La incógnita permanente

19 Abr 2018 Por Marcelo Aguaysol

Los gestos de ayer no fueron los mismos que los del 1 de septiembre pasado. El agradecimiento también fue distinto. Juan Manzur cuidó todos los detalles para que Mauricio Macri se sintiera en su casa. Ni siquiera con el jugo de limón el gobernador hizo mueca alguna. Cree que el presidente de la Nación dejó en el pasado las rencillas políticas y electorales que los enfrentaron aquella vez que Macri vino a inaugurar las obras de remodelación del aeropuerto Benjamín Matienzo. Aún así, el convencimiento no fue total. Se notó cuando Manzur habló sobre el aporte nacional para mejorar la competitividad económica de la provincia. Miró varias veces al jefe de Estado que, en su mensaje, también se mostró conciliador. Hasta hubo una invitación informal, la tercera en lo que va de este año, para que Manzur acompañe a Macri en la recepción del presidente de Chile, Sebastián Piñera, quien vendrá la semana que viene a la Argentina en su primera visita oficial como jefe de Estado.

En cierta medida, las relaciones entre el Gobierno tucumano y la Casa Rosada pasan por un buen momento. Y eso, por ahora, es una certeza. Sin embargo, Manzur sigue siendo una incógnita permanente para gran parte de la dirigencia que lo acompaña. Y tal vez el más afectado por tanta incertidumbre siga siendo el vicegobernador Osvaldo Jaldo. Desde aquel insólito cumpleaños sabatino del senador José Alperovich, las cuestiones internas en el oficialismo local no son las mismas. Están algo resquebrajadas. El presidente de la Legislatura dio vueltas el reloj de arena y está esperando señales de su compañero de fórmula acerca de cómo continuará la historia entre ambos: si repetirán la fórmula para las próximas elecciones o si, en cambio, Manzur seguirá jugando con el tiempo; al menos hasta marzo del año que viene, como ya lo dijo públicamente. Hay algo que es concreto: Jaldo se vio obligado a mirar 2019 con demasiada anticipación. El vicegobernador no sabe qué responderles a intendentes, comisionados rurales, legisladores y concejales del interior cuando le consultan si él le puede dar garantías de que Manzur no se bajará el año que viene. Sólo el gobernador tiene la respuesta. Pero se la reserva. “No hay que andar con un cartel en la frente antes de tiempo”, señala. El binomio oficialista habló ayer durante la mañana sobre el “incidente Alperovich”. Manzur dijo poco y nada; Jaldo, en tanto, sigue creyendo que el gobernador no es tan solidario con él como él lo es cada vez que el mandatario está en problemas.

En el peronismo siguen diciendo que se pagará un alto costo político si la incertidumbre sigue dominando a las certezas. Los nostálgicos señalan que hoy el Partido Justicialista es como su edificio: algo con una fachada hermosa, pero que internamente está vacío de sentimientos, militancia y conducción. “Siempre el gobernador ha sido el conductor y el presidente del partido; desde hace tiempo no pasa eso”, indica un referente con varias décadas de trayectoria política. Aún más, otros consideran que el PJ ha funcionado en los últimos años como una herramienta electoral para llegar al poder. Esa afirmación es una velada crítica al alperovichismo. Hoy la conductora del distrito Tucumán es Beatriz Rojkés de Alperovich. Los mal pensados señalan que el regalo que Manzur le entregó el sábado a los Alperovich fue una protección de que no habrá intervención al partido por parte del dirigente de los gastronómicos Luis Barrionuevo. ¿Cómo surge esta especulación? El gobernador tiene buenas relaciones con el polémico sindicalista. Como prenda de cambio, el tucumano no aventará encuentro alguno con sus pares más afines para el proceso de reorganización partidaria a nivel nacional. Manzur había deslizado la posibilidad de que el 26 se haga una cumbre en Tucumán. No habrá tal reunión.

El pesimismo acerca de las peleas internas en el PJ no es general. Una franja de dirigentes con cargos legislativos y ejecutivos insiste en que esas relaciones de poder pueden doblarse, pero no quebrarse. Y afirman que Manzur y Jaldo repetirán la fórmula en las elecciones del año que viene, porque así marcan las bases y también las encuestas. Se sabe, además, que el poder es un paraguas protector que mitiga una tormenta de denuncias. Y que el peronismo no sabe moverse en la senda opositora.

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