Pablo Rebollo, el cabo que “se sentía Gardel en su trabajo”

El policía federal baleado por un delincuente en la Costanera falleció ayer en el Padilla.

17 Nov 2018 Por Luis Duarte

“Mi hermano es una persona muy buena, le gusta su trabajo. Es activa, respetuosa, amigable. Es excelente y un ejemplo”. Leandro Rebollo, de 24 años, resaltaba en ese momento la personalidad y conducta de su hermano mayor en la Guardia del hospital Padilla. El joven había llegado desde Formosa, junto con sus padres y hermanas, para acompañar a Pablo Ariel Rebollo, quien permanecía internado en el centro sanitario con muerte cerebral. Minutos después, en medio del dolor, se oficializó la muerte del policía federal.

Al mediodía, el parte médico del hospital confirmó la pérdida de la actividad en el cerebro. Las posibilidades de recuperación del agente eran nulas. Por la tarde, la familia arribó al Padilla y recibió la información de una posible ablación -procedimiento quirúrgico para la extracción de los órganos y tejidos del cuerpo del fallecido para la donación, según la definición del Incucai-, a partir de la autorización de la pareja del agente Sin embargo, la decisión final se confirmó al rededor de las 20, con el consentimiento total de la familia.

El uniformado había ingresado en grave estado el jueves por la tarde, tras recibir un disparo en la boca cuando realizaba, junto con su compañero Damián Gallicchio, tareas de investigación en la avenida Circunvalación, a la altura del barrio Costanera, en la capital.

Según el reporte oficial, el cabo “fue interceptado por dos personas armadas que circulaban en una moto. Rebollo observó que estos individuos se encontraban armados y procedió a identificarse como policía. Los delincuentes dispararon e hirieron de gravedad al policía”, dijeron en el Ministerio de Seguridad. En el enfrentamiento, Lucas Gabriel “Pato Lucas” Albarracín, de 26 años, murió de un disparo.

Rebollo había ingresado a la fuerza de seguridad nacional hace 10 años. Dos días antes del ataque, había llegado a Tucumán para avanzar en una tarea de inteligencia. Pertenecía a la división de Comunicaciones Especiales y vivía en Buenos Aires.

“‘Mi trabajo es muy bueno; soy Carlos Gardel’, me decía. También quería que ingrese con él (a la Policía Federal)”, recordó su hermano.

“Estaba en contacto con nosotros, ya sea por mensajes de texto o por llamadas telefónicas. Iba, además, dos veces al año a casa”, añadió Leandro.

“Estaba con nosotros en cada momento que podía”, aportó Melina Rebollo, de 26 años, una de las hermanas de la víctima.

Acompañamiento

Los compañeros de la Policía Federal acompañaron a la pareja y a la familia de Rebollo en el hospital Padilla. “Era un chango de barrio. Le decía ‘mamá’ a mi vieja. Esa era nuestra relación...”, relataba una de las personas que estaba en la entrada del hospital, quien se presentó como un compañero de secundaria.

Un equipo interdisciplinario, dispuesto por la fuerza de seguridad federal, trabajó y contuvo a los familiares. Había llegado junto con la pareja de Rebollo, a primera hora de ayer.

“La certificación de muerte ha sido realizada a las 13, mediante un electroencefalograma”, expresó Carlos Eckhardt, jefe de la Unidad de Procuración del Padilla. “La muerte encefálica es una condición irreversible del cerebro, en la cual se pierden todas las funciones que cumple y regula en el organismo. El cerebro mantiene con vida a las personas: interviene en el control de la respiración, la frecuencia cardíaca, la temperatura, la presión. Cuando el cerebro se daña, todas esas funciones se pierden y la persona muere”, explicó.

El profesional expresó que Rebollo tuvo un trauma grave de cráneo por un proyectil. Aclaró que la bala había ingresado y lesionado al tronco del encéfalo. “El proyectil terminó alojado en la columna cervical. También se registró una lesión vascular que comprometió la irrigación del cerebro, que llevó a una lesión global”, agregó.

Eckhardt informó que la víctima había sido asistida con respiración mecánica, con drogas para mantener una presión arterial óptima, entre otras alternativas. “Cuando la lesión es grave, no se puede conseguir el objetivo de salvar la vida”, reconoció el médico.

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