Cómo es la lucha que llevan adelante cada vez más madres

La conciliación familiar y laboral es el gran desafío. Para crecer profesionalmente hay que dejar atrás la idea de la “mamá perfecta”.

FELIZ POR SUS LOGROS. Natalia Tahuil comparte lo que más puede con sus hijos Adriel y Milena, sin descuidar su profesión de médica pediatra. la gaceta / osvaldo ripoll
FELIZ POR SUS LOGROS. Natalia Tahuil comparte lo que más puede con sus hijos Adriel y Milena, sin descuidar su profesión de médica pediatra. la gaceta / osvaldo ripoll
Lucía Lozano
Por Lucía Lozano 09 Febrero 2020

Renunciar a ser madres por una carrera profesional.

Renunciar a un ascenso para no restarles tiempo a los hijos.

Renunciar a un empleo para cuidar los chicos y ponerse sobre los hombros la casa.

Renunciar a la posibilidad de capacitarse, de viajar y de crecer.

Renunciar a las salidas con amigos, a las cosas que disfrutamos y a la salud y el cuidado del cuerpo.

Renunciar o vivir con culpa. Para algunas no hay mucha más opción. Para otras sí: un grupo cada vez más importante de madres deciden no abandonar sus sueños, sus aspiraciones tanto laborales como espirituales. Y lo hacen pese a que esto les puede generar dificultades en la crianza de los hijos y más de una crítica.

Para Verónica Mansilla, arquitecta e investigadora, no fue fácil tomar la decisión. A los 42 años, con dos hijos de seis y nueve, le llegó la propuesta de su vida. Le ofrecieron un trabajo en un prestigioso estudio especializado en accesibilidad y diseño universal, en Boston (EE.UU.). “Era una gran oportunidad y no quería renunciar a ella. Pero muchas cosas entraban en juego: cambiar la vida de todos, la cultura, el idioma”, cuenta.

Estaba feliz y al mismo tiempo asustada. “Sentía alegría, tristeza, miedo, ira y desagrado. La incertidumbre me carcomía. Sobre todo cuando le estaba proponiendo algo así a mi familia. Fue y sigue siendo un gran desafío”, cuenta.

El apoyo de su marido resultó fundamental, apunta. “Realmente fuimos un equipo”, confiesa. Está convencida de que para que haya conciliación laboral y familiar la lucha no debe ser solo de la mujer.

Los primeros meses en EE.UU. su esposo hizo de soporte en la casa y con los chicos. “Eso fue indispensable al principio. Después él consiguió trabajo”, cuenta.

Si tiene que poner las cosas en la balanza, el resultado es positivo. “Estamos muy bien y felices con el cambio”, evalúa la profesional, quien cree que en esto de no renunciar a los sueños y al crecimiento profesional la clave es no pretender ser una madre perfecta. “Siempre digo que soy una ‘BuenaMalaMadre’ que trata de hacer lo mejor pero sabe que se equivoca”, resume.

DESAFIO. Verónica Mansilla, su esposo y sus hijos se fueron a EE.UU.  DESAFIO. Verónica Mansilla, su esposo y sus hijos se fueron a EE.UU.

Un gran equipo

Para María Natalia Tahuil, médica pediatra e inmunóloga clínica, no fue nada fácil hacer su carrera profesional y cumpir con el enorme deseo que tenía de ser madre. Pudo concretarlo recién a los 33 años, luego de recibirse, hacer una residencia y luego una especialización en Buenos Aires.

Las cosas no fueron sencillas, pero ella no estaba dispuesta a elegir entre uno y otro sueño. Incluso hoy -que esta a cargo de la Unidad de Inmunología en el Hospital del Niño Jesús- no quiere renunciar a la posibilidad de seguir creciendo. “Mi profesión exige viajar, capacitarme cinco o seis veces al año. Y siempre lo estoy haciendo. No me gustaría quedarme estancada. Mi esposo, con la ayuda de mi madre, se encargan de que en casa todo siga con normalidad cuando tengo que ausentarme”, remarca la pediatra de 33 años, mamá de dos pequeños de seis y cinco años.

Ella no siente culpa cuando tiene que irse. “Estoy presente en lo que más puedo. Funcionamos como un gran equipo, hacemos gimnasia todos juntos y los trato de acompañar cuando estudian música. Intento estar en muchos momentos y sé que son chicos felices. Tampoco me hice la idea de renunciar a las cosas que me hacen bien, como reunirme con mis amigas, salir y disfrutar”, resalta.

Obstáculos

El techo de cristal, la brecha salarial, la falta de corresponsabilidad en la crianza o la perpetuación de roles tradicionales son algunos de los obstáculos a los que las mujeres se enfrentan a la hora de conciliar maternidad con logros personales.

“No renuncio” se ha convertido en un gran movimiento que gana adeptas en el mundo entero con la idea de romper esas barreras y de que las mujeres no tengan que renunciar a su carrera profesional y a otras cosas que les gustan por el hecho de ser madres. En España se ha formado una asociación que lleva por título “Yo no renuncio” y que tiene miles de afiliadas. En los últimos años la entidad hizo estudios sociológicos en los cuales constataron que tanto las medidas de conciliación como los roles heredados del patriarcado siguen empujando a las madres a renunciar a un aspecto u otro de nuestra vida profesional y personal.

Además, la organización remarca dos puntos importantes:

1- que las madres no son superwoman (el 60% de las progenitoras aseguran que llegan cansadas a su trabajo debido a la carga familiar)

2- que el peso de la culpa que sienten muchas veces las mujeres nace de los estereotipos, de las expectativas sociales y laborales y de que no hay una corresponsabilidad coherente en el hogar.

Amelia del Sueldo Padilla, médica sexóloga, opina que si bien las madres han avanzado mucho y se resisten a renunciar a sus logros igualmente deben soportar una gran presión social.

“A medida que la mujer tiene acceso a puestos de liderazgo y a estudios superiores, retrasa la maternidad o espacia el tiempo entre un hijo y otro, o decide por un único hijo. Muchas mujeres postergan sus carreras o estudios con la carga de frustración que ello implica. A veces conlleva negociaciones crueles con la pareja. Y en el ámbito laboral también sufre presiones en cuanto a metas difíciles de realizar. Todas estas situaciones colaboran para que las mujeres resignen sus carreras”, destaca.

La fórmula

La fórmula que, según la profesional, se repite en la mayoría de los casos de las madres que pueden seguir adelante con sus proyectos personales es esta: están en pareja y tienen un compañero que se hace cargo o pueden negociar horarios y lugar de trabajo, como por ejemplo realizar la mayor parte de las tareas desde la casa. O cuentan con guarderías en sus puestos laborales.

En el caso de Carolina López Flores (abogada, 36 años) los acuerdos con su esposo fueron fundamentales para que ella no tuviera que renunciar a la posibilidad de crecer profesionalmente. Ella y el padre de su pequeño se dividieron las tareas de cuidado en partes iguales. “Nunca dejé de trabajar ni de perfeccionarme”, remarca. En un momento ella llegó a cobrarle por la carga mental en la crianza del niño.

“En nuestra sociedad es difícil todavía que se visualice a una mujer que decidió ser madre como una persona con proyectos propios por fuera de sus funciones maternales. El medio que nos rodea nos recuerda a cada instante, y una vez que el niño o niña nació, que la función central será maternar con determinadas condiciones para no ser una mala madre. El proceso es tan fuerte que y se naturaliza de tal manera que un día terminamos pensando que ‘nada más puede haber por fuera de la maternidad’. Entran en juego varias dimensiones: laboral, social y hasta cuidado del cuerpo y de la salud”, dice.

Según López Flores, si bien hay madres que tienen una pareja que comparte las responsabilidades de la crianza y el cuidado del hogar el desafío más grande sigue siendo la distribución de la “carga mental” del cuidado del hogar y los hijos; este trabajo es valioso y no se reconoce ni económicamente ni de otra forma en muchas familias.

DESAFIO. Verónica Mansilla, su esposo y sus hijos se fueron a EE.UU.  DESAFIO. Verónica Mansilla, su esposo y sus hijos se fueron a EE.UU.
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