Cartas de lectores

03 Abr 2020

Homenaje a Páez de la Torre (h)

Sentí como muchos, una gran tristeza cuando supe que Carlos Páez de la Torre (h) nos dejó. Extrañaremos su presencia en las calles y bares de nuestra ciudad y Tafí del Valle, mostrando una personalidad única de nuestros tiempos. Se fue físicamente quien nos relataba las historias menos conocidas y mejor contadas sobre innumerables hechos y personajes de nuestra querida provincia. Tuvimos  la suerte de convocarlo y el nos aceptó inmediata y gustosamente el nuevo desafío de que escribiera en el libro “Bicentenario-Tucumán”, sobre los últimos 100 años de nuestra historia. Desde la FET queríamos que se plasmara lo mejor de lo que Tucumán diera en ese largo siglo de 1916 a 2016, para sentirnos orgullosos de lo que nuestros antepasados hicieron en esta tierra. Él escribió, como tantas otras veces, 30 páginas ilustradas, una síntesis clara concisa y profunda sobre nuestra historia reciente. El mejor homenaje que podemos hacerle los tucumanos de hoy a este gran hombre y escritor, en estos tiempos inéditos de pandemia y recogimiento, es reflejar en nuestras vidas un cambio hacia la solidaridad, el respeto mutuo, la honestidad y el trabajo por el bien común, así algún día otro historiador pueda seguir su legado imborrable, y pueda escribir que los tucumanos supimos dar vuelta el curso de nuestra historia para bien de todos nosotros y nuestra provincia.

Federico Lanati

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La puerta

Esta es mi puerta; la de casa; la de mi hogar. Es del siglo pasado y la recuperamos del olvido y de viejas capas de barniz y pintura, lo que no significa que hayamos podido quitarle sus memorias y recuerdos, sobre los muchos que por ella entraron o salieron. Quizás le tocó ser testigo de las calurosas siestas de una gigante Tucumán, siempre rebelde y siempre castigada por su rebeldía, desde las mismas luchas independentistas; pasando por el injusto reparto de sus tierras y de la riqueza; por el cierre masivo de sus ingenios azucareros y el de los talleres ferroviarios de Tafí Viejo;  por el Tucumanazo o por el Operativo Independencia, mesa de ensayo de lo que sería la más sangrienta de las dictaduras de la que este pueblo -y esta puerta- tengan memoria. Seguramente, la puerta fue testigo de eso y de mucho más, porque incluso en medio de las tormentas, la vida y las pasiones no se detienen ni mueren, por más moral que los inmorales intenten imponer y por más muerte que los asesinos quieran sembrar. La puerta nos eligió a nosotros y no nosotros a ella, porque era impensable que la buscáramos donde la buscamos. Llegó maltrecha, aunque -milagrosamente- con  sus vidrios originales intactos, ondulados por el tiempo. Las manos de un carpintero la limpió, hasta dejar la madera en su pureza natural; las de Nancy y las mías, se encargaron del nuevo barniz y las de un albañil, de colocarla en su actual lugar. Algo lógico, esto de tantas manos trabajando para devolverle su esplendor a la puerta: después de todo, nadie más que ella sabe del valor que tiene una puerta que se abre, para aquella mano que la golpea, esperando el alivio y la contención. La puerta está nuevamente viva. Por ella, diariamente, nuestros cachorros entran y salen con la inexplicable urgencia con que hacemos las cosas a esa edad, durante las mañanas y las tardes, día tras día, mes a mes. Por ella, entran nuestros más preciados afectos, siempre con el abrazo sincero y el vino que hermana, porque ellos -lo saben bien- son la llave que mejor funciona en esta puerta. La puerta hoy, tan cerrada por un virus que aterra al mundo, sigue observando cómo -un siglo después- casi nada cambió a su alrededor, porque todavía hay seres humanos que buscan ayudar al mismo ser y abren puertas a lo loco (hermosamente loco), pero también siguen habiendo los canallas que solo piensan en salvar al pie que aplasta y acapara, los que deciden qué puerta se abre y cuál se cierra, quién entra y quién queda afuera. Seguirá cerrada la puerta, aunque no por egoísta, sino porque estamos convencidos de que ella no merece volver a quedar sin manos que la abran y sin hijos que la cierren con todo su ímpetu. No merece nuestra puerta quedarse sin la sonrisa de Nancy y sin mis manos que la tocan y lustran de tanto en tanto. No merecen nuestras puertas, quedarse rodeadas de silencio y olvido, porque aún hay mucha historia por escribir y por vivir; muchas batallas por ganar y besos por dar. Ellas lo saben mejor que nosotros, porque aún por la puerta más maciza, la luz logra entrar: por la cerradura; por una rendija; hasta por una imperfección. Escuchemos a nuestras puertas y nos cuidemos. Ya vendrán días nuevos para abrirlas de par en par y para que ellas sigan viéndonos pasar, como la vida que siempre fuimos y siempre seremos.

Javier Ernesto Guardia Bosñak

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Donar los sueldos

Ante el descalabro social y económico al que nos está sometiendo esta pandemia viral han comenzado a surgir alentadores ejemplos de auténtica solidaridad, tal como la renuncia de sueldos de los gobernadores de Jujuy, La Rioja y Salta, además de algunos legisladores e intendentes, para colaborar en la lucha contra el coronavirus, al que hay de vencer. Lamentablemente, estos honrosos ejemplos sirven para descolocar al resto de altos funcionarios, gobernadores, ministros, embajadores, jueces, etc., que jamás soñaron en compartir su sueldo con las necesidades del pueblo. Esta es una oportunidad para que  puedan demostrar que están en sus cargos por las necesidades y el bienestar del pueblo. Donar el sueldo está su alcance. No pueden hacerse los distraídos. La comunidad los observa. Por otro lado, si no lo hicieran, Dios y la Patria los demandarán. Esta es la idea que surge  de los cientos de foristas que se expresan en LA GACETA.

Darío Albornoz

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Epidemias

Cuenta el historiador griego Tucídides que en el año 430 AC Atenas fue devastada por una epidemia, en el segundo año de la Guerra del Peloponeso. Una moderna teoría culpa a la fiebre tifoidea (causada por la bacteria Salmonella tiphy) de causar la muerte de una tercera parte de la población de Atenas. El responsable de la pandemia actual es un virus identificado como 2019nCoV. Provoca síntomas similares a los de la gripe, como fiebre y tos, dificultad respiratoria grave, dolores musculares y sensación generalizada de cansancio. Se sabe que pertenece a la familia de los coronavirus, que incluye al SARS (síndrome respiratorio agudo severo), y al MERS (síndrome respiratorio del Medio Oriente), responsables de dos de las epidemias más graves de los últimos 20 años. Se citan pruebas de que el nuevo virus es menos letal que el que causó el SARS, pero posiblemente sea más contagioso. Y casi no afecta a los niños. Una consecuencia de la globalización es que las epidemias en el siglo XXI se extienden más rápido y más lejos que nunca. Aunque se tiende a incriminar a la fauna salvaje como responsable de las pandemias, es falso creer que esos animales están particularmente infestados de agentes patógenos mortales. Con la deforestación, la urbanización y la industrialización desenfrenadas, ofrecimos a esos microbios los medios de llegar al cuerpo humano y de adaptarse.

René Carlos Roncedo

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A nuestros enfermeros

La vida los quiso al frente del cuidado de nuestra salud y con ellos los sistemas de salud privado y público funcionan  a la perfección. En cada guardia, están con la misma predisposición sin importar el horario, sin fueron a comer, sin apenas sus ojos lograron descansar unos minutos. La tarea de ellos es titánica inclusive ante de la actual crisis sanitarias que nos tiene en vilo a todos. Ustedes que atraviesan días álgidos en los distintos nosocomios y clínicas, y siempre en constante alerta, tienen la paciencia como gran virtud, posee un don único para resolver sin nervio cualquier caso que se presente de urgencia. No tan solo en su lugar de trabajo demuestra el amor por los pacientes, en cada accidente, dicen presente para asistir y poder con su delicado trabajo salvar la mayor cantidad de vidas. Sus corazones son de hierro, antes situaciones y escenas que se le presenta, pero en su espíritu está presente Dios, que le brinda la bondad suficiente para hacer frente y por más fuerte que sean los casos, su temple está presente y apelan a sus conocimientos e indicaciones para curar. Hoy sus manos están prestas para esa presencia poco agradable que llego de lejos, pero su valentía es digna de resaltar. Su atuendo es otro, su trabajo se redoblo, los cuidados se multiplicaron, pero ahí están ustedes vestidos de ángeles protectores. No importa sin son egresados de institutos o de la universidad, su férreo compromiso es el mismo. Viajan varios kilómetros y en distintos medios, su objetivo es llegar, y arriban  con la sensación de ser vital para cada paciente, sus palabras son halo de alivio para muchos. En sus sonrisas esta la tranquilidad de muchos que esperan afuera y saben que su rostro es fuente de verdad. El sueño se les hizo imposible conciliar, pero saben que su cansancio es producto de un amor inagotable con aquellos que más lo necesitan. Saben cuándo comienzan sus guardias, pero solo el tiempo hospitalario, dirá cuándo regresan a sus casas. Saben que la lucha es permanente, pero  ellos no  dejen de curar y cuidar con el corazón. A ustedes enfermeros que son  trabajadores a destajo de la salud, que se les debe brindar mejores ingresos mensuales, les deseo que la virgen siempre los proteja con su manto y permite extender la misericordia a cada sala. Un dinamismo y una pasión única le brindan los enfermeros a cada hospital, más ahora en tiempo de crisis, ellos merecen mi respeto y admiración, a ellos mis agradecimiento por su gran labor en cada guardia, que demuestra que se prepararon para muchos más que un sueldo. Son ellos que dejan atrás sus historias, proyectos, capacitación y sus familias y están con pacientes que tienen este virus y no le presentan miedo, solo piden que los ayudemos y nos quedemos en casa.

Sergio Rodolfo Saprun

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