea”.

“La cuarentena me afectó como a la mayoría. Por suerte, muchos clientes están trabajando y haciendo parciales a medida que pueden, pero la verdad es que se trabaja un 30% de lo normal”, contó Marcos Miranda, vendedor de artículos para la casa y materiales eléctricos, que comenzó a trabajar en el rubro hace algunos años por la necesidad de ayudar a su familia que no estaba atravesando un buen momento económico.

“Será aguantar, como hasta ahora, y adaptarnos”, agregó.

Arriesgarse a dejar la ‘relación de dependencia’ y emprender

Antonella Marchionni es arquitecta y hace tres años que decidió dejar su trabajo en un estudio para comenzar su propio emprendimiento vendiendo ropa usada. Así nació Vechia Vintage, primero como un puesto de feria y después como como un showroom. El negocio estuvo un mes parado por el aislamiento hasta que decidió reactivarse: “comencé a centrarme en la venta online, viendo que esto venía para largo. Ahora tengo todas las fichas puestas ahí”, dijo la comerciante.

Durante muchos años, Pablo García trabajó en relación de dependencia, pero usó ese tiempo de ahorro para poner su propio emprendimiento que ya lleva tres años. “Lo empecé con la idea de crecer tanto en lo personal como en lo económico. A principios de 2017 renuncié a mi trabajo y arranqué esta aventura”, comentó el dueño de una golosinería mayorista en Las Talitas.

Actualmente, en el comercio trabajan dos personas –además de su dueño-. Al ser venta de alimentos, el funcionamiento no paró, pero los procedimientos si cambiaron para adaptarse a los nuevos tiempos.

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