Gonzalo Manso: raíz tucumana, estilo francés

El hooker surgido en Tucumán Rugby disfruta de su vida en Tarbes, donde juega desde 2017.

12 Feb 2019

Uno de los motivos que llevó a Sudamérica Rugby a interesarse por el proyecto de una liga profesional que se venía bosquejando en las oficinas de la Federación Brasileña fue contrarrestar de alguna manera el éxodo de talentos hacia el Viejo Continente. Un torneo de franquicias permitiría retener en este lado del Atlántico a una gran masa de jugadores que aspiran a vivir como profesionales del rugby y que por diferentes motivos no entran en la órbita de Jaguares. Se calcula que, por año, unos 200 jugadores sudamericanos cruzan el charco para vivir la experiencia del profesionalismo o semiprofesionalismo en clubes de las diferentes ligas europeas, principalmente las de Francia, Italia y España.

ETAPAS. Gonzalo durante su paso por Bassin D’Arcachon (izquierda) y ahora en Tarbes, club donde pretende continuar.

Actualmente, es posible encontrar tucumanos en múltiples niveles del rugby europeo. Uno de ellos es Gonzalo Manso, quien hace ya más de tres años decidió salir de su zona de confort y lanzarse también a la aventura de lo desconocido. Quizás, si en aquél momento hubiera existido para él la posibilidad de ser profesional sin salir del país -o siquiera de la provincia-, se hubiera encontrado en una encrucijada. Hoy no: afianzado ya en su club, Tarbes Pyrenees Rugby, y habituado al estilo de vida francés, por lo único que volvería es por todo lo que extraña de su tierra. Su familia, sus amigos y su club, Tucumán Rugby. No obstante, la posibilidad de que el profesionalismo aterrice en Tucumán le parece muy buena iniciativa. “En el rugby argentino no cobrás por jugar; al contrario, tenés que pagar. Y además tenés que estudiar o trabajar para mantenerte. Eso hace que muchos terminen dejando el deporte. Personalmente, a mí me gustó mucho haber venido a Francia, es una experiencia impresionante y quien pueda debería probarlo, pero a la vez me parece buenísimo que exista la posibilidad de vivir como profesional del rugby sin tener que irte de tu país. Puede ayudar mucho a que el rugby siga creciendo”, analiza el hooker.

A la distancia

Como la mayoría de los que decide probar suerte en Europa, lo único que Gonzalo sabía del lugar adonde iba era lo poco que había podido ver por internet. Aunque la primera intención era ir a España, se inclinó por el Rugby Club Bassin D’Arcachon, club del suroeste francés que militaba en la Federale 2, la cuarta división. Estuvo una sola temporada, pero le fue bien: el equipo logró el ascenso al Féderale 1. Sin embargo, como suele suceder con los extranjeros, el principio no fue fácil. “Me tocó vivir con un argentino, Pablo Salandría, de San Juan. Nos recibieron con buena onda, pero al principio nos dieron una casa temporal muy chiquita y ni siquiera teníamos wifi. No sabíamos qué hacer, porque no hablábamos el idioma. Encima me pusieron una profesora que sólo me hablaba en francés, no aprendí nada, je. Pero conocí muy buena gente en Arcachon, y cada vez que puedo me doy una escapada para visitarlos, porque me ayudaron un montón”, cuenta “Polaco”.

Adaptarse al rugby de ese país también implicó otro desafío. Aunque el rugby tucumano se caracterizó históricamente por su dureza, el de Francia -sobre todo del Pro D2 para abajo, es eminentemente físico y multicultural. “Hay muchos extranjeros. Los fijianos y neozelandeses quizás no hagan tanta diferencia desde lo técnico, pero sí desde lo físico, por el tamaño que tienen”, describe el ex hooker de los “Naranjas” y de Argentina XV.

Hoy no es que sea un francés más, pero ya no se siente un forastero. Y la región donde se enclava la ciudad de Tarbes, cerca de los Pirineos, le ofrece increíbles paisajes de montaña que le gusta visitar cada vez que tiene alguna pausa. Eso sí, no pasa un día sin pensar en su querido “verdinegro”. “Dejé muchísimos amigos allá. Por supuesto, hoy hay muchos chicos en el plantel superior a los que no conozco o con los que no llegué a jugar, pero igual lo sigo de cerca. De momento no tengo planeado volver a Tucumán, pero cuando lo haga, me encantaría poder volver a vestir esa camiseta. Se extraña mucho la vida de club, que acá no hay. Eso de juntarse con los amigos, compartir el tercer tiempo. De todos modos, Francia también tiene sus cosas lindas. Sin dudas cuando me vaya voy a extrañar. Y aunque muchos digan que los franceses son fríos, yo prefiero decir que son diferentes, nada más”.

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