En los mayores, la experiencia juega a favor en el aislamiento

Las personas mayores saben que tienen que cuidarse. Las comunicaciones por WhatsApp son esenciales para ellos.

06 Abr 2020 Por Álvaro Medina
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MOMENTOS COTIDIANOS. La tecnología acompaña a los adultos mayores. A la derecha Miriam muestra las tortillas que cocinó.

De pronto el covid-19 llegó a Argentina y ellos forman parte de la principal población de riesgo. Son los mayores de 60 años y sus vidas cambiaron por completo durante estos días, como las de todos. “Soy consciente del peligro -afirma Miriam Juárez, de 68 años-, pero no tengo temor. El temor te paraliza. Si hacemos las cosas bien, vamos a salir rápido, pero vos viste que siempre están los pelotudos que no entienden y siguen saliendo a la calle. Si no les importa por ellos, deberían pensar en sus padres”, afirma con energía.

Elsa Cuevas tiene 84 años. Hace un mes, paseaba por las calles de la capital tucumana y charlaba con su hermana sobre ese virus desconocido que amenazaba al mundo. Hoy, mientras cumple la cuarentena obligatoria, recuerda el brote de poliomielitis de 1956. “En ese momento se sufrió bastante”, cuenta. “Era una enfermedad desconocida y no había vacuna, entonces nuestros padres intentaban protegernos con ‘remedios’ caseros”.

A su memoria acuden habitaciones empañadas por el vaho de agua de eucaliptos, collares de bolsitas de alcanfor, paredes pintadas con cal. La esperanza en el milagro operaba donde la medicina no tenía respuestas. Luego llegaría la vacuna y con ella la erradicación definitiva de la enfermedad en la década de los 80.

Desde hace meses, Yolanda Sánchez cuida a su marido, que se recupera de un infarto cerebral. Ella tiene 74 años y confiesa que extraña a su familia, pero lo que más le preocupa es que algunos estudios médicos que debe realizarse su esposo fueran suspendidos por las medidas de aislamiento.

Ángela Fernández, gerontóloga y psiquiatra, jefa del departamento de gerontología del hospital Juan M. Obarrio, observa que es momento de cuidar a nuestros mayores, pero desde una mirada sin prejuicios: “cuidarlos respetando sus libertades, reconociendo todo lo que han logrado y sin transmitirles miedo, sin desconfiar de sus capacidades”.

Ricardo Salazar (71) empezó a preocuparse 15 días antes del aislamiento voluntario. Tomaba café en un soleado bar de avenida Mate de Luna y tuvo una videollamada con un amigo italiano que le contó del avance de la pandemia.

Desde ese día decidió aprovisionarse de a poco para un encierro prolongado. “Compré un bidón de cinco litros de alcohol en gel y comencé a juntar provisiones”, cuenta. Y enumera enlatados, conservas, fideos, arroz, lentejas y carne, entre otros productos que fue acumulando mucho antes de que el gobierno tome las primeras medidas preventivas.

Toma de conciencia rápida

La gerontóloga Fernández explica que en los adultos mayores hay una toma de consciencia más rápida: “la experiencia les permite dimensionar mejor los riesgos y adhieren mejor a las medidas de bioseguridad. Además, acatar estas normas les produce mucho menos ansiedad que en otras edades”.

Miriam volvió de sus vacaciones en Brasil durante los primeros días de marzo, cuando en ese país ya se había registrado el primer contagio del virus. Inició una cuarentena preventiva por voluntad propia, sin necesitar instrucciones de nadie.

Mantuvo el contacto son su familia y amigos a través de WhatsApp y videollamadas desde el celular. Incluso, aprovechó la tecnología para reencontrarse con amigas de la secundaria diseminadas alrededor del país, con quienes no hablaba hacía tiempo.

MOMENTOS COTIDIANOS. La tecnología acompaña a los adultos mayores.

“Muchas veces se cree que los adultos mayores no usan tecnología ni redes sociales y eso es un prejuicio”, dice Diego Aguilar, psicogerontólogo y director ejecutivo de la fundación León. “Nosotros notamos que la mayoría sí usa WhatsApp y la usa mucho”.

Otros entrevistados confirman que el aislamiento aumentó la comunicación con algunos familiares y amigos. Aunque no es igual para todos. “Los que no tienen familia ni tienen contacto con personas más jóvenes, o algunos residentes de geriátricos, sufrirán más el aislamiento. Hay que tenerlos en cuenta”, advierte Aguilar. Remarca que no hay que pensar la vejez con un concepto de patología y que debemos ser capaces de diferenciarla de circunstancias particulares de cada individuo.

La cuarentena

Hoy nos toca a todos resolver nuestra humanidad en un espacio reducido, forzados a un contacto social limitado. Y el problema del tiempo se ha invertido: hoy sobra donde antes faltaba. A eso se le suma la ausencia del contacto físico y la nostalgia de abrazos. Esto último adquiere otras dimensiones en el contexto de cuarentena que viven los mayores.

“En la adultez tenemos mejor capacidad o serenidad en relación con la muerte”, dice Adrián Chirre, psicólogo, docente e investigador de la UNT. “Pero hablamos de una muerte esperable y no en un contexto de pandemia y cuarentena, eso puede llegar a generar malestar”.

Ricardo asegura que no pierde la calma: “me enfoco en la preservación y no en el aislamiento, el punto de vista cambia todo”, dice confiado en que esta maniobra le permita resistir este tiempo en cuarentena.

La fortaleza para sobrellevar situaciones difíciles también puede nacer de la repetición de actos que consideremos positivos. Esto es lo que pregona Miriam, que ha encontrado un valor simbólico en no dejarse sucumbir a la tentación de pasarse todo el día en pijamas. “Yo estoy impecable aunque no salga de casa. Hoy, por ejemplo, estoy estrenando un vestido”, cuenta y revela su receta personal para construir armonía en el aislamiento: “bailar, hacer ejercicio y reír”, concluye.

Miriam muestra las tortillas que cocinó.

El mundo entero aspira vencer al coronavirus. Ellos también. Elba quiere volver a saludar a sus vecinos en la iglesia, Miriam retomar la intensa vida social con sus amigas, Yolanda recuperar la tranquilidad que necesita para acompañar la rehabilitación de su marido, Ricardo visitar su nieto recién nacido al que casi no pudo ver. Todos anhelan la familia y el ritual de los domingos. “Lo único que heredé de mis padres fueron la diabetes y la hipertensión”, bromea Ricardo. “Así que hay que tener paciencia. Ahora es tiempo de cuidar la máquina”.

El riesgo

Hay que aclarar que personas mayores tienen las mismas posibilidades de contagio que las de otras edades. Sin embargo, es probable que el virus les genere un cuadro de mayor gravedad, aunque su salud general sea buena. Este riesgo deriva de un debilitamiento lógico del cuerpo debido a la edad, como se preveé dentro de los parámetros esperables.

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