Ni los rusos esperaban este regalo

15 Jun 2018 Por Guillermo Monti
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ESPECTADOR DE LUJO. Aleksandr Golovin deja en el camino a un rival, mientras Néstor Pitana contempla la jugada. reuters

¿Partido inaugural? ¿Qué partido? Si Rusia temía por lo lamentable que había sido la preparación del equipo, Arabia Saudita le sirvió en bandeja una inyección de confianza. Juan Antonio Pizzi puso en la cancha una formación que no está a la altura de un Mundial y la consecuencia ineludible fue el 5 a 0. Resultó tan pobre lo de los asiáticos que hasta dio la sensación de que el anfitrión es un seleccionado de temer. Y no es el caso.

No, no hubo partido. Fue un paseo que metió a los rusos en la pelea del Grupo 1, cuya verdadera medida empezará a develarse hoy, cuando se enfrenten uruguayos y egipcios. Los anfitriones ya tienen en la mochila una buena diferencia de gol, aunque esta Arabia inconexa, errática y endeble parece presa fácil de los rivales que vienen. En apenas 90 minutos quedó la certeza de que la definición de la zona es un juego de tres.

La paliza se cristalizó en los últimos minutos, porque pintaba para 3-0 tranquilo. A los 90’ Denis Cheryshev anotó el gol de su vida, un zurdazo con la cara externa del pie que mandó la pelota al ángulo, y a los 92’ llegó la conquista de Aleksandr Golovin, de tiro libre y ayudado por la tardía volada del arquero Almuaiouf. Un cierre que elevó al éxtasis a la multitud en el estadio Luzhniki, incrédula por la contundencia de un equipo en el que pocos creían, y con razón.

Lo de Cheryshev fue sintomático, la demostración de que siempre hay sorpresas aguardando en la vida de los hombres. Iban apenas 22 minutos cuando Alan Dzagoev, una de las figuras del CSKA de Moscú, cayó fulminado cuando intentó picar en un contragolpe. Desgarro, sin dudas. Cherchesov miró al banco y ordenó el cambio. Allí fue Cheryshev, integrante del Villarreal español, a encontrarse con su destino. Antes del final del primer tiempo anotó el 2-0, maniobrando en el área y rematando con potencia, y en el epílogo regaló aquella joya de zurda. Conclusión: lo eligieron “jugador del partido”. Moraleja: cuando el tren pasa, hay que subirse sin dudarlo.

Los méritos del local

¿Qué tiene Rusia? Orden, obediencia táctica, aplicación para moverse en bloque. Encontró la apertura de movida, a los 12’, con un cabezazo de Iuri Gazinsky, y ese gol brindó tranquilidad. El pánico escénico de Arabia fue la otra pata sobre la que se asentó la victoria del anfitrión, certero para aprovechar los horrores defensivos de una formación -quedó dicho- casi sin fundamentos para rescatar.

Le preguntaron a Pizzi en el inicio de la conferencia de prensa pospartido si iba a seguir dirigiendo a Arabia en el resto del Mundial. Primero sonrió, después dijo: “es muy buena su pregunta… para mi estado de ánimo”; y acto seguido prometió que van a mejorar. Lo que no se entiende es cómo lo conseguirán.

Pero hubo un argentino que se fue contento con la faena. Fue Néstor Pitana, árbitro al que Pierluigi Collina definió como “una roca” y, a decir verdad, exhibió esa firmeza en la cancha. No cometió errores -lo mejor fue no haber “comprado” un penal a favor del local-, sacó sólo dos tarjetas amarillas, en los instantes finales, y siguió el juego con precisión. También cumplió sin fisuras la dupla de asistentes Maidana-Belatti. Tan tranquila resultó la historia para Pitana que no hizo falta apelar al VAR, cuyo debut quedó pendiente para próximos compromisos.

Rusia celebra una victoria impensada, básicamente por la goleada, y eso es bueno para la Copa. Había serias dudas respecto de las prestaciones de la selección dueña de casa y una eliminación prematura podía quitarle espesura al torneo. Todos respiraron aliviados: el presidente, Vladimir Putin, los hinchas, el técnico Cherchesov y los jugadores. Eso sí: no volverán a toparse con un adversario tan futbolísticamente famélico como el árabe.

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