El maltrato y la ingratitud con los adultos mayores

17 Jun 2018 Por LA GACETA

Constituyen una de las franjas más frágiles de la sociedad: los niños están al comienzo, ellos, al final del camino. Sin embargo, el hecho de envejecer no significa que la vida activa concluya. “El viejo no puede hacer lo que hace un joven; pero lo que hace es mejor”, sostenía el poeta latino Cicerón. Pero también están aquellos que deciden capitular serenamente o quienes sufren los embates de las enfermedades que van minando sus resistencias. “Las arrugas del espíritu nos hacen más viejos que las de la cara”, filosofaba en francés Michel de Montaigne. En todo caso, la declinación es inevitable y esta suele acelerarse cuando los adultos mayores padecen el maltrato de la sociedad.

La situación de millones de ancianos dista mucho de ser la ideal, por esa razón, la Organización de las Naciones Unidas dispuso que el 15 de junio se celebrara el Día internacional de la Toma de Conciencia por la Discriminación y el Maltrato con la Vejez. Se tomó la idea del plan de acción de la Segunda Asamblea Mundial sobre el Envejecimiento”, que tuvo lugar en Madrid en 2002. La propuesta de la ONU fue apoyada por la Red Internacional para la Prevención del Abuso y Maltrato en la Vejez, cuyos objetivos son fomentar la conciencia pública internacional sobre los problemas ligados a la violencia y los abusos contra las personas mayores, y promover la investigación y la formación sobre esta cuestión, entre otros.

La ONU señala que entre 2015 y 2030, se prevé que en todos los países del mundo, habrá un aumento sustancial de población de personas mayores de 60 años. Este crecimiento será especialmente más rápido en las regiones en vías de desarrollo. Si hay un incremento de este sector de la población, se puede predecir que aumentarán también los casos de abusos a esta franja etaria.

Según una estadística de la ONU, uno de cada seis viejos experimentó alguna forma de abuso en el último año. Las tasas de maltrato pueden ser mayores entre los ancianos residentes en instituciones que entre los que viven en su hogar. Este maltrato puede conllevar graves lesiones físicas y consecuencias psicológicas prolongadas. Se prevé un aumento del problema por el envejecimiento de la población en muchos países. La población mundial de mayores de 60 años se duplicará con creces, de 900 millones en 2015 a unos 2.000 millones en 2050.

En la Argentina, los adultos de la sociedad el mejor de los tratos de la sociedad. Salvo que se tenga una jubilación digna o de privilegio, llegar a la vejez es una invitación a la desdicha y a la ingratitud: los miserables dineros que cobra mensualmente ($8.097 la mínima; la canasta familiar ascendía a $18.600 en mayo) la mayoría de nuestros abuelos están más próximos a la humillación que al reconocimiento por haber entregado su esfuerzo al país.

La mayor parte de los adultos mayores es afiliada al Programa de Asistencia Médica Integral (PAMI), una obra social que los tiene de rehenes: para un estudio de cualquier tipo deben esperar en muchos casos hasta tres meses o más, tampoco gozan de la libre elección de su médico, o deben esperar años una prótesis, como lo atestiguan los constantes reclamos en nuestra sección Cartas de Lectores.

A lo largo de los años, los distintos gobiernos (nacionales y provinciales) les han negado la movilidad del 82%, lo que refleja una insensibilidad deplorable hacia ellos; se trata de una forma de castigo. Sería interesante que nuestros dirigentes experimentaran la alucinante aventura de vivir durante tres o cuatro meses con $8.097. Tal vez abandonando sus privilegios y poniéndose en el lugar de ellos se humanicen y se ocupen de devolverles la dignidad. “Lo peor de la ingratitud es que siempre quiere tener la razón”, afirmaba el dramaturgo español Jacinto Benavente.

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