Conjeturas y versiones que alteran la paz

Las redes sociales son utilizadas con fluidez por jugadores y familiares para difundir estados de ánimo, resaltar convicciones, enviar palabras de aliento, apuntalar la confianza y dar mensajes sanadores.

20 Jun 2018 Por Guillermo Monti

Si la condición anímica de Lionel Messi es una cuestión de Estado estamos complicados. De repente empiezan a circular imágenes. Messi agarrándose la cabeza. Messi mirando al piso. Messi sentado sobre la pelota. No importa de cuándo son las fotos, lo importante es que ilustren la versión. “Presuntamente”, Messi está deprimido. “Fuentes de la delegación” lo corroboran. Se habla de una cuestión familiar, mucho más importante -para Messi- que el penal atajado por el arquero de Islandia. Un rato más tarde, la esposa de Messi postea en Instagram “Siempre Juntos y con Vos más que nunca”. Hay un corazón al lado. Messi contesta “Hermosos!!! Los amo” (hay una foto de la familia completa: Messi, Antonella y los tres chicos). ¿Pasó la tormenta? ¿Hubo tormenta?

¿Qué sería de la humanidad sin las redes sociales? Las usó Di María para subrayar sus convicciones después de perder el puesto a manos de Pavón. Lo mismo hizo Rojo, cuyo lugar será ocupado por Mercado. Antonella acudió a Instagram para enviar el mensaje sanador anticrisis. Cada vez la gente habla menos en público y más con el teclado. Lo que dijeron Dybala y Ansaldi durante la conferencia de prensa “oficial” que brindó la Selección en Bronnitsy carece de importancia al lado de lo que rugen las pantallas. Ya no hay más noticias que buscar, sino posteos. Versiones y conjeturas son el pan de cada día desde que Sampaoli y su combo hicieron pie en Barcelona. No, no hay paz para Argentina. Así, todo es más difícil.

Angustiado o no, lo cierto es que Messi se entrenó. El pulso de lo que viene dependerá de lo que ocurra mañana en Nizhni Novgorod, ciudad cuyo nombre los argentinos ignoraban y aprendieron a pronunciar por obra y gracia de la Copa del Mundo. Es más; allí regresará a jugar la Selección los octavos de final en caso de finalizar primera en la zona. Ese horizonte parece tan lejano como Nueva York para el Titanic. La urgencia es hoy. El plantel llegará a Nizhni, a sólo 400 kilómetros de Moscú, y por la tarde Sampaoli enfrentará los micrófonos de la conferencia de prensa que la FIFA lo obliga a brindar el día antes de cada partido. Allí, entre las preguntas y la pared, puede que el DT brinde algunas definiciones más allá del discurso de ocasión.

Si a la Argentina le falta armonía, o al menos es la lectura entre las líneas de los hechos, a Croacia le sobra tranquilidad. Y eso que el DT Zlatko Dalic -si, el clon de “Yagui” Forestello- echó a un jugador del plantel (Kalinic) porque se negó a entrar a la cancha a cinco minutos del final del partido que le ganaron a Nigeria. ¿Alguien puede imaginar el bombazo que implicaría un episodio similar en la Selección argentina? El plantel cerró filas detrás de Dalic, lo que augura el final de la carrera de Kalinic con la camiseta a cuadritos albirrojos. Ayer festejaron el cumpleaños 27 de Kramaric con una torta, mientras Rakitic -compañero de Messi en Barcelona- le augura buena suerte… para el duelo con los nigerianos. Croacia, con tres puntos en sus alforjas, es pura confianza y Mario Mandzukic lo confirma afirmando que entre ellos no existe el miedo.

Desde el lunes se sabe que Sampaoli trazará el dibujo que le gusta y que había abandonado frente a Islandia en aras de -son sus propias palabras- darle más solidez al equipo. Pues bien, de sólida Argentina no tuvo nada. Ahí va entonces el 3-4-1-2, marca registrada del entrenador. Si tiene convicciones firmes -de fútbol hablamos, claro- es tiempo de ponerlas sobre la mesa. Si no es ahora, ¿cuándo? Se confirma entonces: salen Rojo, Biglia y Di María; entran Mercado, Acuña y Pavón.

Pero queda una posición en duda y es la del volante que se moverá cerca de Mascherano en la mitad de la cancha. Sampaoli había revelado que Meza es el volante que tanto estaba buscando, pero al cabo de 90 minutos, los del 1 a 1 contra Islandia, parece dispuesto a prescindir de él. Lo curioso es que la opción es Enzo Pérez, cuya presencia en Rusia se debe a la lesión de “Manu” Lanzini. Pérez pasó de desafectado a titular, lo que no es un sinsentido pero sí habla de la ambivalencia del conductor. Pero lo más llamativo no es eso, sino la desaparición de la escena de Lo Celso, a quien pocos días antes del Mundial se ubicaba entre los 11 y hoy ni siquiera figura entre los tenidos en cuenta. Tampoco Banega, jugador del gusto de Sampaoli -dicen que es su volante central ideal-. No lo ayudó el rendimiento contra los islandeses, tan pálido como el del resto.

Lo que ocurre puertas adentro de la concentración de Bronnitsy es motivo de infinidad de especulaciones. En la desesperación por encontrar un título, una foto, una apostilla que marque la diferencia entre el tsunami de información que circula durante las 24 horas, un resfrío es una enfermedad terminal. No hace falta ser un coach ontológico para deducir que el resultado del debut hizo mella en la autoestima del plantel y que la función del cuerpo técnico, además de las decisiones técnicas y tácticas que tome el entrenador, es apuntalar la confianza. De los que juegan y, siempre más difícil, de los que van al banco. Pues bien, sobre eso trabajaron mucho durante los últimos días y Messi, líder y capitán, participó de ese circuito en carácter de reconfortador y reconfortado.

Lo que hizo y dejó de hacer el entorno familiar de Messi adquirirá más o menos importancia en función de lo que pase en Nizhni Novgorod. Son las injustas reglas del juego y los futbolistas participan en ese baile desde hace demasiado tiempo. Que les gustaría salir de esa trampa es sabido, pero depende en buena medida de ellos. La caja de resonancia y sus operadores son inmanejables. Contra Croacia, un rival más técnico y peligroso que Islandia, pero a la vez más permeable cuando lo atacan, Argentina irá en busca de su destino.

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