¿Repunta la rentabilidad de los granos en el NOA?

En Tucumán, los mejores valores se registran en la zona noroeste, mientras que los rindes más bajos son del oeste santiagueño del sector central, con lotes de hasta 1,2 tonelada por hectárea. En el NOA se está registrando una cosecha aceptable de soja con rendimientos promedios en general cercanos a la media histórica, señalan los técnicos de la Estación Experimental.

20 May 2018
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Reuters.-

> INFORME REGIONAL

MARIO DEVANI Y DANIELA PÉREZ 

INGENIEROS DEL PROGRAMA GRANOS ESTACIÓN EXPERIMENTAL AGROINDUSTRIAL OBISPO COLOMBRES (EEAOC)

En la recta final de la cosecha de soja 2017/18, la rentabilidad de los granos en la región sorpresivamente pasó a tener una coyuntura favorable, con perspectiva de sostenerse en el mediano y largo plazo. La mejora coyuntural reside, por un lado, en el importante incremento de los precios de los granos, y por otra parte, en que el NOA está teniendo una cosecha aceptable de soja con rendimientos promedios en general cercanos a la media histórica.

Una vez más los rindes presentan mucha variabilidad según la zona. Hay que mencionar que al comienzo de la trilla hubo gratas sorpresas, con valores de 3 a 4 t/ha correspondientes a las variedades de grupos cortos, sembradas en fechas tempranas (diciembre). Si bien las lluvias y las temperaturas fueron favorables para estas siembras, en marzo, las precipitaciones en general fueron escasas y las temperaturas elevadas, perjudicando a los cultivares sembrados tardíamente y en especial a las variedades de grupos largos cuyo rinde fue de 1 a 1,5 t/ha menor de lo que se esperaba. El rendimiento promedio de Tucumán oscilaría en alrededor de 2,9 t/ha y si se incluye la zona de influencia del O santiagueño y SE de Catamarca el promedio caería a 2, 6 t/ha.

En Tucumán, los mejores valores se registran en la zona noroeste, mientras que los rindes más bajos corresponden al oeste santiagueño del sector central, al sureste (Graneros y E de la Cocha) y SE de Catamarca, con algunos lotes de hasta 1,2 t/ha.

En lo que respecta a Salta, el norte (Tartagal) y el sur (Metán y Rosario de la Frontera) están relativamente bien; en cambio, la zona centro (Lajitas) fue muy afectada, la mayor parte de esta área recién se sembró entre el 10 y el 25 de enero, por lo que la expectativa de rinde ya era menor. Además, alrededor del 20% del área inicialmente destinada a la oleaginosa, por la falta de precipitaciones pasó a maíz o poroto.

Márgenes del negocio

En cuanto a los márgenes del negocio, al comienzo de la campaña 2017/18, las perspectivas para los granos en la región, y para la soja en particular, no eran muy promisorias. Dependiendo de la tecnología empleada el gasto por hectárea desde la implantación hasta cosecha, incluido el costo de administración, oscilaba entre U$S 390-490 por hectárea en soja, y entre U$S 390-450 en maíz. Esto era para quienes producen en tierra propia, a lo que hay que sumar entre 100-150 U$S/ha para el productor que arrienda. Con este nivel de gasto y para un precio al momento de siembra de 260 U$S/t para soja y de 145 U$S/t para maíz, se esperaba un retorno de entre un 10% y un 25%; en el caso de los arriendos estaba también la posibilidad de tener valores negativos. En ese momento los precios en el mercado de futuro para los meses de trilla eran semejantes. La situación determinaba rindes de indiferencia para soja de 1,7 a 2,3 t/ha en la producción en tierra propia y de 2,3 a 2,9 t/ha en arriendos para Tucumán y alrededor de 0,4 t/ha más para Salta por el mayor gasto en flete. Mientras que en maíz estos valores eran de 4 y 6,5 t/ha.

La extrema condición climática en el sur del país provocó pérdidas del orden de los 15 millones de toneladas en soja, y la estimación para maíz ronda los 7 millones de toneladas. La Argentina exporta alrededor de 9 millones de t se soja y 25 millones de t de maíz. Se destaca a nivel mundial como país exportador de harina y aceite de soja, también produce biodiesel de la oleaginosa, para esto procesa anualmente más de 40 millones de t de soja. Además se procesan 17 millones de t de maíz, los que se trasforman en distintos tipos de proteína animal y bioetanol. De modo que, la menor oferta disponible resultante de la significativa merma del volumen a cosechar, tiene un fuerte impacto en el normal abastecimiento de la industria local determinando una importante suba en el precio de ambos granos en la cotización doméstica. A esto hay que sumar la suba del dólar; esta conjunción ha llevado a que el valor de la soja en el mercado argentino ascienda a más de 7500 $/t y el maíz a 4500 $/t. Con el cambio de hoy y la cotización actual de soja del orden de 307 USD/t el rinde de indiferencia en Tucumán y la zona de influencia se ubica entre 1,4 y 1,8 t/ha en tierra propia y entre 1,8 y 2,3 t/ha en arriendos, unos 500 kg/ha menos que al inicio de campaña. Por su lado, el maíz con un precio de 180 U$S/t (cifra superior a la cotización de Chicago) tiene un rinde de indiferencia entre 3 y 4,5 t/ha.

Perspectivas

Las perspectivas a mediano plazo para los precios son promisorias conforme con el movimiento de la oferta y la demanda. Esto se deriva de las estimaciones del USDA para la campaña 2018/19, las mismas indican que los niveles de stock/consumo de soja y maíz en Estados Unidos y mundiales bajarían, también prevén una demanda sostenida de soja y maíz. Por otro lado, como ambos granos están asociados a la producción de combustibles, su precio está ligado a lo que ocurra con el precio del petróleo que manifiesta una tendencia creciente.

Pensando en la producción de granos en el largo plazo, el panorama es muy positivo si la mirada está puesta en el potencial aumento del consumo de alimentos y energía, y es más complicado si se observa el impacto que puede generar en el ambiente sostener estas demandas y si la forma de producir no contempla maneras de evitar o mitigar el daño. Las proyecciones de los expertos internacionales indican que para 2030, la tasa de crecimiento de la población mundial y del PBG medio en China, India, y de otros países como Bangladesh, requerirán producir un 70% más de proteínas, un 60% más calorías y consumir un 50% más de energía y agua. Los niveles de producción necesarios para abastecer el consumo actual, han provocado un incremento de la Huella Ecológica, y el cambio climático es ya un problema. Algunos de los impactos dañinos se ven en el aumento de la variabilidad climática con más sequías, tormentas e inundaciones.

En este sentido, la producción de granos del NOA requiere una intensificación de la mirada sistémica que han comenzado a tener algunos productores y que la EEAOC viene tratando de impulsar desde hace varios años.

El cambio tecnológico producido con la revolución verde, implicó un gran aporte a la genética de los cultivos y permitió obtener altos rindes. Sin embargo, el monocultivo de soja y la necesidad de sostener los altos rindes llevaron a crear un sistema de producción simple, y por ende muy inestable porque requiere el permanente agregado de insumos, con el consecuente incremento de costos. Este modelo muestra síntomas de agotamiento, la rentabilidad sólo puede sostenerse cuando la soja tiene precios altos, como en la coyuntura actual. Pero es inviable cuando los rindes no acompañan o cuando el precio se desploma, especialmente en regiones como la nuestra donde el potencial productivo es menor, porque las condiciones climáticas son más extremas y fluctuantes. A esto hay que sumar la limitante geográfica dada por la distancia a los lugares donde se concentran los centros de procesamiento o exportación. Además está el progresivo deterioro del ambiente especialmente del recurso de suelo.

Vemos la necesidad de pasar de pensar en que producimos un cultivo, a analizar la producción de granos dentro de un sistema. Sin dejar de lado los agroinsumos, si planteando un uso más racional y dando el lugar que corresponde a la rotación e intensificación de cultivos, incorporando prácticas que permitan servicios de regulación ecosistémicos, que mejoran la economía del agua, el ciclado de nutrientes y que contribuyen a la regulación de la poblaciones de plagas, malezas o insectos.

Estamos en la búsqueda de estrategias productivas que contemplen prácticas que minimicen los impactos sobre la biodiversidad y el medio ambiente, para lograr en el futuro sistemas de producción más resilientes. El avance exponencial de los desarrollos tecnológícos (comunicación, informática, electrónica, geotec, nanotec, biotec y química) y tomar como marco de referencia el paradigma bioeconómico, pueden ser de gran ayuda para encarar exitosamente este desafío.

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