La prohibición de construir en el piedemonte

25 Jun 2018

Las alteraciones climáticas, las inundaciones y otros desastres de la naturaleza son, por lo general, consecuencia de la modificación o destrucción de medio ambiente ocasionada por el ser humano. El 17 de junio pasado, se recordó el Día Mundial de Lucha contra la Desertificación y Sequía, instituido por la Asamblea General de las Naciones Unidas en 1994 con el objetivo de fomentar la conciencia pública sobre el tema.

La ONU señaló que la desertificación se produce a causa de la vulnerabilidad de los ecosistemas de zonas secas, que cubren un tercio de la superficie del planeta, a la sobrexplotación y al uso inadecuado de la tierra. La pobreza, la inestabilidad política, la deforestación, el sobrepastoreo y las malas prácticas de riego afectan negativamente a la productividad del suelo.

Los tucumanos somos poco afectos a proteger la naturaleza que nos rodea. En 1900, los bosques cubrían casi el 90% de la superficie tucumana y hacia 1995 ascendían a un 30%. Yerba Buena es una de las ciudades, cuyo medio ambiente genera desde hace tiempo la preocupación de los ambientalistas. Las urbanizaciones que vienen efectuándose en los últimos lustros están comprometiendo en forma preocupante el piedemonte.

Preocupado por esta depredación y las consecuencias negativas, el intendente de la Ciudad Jardín había prohibido por 180 días los emprendimientos inmobiliarios al oeste del río Muerto; la resolución alcanzó a countries, barrios cerrados y clubes de campo.

Luego elaboró otra propuesta para prohibir las construcciones en el piedemonte, donde proliferaron los barrios privados en los últimos años. En mayo pasado, los concejales aprobaron la iniciativa, pero luego el jefe municipal la vetó con el argumento de que podía ser declarada inconstitucional: la redacción debería haber incluido la palabra “restringir” las construcciones, en lugar de “prohibir”.

Varios ambientalistas se habían pronunciado en contra de nuevas urbanizaciones en el piedemonte. El extinto ingeniero hidráulico José Domián había pedido que se denunciara penalmente a los responsables de los barrios asentados sobre la falda oriental del cerro San Javier y a los funcionarios que los habían autorizado. Los acusó de haber deforestado, modificado el suelo, alterado las escorrentías y contaminado los recursos hídricos.

Días atrás, el abogado Benito Garzón, convocado por el Concejo Deliberante como asesor, había afirmado que si la ordenanza estaba debidamente sustentada en estudios científicos, no podía ser tachada por inconstitucional o considerada lesiva al artículo 17 de la Constitución Nacional, que es el derecho a la propiedad.

Como bien señala el asesor del Concejo, la ordenanza debe cubrir todos aspectos legales de este asunto. Nos parece, por otra parte, que la iniciativa es positiva, sobre todo si es respetada en forma estricta en el futuro y no se recurre a las consabidas excepciones para favorecer intereses sectoriales y privados.

Un ambientalista pronosticó hace algunos años que si se seguía depredando el piedemonte podía ocurrir en algún momento que una parte de la falda del cerro San Javier se desmoronara sobre Yerba Buena. Sería importante que la clase dirigente y la ciudadanía entendieran que cuando la naturaleza reaccione con violencia como consecuencia de su depredación no habrá poder ni dinero que pueda detenerla.

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