CLAUDIO AVRUJ
SECRETARIO DE DERECHOS HUMANOS Y PLURALISMO CULTURAL DEL MINISTERIO DE LA NACIÓN
Alrededor de 1.600 comunidades conforman el universo de los pueblos originarios. Ellos son parte del mosaico de identidades que somos como sociedad y al cual todos debemos fortalecer cada día. Según el censo de 2010, se trata de una población de casi un millón de personas. Ellas se referencian en 34 pueblos de todo la Argentina, cada uno con sus tradiciones, particularidades sociales y valores culturales, gastronómicos y artísticos, sin descuidar sus rituales y su herencia.
Para la mayoría de los argentinos, sus nombres y ubicaciones son indiferentes, pero por suerte estos pueblos se desarrollan y aportan muchísimo para nuestro crecimiento como sociedad. Qoms, tobas, wichís, diaguitas, comechingones, kollas, guaraníes, mapuches, ranqueles, chulupíes (o nivaclés, como ellos se autodenominan) y tehuelches, entre tantos otros, son algunos de sus nombres y están en todo el país.
Derechos y garantías
Ayer fue el Día Internacional de los Pueblos Indígenas, según las Naciones Unidas. Las efemérides están en el calendario no sólo para recordar y homenajear, sino sobre todo para tomar conciencia, reflexionar y repensar las acciones y compromisos a ejecutar y cumplir.
Este 2019 es el Año Internacional de las Lenguas Indígenas y en nuestro país se cumplen 30 años de la ratificación del Convenio 169 de la Organización Internacional del Trabajo y el 25º aniversario de la reforma de la Constitución Nacional. El Convenio ordena al Estado desarrollar, junto a los pueblos índigenas, acciones para proteger sus derechos y garantizar el respeto de su integridad. Entre otros derechos, el Convenio incluye el acceso a la salud, la tierra, la educación y el territorio.
La incorporación del artículo 75, inciso 17, en la reforma constitucional reconoce la preexistencia étnica y cultural de los pueblos indígenas, la personería jurídica de sus comunidades y la posesión de las tierras comunitarias que tradicionalmente ocupan. También garantiza el respeto a su identidad y el derecho a una educación bilingüe e intercultural.
Desafíos pendientes
Este año nos presenta entonces una gran oportunidad para reflexionar respecto a los avances y los desafíos pendientes en materia de acceso a derechos de los pueblos originarios.
En los últimos 30 años ha habido un creciente desarrollo de políticas públicas que trabajan la temática indígena. Existen avances en materia de normativa nacional e internacional que reconocen derechos. Si bien estas políticas y normativas marcan un progreso muy importante en la promoción y protección de los derechos de los pueblos originarios, y son el resultado de años de lucha de las comunidades indígenas de nuestro país en pos del reconocimiento de sus derechos, aún persisten desafíos significativos.
Para avanzar en el acceso a sus derechos y garantizar la igualdad de oportunidades, hay que incluir a los pueblos originarios. No basta con que sean visibles, sino que debemos deconstruir los prejuicios que aún existen en la sociedad y que se dan en gran medida por desconocimiento de cuáles son estos pueblos, cuál es su cultura y cómo viven. Incluso hay quienes aún piensan que los indígenas son parte de nuestra prehistoria y se encuentran sólo en los manuales escolares.
Para descartar los prejuicios debe haber un mayor conocimiento de su cultura, sus tradiciones y su vida comunitaria. Cada pueblo tiene sus propias formas de ser, pensar y relacionarse, y su propia lengua; cuenta con tiempos propios a través de los cuales delibera y toma decisiones, con su propio sistema de elección de autoridades y con sus propias concepción del mundo y de su relación con la naturaleza, sólo por nombrar algunos aspectos.
Valor de la diversidad
A través del diálogo, que se da a partir del reconocimiento de la identidad del otro, podemos lograr que esta diversidad sea comprendida, valorada y respetada. El trabajo intercultural será lo que permita adoptar un enfoque inclusivo y no excluyente como sociedad.
Desde el Estado, a niveles nacional, provincial y municipal, nos queda mucho trabajo por delante para garantizar el acceso a derechos básicos. La sociedad debe asumir al mismo tiempo el compromiso de acompañar estos cambios. Esto permitirá sentar las bases para un verdadero desarrollo intercultural y para seguir construyendo juntos un verdadero mosaico de identidades. (Télam)







