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Los cementerios parque: paraísos verdes para las aves

Los cementerios parque: paraísos verdes para las aves

Los pájaros son motivo de estudio de investigadoras de la Fundación miguel Lillo. Se ven chingolos, teros y horneros, entre muchas otras especies.

17 Sep 2019 Por Florencia Bringas

Los espacios de reposo eterno son lugares de contemplación y silencio. Y escuchar el canto de las aves, desde melodiosos trinos de chingolos y celestinos, hasta estridentes chillidos de teros, nos recuerda que la naturaleza siempre acompaña y contiene, a pesar de cualquier momento difícil.

Un equipo de investigación del Instituto de Vertebrados de la Fundación Miguel Lillo fue invitado a participar de un proyecto a nivel internacional, que mide la diversidad de las aves en los cementerios, ya que son considerados importantes para la conservación de las aves. Esos espacios verdes pueden albergar numerosas especies vegetales (árboles, arbustos, enredaderas y pasto) que proveen los recursos necesarios para las aves. Y se ha podido observar que cuando son conformados por especies vegetales nativas, la diversidad de aves es aún mayor. Por lo que tener un cementerio parque con abundante vegetación autóctona promovería la conservación de especies típicas de nuestras selvas. Ada Lilian Echevarria, María Valeria Martínez, María Elisa Fanjul y Josefina Haedo constituyen el grupo de investigadoras.

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Las plantas nativas de cada región son la base a partir de la cual se conforman las redes que unen la flora y la fauna, y además dan identidad a cada ambiente. Así es como podemos reconocer selvas, palmares, montes, bosques, bañados, pastizales y estepas, que tienen sus plantas y animales típicos, explican las expertas. “Las aves están íntimamente ligadas al ambiente en el que habitan, ya que se asocian directamente a la vegetación, polinizando flores y dispersando frutos, y/o encontrando sus refugios, materiales y soportes para construir sus nidos. A su vez, las aves se transforman en los controladores naturales del ecosistema”, detallan.

Los cementerios jardín se han convertido en espacios verdes muy estudiados en el mundo por albergar una diversidad importante de aves debido a la vegetación que presentan. En el caso del cementerio San Agustín, ubicado en Yerba Buena, al pie del cerro, tiene el encanto -señalan las investigadoras- de estar rodeado por una abundante vegetación, de arbustos y árboles. A su vez, forma parte de un corredor aún más grande: la Sierra de San Javier, que es un reservorio de biodiversidad de las Yungas (Selva Montana) de Tucumán y de Argentina.

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Una por una

Durante el otoño-invierno pasado observaron especies de aves que se detallan a continuación, a las que en primavera y en verano se sumarán muchas más, explican las biólogas tucumanas.

- Tangará común (Euphonia chlorotica). Es muy pequeño: mide nueve centímetros. El macho tiene amplia frente, vientre amarillo oro, capuchón, garganta y dorso negro violáceo. La hembra, dorsal oliváceo y ventral blancuzco, con los flancos amarillo oliváceo. Emite un llamado audible entre ambos sexos: “bi...bi”. Se alimenta de pequeñas frutas, néctar, semillas, además de arañas y orugas.

- Tero común (Vanellus chilensis). Es muy astuto con el cuidado de su nido. Ante la presencia de un intruso teatraliza la situación, echándose como si estuviera empollando, pero lejos del verdadero nido, para que el visitante no lo pueda descubrir. Cuando se alarman emiten su grito característico, estridente y repetido: “teu…teu. Se alimenta principalmente de insectos.

- Benteveo común (Pitangus sulphuratus). De movimientos audaces, también pesca y “halconea”. Es bullanguero y defensor de su territorio. Su voz es característica y le da el nombre común a la especie.

- Hornero (Furnarius rufus). Es nuestra ave nacional. Construye un nido muy típico de barro y fibras vegetales en forma de horno de barro. Esta ave se alimenta cuando camina, principalmente de insectos, invertebrados y algunos vegetales.

- Picabuey (Machetornis rixosa). Se los ve en parejas o grupos. Es común observarlos encima de mamíferos domésticos o silvestres, buscando insectos. Además se alimentan haciendo carreritas en el suelo.

- Celestino (Thraupis sayaca). Es muy llamativo por su color. El macho presenta un tono celeste metalizado en el dorso, siendo las alas y la cola de color gris en tono verdoso. La hembra es de un color más apagado. Se alimenta principalmente de semillas y frutos. Suele andar en bandadas.

- Chingolo (Zonotrichia capensis). Son solitarios, en pareja o en pequeñas bandadas. Muchas veces se los asocia a otras especies. Es un ave muy común, confiado y suele acercarse a las casas en busca de comida. Se alimenta generalmente en el suelo y avanza a saltitos, comiendo semillas y otros vegetales. Es una de las especies que primero canta al amanecer.

- Carrasquita (Troglodites aedon). Es un ave pequeña, rechonchita y de cola corta. Muy inquieta; se mueve rápido y trepa en la vegetación y en los recovecos de los jardines. Se alimenta de insectos y arácnidos.

- Picaflor vientre blanco (Amazilia chionogaster). Es muy confiado; se posa en sitios visibles repitiendo un corto, agudo y metálico pic.

- Picaflor común (Chlorostilbon lucidus). El macho es verde brillante con el pico rojo. Es muy común en parques y jardines de abundantes flores.

- Pitiayumi (Parula pitiayumi). Es muy inquieto; recorre la vegetación realizando pequeñas piruetas buscando insectos. Su color es muy llamativo, de azul y oliva en el dorso y amarillo oro en el vientre. Suele formar bandadas, y algunas veces con otras aves frugívoras.

- Golondrina barranquera (Pygochelidon cyanoleuca). Sobrevuela en búsqueda de insectos. Su color es negro azulado en el dorso y vientre blanco. Se las observa en parejas o en grupos grandes. Es muy común.

- Misto (Sicalis luteola). Se los observa en bandadas tanto de pocos individuos como de muchos pares. Recorre el suelo y se posa en la vegetación. Se alimenta principalmente de semillas e insectos, y algunos frutos. El canto es agudo y delicado con trinos mezclados con chillidos y zumbidos.

- Paloma doméstica (Columba livia). Es una especie exótica que se adaptó muy bien al ambiente urbano y periurbano, debido a la gran cantidad de alimento que tienen a su disposición. Es común ver a la gente alimentándolas y además, se acostumbraron a comer de la abundante basura. Sin embargo, ellas aún son capaces de buscar su alimento natural, tales como semillas, frutos y otros elementos vegetales. Por esto, se recomienda no proporcionarles alimento y ser responsables del manejo de nuestra basura.

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LOS TEROS.

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