Mi hijo es un genio: ¿eso es bueno o es malo?

Tener altas capacidades intelectuales no siempre es sinónimo de felicidad. Para su desarrollo, necesitan apoyo. Se sienten diferentes y suelen sufrir bullying.

01 Sep 2018
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CARLOS ROBLES. En la primaria se aburría en clase. No tenía con quién hablar de filosofía. Ahora estudia Derecho.

Carlos Robles recuerda que tenía sólo tres años y amaba tocar el violín. Cuando iba a la primaria, sus compañeros se sorprendían por los gustos que él tenía: nunca miró dibujitos en la tele. Prefería los programas de historia y los documentales. Para todos “era el raro”, el que nunca estudiaba y siempre sacaba buenas notas. Sabía que era más inteligente que sus pares. Pero no la pasaba nada bien. No sólo porque se aburría en las clases, sino porque en cada recreo estaba solo. O peor, sufría lo que hoy se conoce como bullying. A los 15 años, cuando iba a la secundaria, no aguantó más. Por consejo de un profesor, se hizo un test de inteligencia con el que demostró que tenía un coeficiente intelectual más elevado que el promedio y consiguió que el Ministerio de Educación lo autorizara adelantarse un curso. “Quería terminar cuando antes la escuela”, cuenta. Se cambió de institución, rindió libre un año entero y las cosas empezaron a mejorar de a poco, recuerda el muchacho de mirada pensativa. En esos años vinieron más progresos; por ejemplo, participó en la edición de un libro de cuentos y microrrelatos.

Ahora, con 19 años, cursa el tercer año de la carrera de abogacía y sueña con ser profesor y con hacer un posgrado en politología. Asegura que es feliz. Y lo demuestra con su generosa sonrisa. Pero siempre mira hacia atrás: cree que ningún niño debería sentirse mal por tener altas capacidades. “Aquí en Tucumán, no hay contención para estos casos, ni grupos adonde recurrir aunque más no sea para sentirse identificado. Me pasó siempre. Hay un juego de estrategia que me encanta y nunca tuve con quién jugarlo. En mi adolescencia, por ejemplo, no tenía con quién hablar de filosofía, algo que siempre me gustó. A veces, esperaba que llegaran amigos de mis padres o de mis abuelos para charlar de temas que me interesaban”, detalla.

Cómo son

Carlos fue uno de los tantos chicos tucumanos talentosos que intentaron o que intentan adaptarse a un sistema educativo que no los tiene en cuenta. Se calcula que el 2% de la población infantil presenta un alto coeficiente intelectual. Sin embargo, en nuestra provincia no hay datos precisos de ellos, muchos ni siquiera son evaluados y no cuentan con apoyo para poder explotar su potencial. Por ende, les cuesta integrarse, se aíslan, suelen tener bajo rendimiento, se aburren y no encuentran motivación, coincidieron los expertos consultados.

Algunos ya saben leer a los dos o tres años, hablan varios idiomas, son curiosos y ansiosos, cuestionan la realidad, les gusta inventar cosas.

Su edad cronológica no coincide con su edad intelectual. Es lo primero que notan los padres.

“Son chicos que requieren programas educacionales diferenciados. En general, la escuela hoy está más pensada para niños de términos medios; o sea que tanto las discapacidades como los talentos no están muy incluidos en este sistema”, explica la psicóloga Norma Contini, que desde hace muchos años se especializa en diagnosticar altos coeficientes intelectuales. No son muchos los casos que llegan cada año a su consultorio: uno o dos.

La Organización Mundial de la Salud (OMS) considera que una persona es dotada cuando alcanza un cociente intelectual (CI) de 130 puntos. El CI es una estimación general de la capacidad de los individuos de pensar y razonar e indica cómo nos posicionamos frente al resto de los individuos dentro de un nivel de edad determinado. El nivel medio de inteligencia se sitúa entre 95 y 110. En la Argentina, la población infantil con talento y altamente dotada es de entre el 2% y el 5%. Los genios (como lo fue Mozart, por ejemplo) son mucho menos: se calcula que hay uno por siglo, especifica Contini.

Según la experta, aquellos niños dotados y talentosos, identificados por profesionales calificados, pueden adelantar años para ir más nivelados con el resto, “aunque es un trámite bastante engorroso”. “De todas formas hoy la tendencia es que deben estar integrados. Lo ideal sería -cosa que ocurre muy poco- que vayan con apoyo escolar para poder potenciar sus habilidades”, recomienda. “Lo bueno es que hoy se abandonó la idea de que tener alto coeficiente intelectual está relacionado a trastornos psicológicos”, remarcó. Y agregó que quienes tienen talento y no están identificados debidamente y no reciben apoyo, van a enfrentar dificultades.

¿Qué hacer?

“Vivimos en una sociedad que desaprovecha las altas capacidades; se arrincona a los superdotados. Lo más grave es que se hace poco o nada para detectarlos”, advierte la psicopedagoga Natalia Jiménez Terán. Como consecuencia, la mayoría de los chicos -por triste que sea y que suene- ni siquiera se enterarán a lo largo de su vida de que están altamente capacitados, lamenta.

Según Jiménez Terán, tener un coeficiente intelectual alto no es señal de éxito ni garantía de felicidad. “Lo que a posteriori sería un regalo puede acabar siendo un serio problema si esas habilidades innatas no se detectan a tiempo y se acompañan con programas especiales”, indica. Por eso, insiste en que ante la primera señal de que un hijo muestra comportamientos avanzados para su edad (ver “características...”) hay que recurrir a un psicólogo o psicopedagogo especializado, ya muchas veces se confunde alumno brillante con superdotado. Y no es lo mismo.

Lo sabe perfectamente Carlos Robles. Ni siquiera sus padres advirtieron sus capacidades hasta que él llegó a la secundaria y se animó a desafiar el mote de “cerebrito” para por fin aprender a sacarle el jugo a su potencial.

CARLOS ROBLES. En la primaria se aburría en clase. No tenía con quién hablar de filosofía. Ahora estudia Derecho. LA GACETA / FOTO DE INÉS QUINTEROS ORIO.-


No tienen adónde ir

Hace unos meses, María Laura Colque, presidenta de la Fundación para el Desarrollo Profesional, se sorprendió al recibir un pedido de ayuda inusual. La mamá de una niña de siete años le solicitaba asesoramiento para la pequeña, que por sus altas capacidades intelectuales, no lograba adaptarse al establecimiento escolar al que asistía.

“Realmente fue un hecho lamentable. Durante tres años ella no encontró un lugar donde la comprendieran. En el primer colegio, la niña se mostraba como aburrida en clases y no sociabilizaba mucho. Hacía las tareas muy rápido y luego se distraía. Todo lo hacía velozmente: leía, sumaba, restaba... todo aprendió antes que sus compañeros. Como los docentes no sabían manejar la situación, le pidieron un maestro integrador. Los padres no consiguieron un especialista para estos casos, para que acompañara a la pequeña, así que finalmente decidieron sacarla de la institución y pagar profesores particulares que van a su casa a enseñarle”, relató.

“Personalmente hablé a muchas instituciones para ver quién podía recibir a una nena con altas capacidades, comprobadas mediante estudios específicos que le hicieron en Buenos Aires. Sólo un establecimiento accedió. La familia se cansó y la última información que tengo es que se van de la provincia, que consiguieron una institución en Buenos Aires, donde confían que la pequeña podrá estar mejor contenida”, comentó Colque.

> CARACTERíSTICAS
¿Cómo darte cuenta si tu hijo es un genio?

- Son observadores, extremadamente curiosos, tienen intereses intensos, excelente memoria, gran capacidad de atención, buena habilidad de razonamiento, capacidad de abstracción, conceptualización y síntesis bien desarrollados.
- Manifiestan capacidad para ver relaciones entre ideas, objetos o hechos, rápida y fácilmente. Tienen pensamiento fluido y flexible, excelente habilidad de solución de problemas, muestran aprendizaje rápido con poca practica.
- En bebés la señal es que necesitan estímulos constantemente; se irritan cuando no reciben esta estimulación. Para ellos, ver, tocar y jugar es tan necesario como que les cambien el pañal.

> ¿Qué consejos les darías a los padres?
Le preguntamos a la psicopedagoga Natalia Jiménez Terán. “No deben pensar que tienen un genio ni tampoco temer que le pueda pasar algo malo a su hijo. Se debe huir de estereotipos. Los padres deben ser conscientes desde el primer momento de que esos niños van a necesitar intervención especial. Las altas capacidades son un potencial que no se desarrolla, sino que se trabaja de forma adecuada”, aconsejó.

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