Un retrato desdeñoso

Aráoz de La Madrid visto por Bernardo Frías.

06 Sep 2018
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GREGORIO ARÄOZ DE LA MADRID. El salteño Frías reconocía el valor como la única condición rescatable de su persona.

En sus “Tradiciones históricas”, el historiador salteño Bernardo Frías se refiere desdeñosamente al general Gregorio Aráoz de la Madrid. Lo llama “destornillado y vanidoso”. Afirma que “con sus soldados se chanceaba como si fueran sus camaradas de la escuela: les convidaba licor, libaba con ellos la copa y les regalaba con caramelos y confites, los mismos con que gozaba su paladar”. Igualmente, “a caballo o a pie, cantaba vidalitas, acompañándose con música del charango, especie de guitarra de caja pequeña y brazo corto, muy de usanza en las tierras del Alto Perú”. Decía Frías que en ellas “el general hizo el aprendizaje para dar mayor extravagancia a su persona, mayor relajación a la disciplina, mayor motivos para que sus soldados se le subieran a las barbas, no contentos con haberlo tomado ya del codo; y para que la gente grave lamentara, más de una vez, la suerte de la Patria caída en manos como aquellas”.

Agregaba a este retrato que, “a fuerza de tanta locura y tanta arremetida contra los más peligrosos -de donde siempre resultó revuelto y ñato- llegó a conquistarse nombradía. Como el loco Eróstrato, que prendió fuego un día al famoso templo de Diana en Éfeso, depósito, dicen, de cuanto maravilla del arte habían recogido los aventajados griegos”.

Así se hizo, seguía Frías, “aquel extraño militar, el héroe de la gente bruta, que se deleitaba con la relación de sus hazañas, más quijotescas que útiles; y un muy perjudicial ciudadano para la gente grave, sensata y de mayor concepto. Porque es así: estos bravos sin cabeza, hacen mucha bulla y mucho daño, a manera de cohete que nos revienta en la mano”. Le reconocía valor, pero afirmaba que era un disparate “querer ser útil en la guerra con solamente valor”.

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