Cartas de lectores

19 Abr 2018
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Contrastes con La Rioja

“¡Increíble, pero cierto!”, decía una mentalista en su programa radial. Hace algunos días fui a La Rioja, mi ciudad natal, y quedé maravillado. Explico: los gobiernos anteriores y el actual hicieron de una de las “cenicientas argentinas” una ciudad en la que da gusto vivir. Aclaro que no soy del signo gobernante, ni el de ayer ni el de hoy. Vi barrios interminables de contar, construidos a kilómetros del centro pero conectados por avenidas y calles limpias. El tránsito es ordenado y se respetan las normas y al prójimo. No hay motociclistas de cualquier género que no lleven su casco, igual que el acompañante sea niño o mayor; siempre de a dos. Las estaciones de servicio venden combustible únicamente a quienes tienen carnet de manejo y llevan el casco protector. No hay estacionamiento en doble o en triple fila, no existen los trapitos o cobradores de estacionamiento; hay parquímetros, marcas con tu tarjeta cuando llegás a estacionar y cuando te retirás. En las esquinas hay una inmensa mano que te dice “alto” y te indica quién tiene prioridad para avanzar, y todos la respetan. Hay kilómetros y kilómetros de barrios, campos que antes eran jarillares, pichanales, quebrachales, que hoy son populosos barrios con asfalto, agua, luz, cloacas; no se conoce la tierra: todo brilla de limpieza y asfalto. No vi casas prefabricadas ni una villa miseria; parece una ciudad sin pobres, todos con su casa o casita bien cuidadas, con sus autos, motos o bicicletas, los que menos tienen. Actualmente, al pie del cerro Velazco, que queda a 20 km de la ciudad, están las máquinas viales nivelando los terrenos para construir nuevos barrios. Los comercios no tienen rejas, la gente transita por las calles a cualquier hora de noche o de día, sin la preocupación de ser asaltados por motochorros. Da felicidad vivir así. ¿Podrán imitarlos en Tucumán?

Horacio Francisco Flores

Belgrano 8va. cuadra

El Manantial


Preocupante decadencia

Ayer, alrededor de las 20.30, cuando regresaba de mi trabajo por calle Corrientes al 400, no pude salir de mi asombro al ver a tres muchachos adolescentes tendidos en el hall de un edificio. Me acerqué para ver si respiraban, y constaté que estaban profundamente dormidos y que había un fuerte vaho a alcohol. Los peatones que pasaban cerca no parecían prestarles atención. Busqué un policía y entonces fue mayor mi desilusión: caminé por Corrientes hasta el 700, luego por 25 de Mayo al 500 y 600 y no encontré un solo agente de seguridad. Regresé sobre mis pasos hasta Laprida sin poder dar con ningún uniformado; tampoco tuve suerte cuando tomé por Corrientes y luego por Muñecas. Profundamente desilusionado e indignado, llegué a casa y decidí escribir esta carta, preguntándome qué le pasa a nuestra sociedad, a la juventud, a los encargados del orden y de la seguridad, ¿a nadie le llamó la atención? ¿Es tan natural dormir la borrachera sin el más mínimo pudor, en cualquier lugar y hora? Si esto pasa en plena zona céntrica, ¿qué esperamos que ocurra en las áreas marginales? ¿Quién le pone freno a este descontrol? Es obvio que mi enojo no se puede disimular, pero la finalidad es compartir con los lectores un profundo llamado a la reflexión. Esto no puede seguir así; la juventud es una etapa hermosa de la vida para perderla en tan insensato desenfreno.

Miguel Ángel Sáez

Muñecas 616

San Miguel de Tucumán


Frente a la inseguridad

Cada tanto, un hecho de violencia provoca una gran crispación social en torno a la (in)seguridad y los clamores se repiten: más policías, leyes más duras, más encarcelamiento. Al contrario de lo que mucha gente cree, aumentó la tasa de policías por habitante, se endurecieron las leyes y aumentó la tasa de encarcelamiento en el país. Pero, todo ello no ha provocado una disminución de la inseguridad (sea objetiva o subjetiva). Se cumple en Argentina lo observado en otros países: la evolución de las tasas de delito no está determinada por estos factores. El investigador estadounidense David Bayley, por caso, reunió numerosas evidencias sobre el limitado papel de la policía frente las tasas de delincuencia y asegura que la creencia de que la policía previene el crimen es un mito. Factores de orden diverso, incluso de orden demográfico como la proporción de jóvenes en la población, tendrían un peso mucho mayor sobre la evolución del delito. John Donohue, doctor en economía por la Universidad de Yale y Stephen Levitt, economista del MIT y profesor de la Universidad de Chicago, que procuraban explicar la declinación abrupta del delito en los Estados Unidos entre 1970 y 1990, se sorprendieron al descubrir que la variable explicativa principal del descenso del delito era el acceso a servicios de aborto legal. Su estudio El impacto de la legalización del aborto sobre la delincuencia ofrece evidencia de que el aborto legalizado ha contribuido significativamente a la declinación del delito. El delito comenzó a caer aproximadamente 18 años después de la legalización del aborto. Los 5 estados que permitieron el aborto en 1970 experimentaron disminuciones antes que el resto de la nación, que lo legalizó en 1973 con el caso Roe vs. Wade. Los estados con altas tasas de aborto en los años setenta y ochenta experimentaron mayores reducciones del delito en los años noventa. En los estados de aborto alto, sólo las detenciones de los nacidos después de la legalización del aborto caen relativamente a los estados de bajo aborto. El aborto legalizado parece explicar tanto como el 50 por ciento de la caída del delito, afirman. Ellos razonan que los niños no deseados son más propensos al delito que los niños deseados. Profundizando el análisis, verificaron tasas desproporcionadamente altas de aborto entre madres pobres y con baja escolaridad, cuyos hijos califican con probabilidad estadística para convertirse en delincuentes. De allí que el estudio también enfatiza que el riesgo de criminalidad sigue siendo una de las consecuencias de la inequidad social. En este sentido, los autores reafirman la importancia de la desigualdad social sobre la evolución del delito, señalada por muchos investigadores. Así que: mayor igualdad social y aborto legal es un buen camino. Como dijo Albert Einstein, “si buscas resultados distintos, no hagas siempre lo mismo”.

Lucía Cid Ferreira

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Tarifazos

El Gobierno nacional “decretó” una batería de aumentos de precios en el transporte público, las naftas, los servicios públicos, la telefonía móvil, el monotributo, los peajes, las prepagas y hasta los cigarrillos. Algunos son quita de subsidios o ajustes de tarifas congeladas que debían aplicarse durante el año. Queda en evidencia que el tarifazo es la prioridad, y que quien debe afrontar este desequilibrio es la sociedad en su conjunto. La sociedad argentina viene siendo sacudida con una sucesión de medidas económicas que se dirigen supuestamente (según los argumentos oficiales) a recuperar el necesario equilibrio macro y a poner la dosis de realismo que necesitaba la gestión de Macri. También se debe mencionar la fuerte devaluación de nuestro peso y los sucesivos aumentos, todo acompañado por otras medidas que significaron claras transferencias de ingresos hacia sectores concentrados de la economía, en manos de las grandes corporaciones transnacionales que percibieron con mucha claridad las señales amigables hacia ellos que se emitían desde la conducción macrista. Los elementos que favorecieron la etapa inicial se fueron transformando en obstáculos insuperables, y a pesar de los parches desesperados que intentó el gobierno anterior para evitar el desastre electoral, los desequilibrios e inconsistencias se fueron acumulando con la idea de asumir el sinceramiento en la nueva gestión de Macri. El modelo vigente es producto de decisiones que se tomaron en función de las estrategias de las grandes corporaciones transnacionales y del capital financiero que se apoya en un reducido número de ramas económicas que son insustentables y están controladas por monopolios que han colonizado a nuestra democracia. El panorama que se presenta este año es un fuerte déficit en las cuentas del Estado, que tiene como un componente esencial el costo gigantesco de los subsidios a las tarifas. Las prioridades se manifiestan en las decisiones tomadas en los últimos meses, que muestran otra realidad. Se busca asegurar la continuidad de las fuertes transferencias a las empresas y de la renta a las petroleras. Los desequilibrios acumulados durante años se pretenden descargar como mazazos sobre el bolsillo de los usuarios, implicando una sumatoria de tarifazos que son absolutamente indigeribles para la población.

Julio A. Gómez

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Un costo de la política

Se han publicado en algunos medios los elevados montos de las dietas que cobran diputados y senadores de diferentes provincias, incluso de aquellas que por su estructura son de muy poca representación en el mapa del país. Estos desmesurados emolumentos, causan justificada irritación en gran parte de una ciudadanía castigada por una inflación persistente que no cede. Para quien no haya reparado en el tema, es útil consignar que las cifras a las cuales me refiero oscilan entre 130.000 y 200.000 pesos mensuales que percibe cada diputado o legislador, sumando partes en blanco y en negro. Téngase en cuenta que no estamos contabilizando lo que perciben Intendentes, concejales ni delegados comunales. Sea cual fuere el criterio con el cual se quiera justificar semejante discrepancia y desajuste respecto del promedio que percibe la población trabajadora, es indudable que el costo de mantener este sistema político impide que el país pueda disponer de importantes fondos para destinarlos a obras públicas de acuciante necesidad, como hospitales, escuelas y cárceles. La construcción de estas últimas ha sido descuidada. Esto ha ocasionado que las comisarías y los centros de detención se encuentren hacinados y con recursos insuficientes. Obviamente que todo esto se articula para dificultar la administración de justicia, habilitándola y justificándola para disponer la libertad de muchos delincuentes.

Humberto Hugo D’Andrea

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