El tenis femenino vive un tiempo de incertidumbre

06 Feb 2018 Por LA GACETA

El tenis argentino femenino vive tiempos por demás inciertos, a lomo de un mundo que cambió sus paradigmas en este deporte y una estructura de puertas adentro que se mantiene anquilosada. El rico pasado de éxitos, apariciones de gran valor y esfuerzo común no tuvo continuidad en las nuevas generaciones. Peor aún, éstas terminaron por no incluirlo entre las opciones para practicar deportes, al menos de manera masiva, dejándolo huérfano de futuro.

En la edición del lunes de LG Deportiva, se dejó en claro que lejos quedaron en el tiempo las victorias inolvidables de Mercedes Paz, Gabriela Sabatini o Paola Suárez, sólo por nombrar algunas de las mayores exponentes. “Se trata de imágenes del tenis femenino que, con cada día que pasa, se ven aún más descoloridas por el tiempo transcurrido”, se dijo. Un (nuevo) dato marca la realidad; en el reciente Grand Slam de Australia, no hubo chicas compatriotas integrando el cuadro de singles. Y apenas se registró una presencia, la de María Irigoyen, en dobles. Pero hay más: las mejores ranqueadas en la WTA de nuestro país están en los puestos 300 (Catalina Pella) y 316 (Nadia Podoroska) en el escalafón.

¿Qué está pasando? ¿Cuál es el origen de esta dura realidad? ¿Qué se está haciendo para recuperar terreno? ¿Hay plan? Varias preguntas, con respuestas parciales en algunos casos. Hay detalles que marcan con crudeza esta última afirmación. La diferencia de inscriptos entre torneos masculinos y femeninos es abismal. Y esa ausencia de chicas es un fenómeno que atraviesa todas las categorías y los niveles. Hay quienes sostienen que todo es una cuestión de ciclos: el tenis, hoy, para las chicas argentinas, no es un deporte atractivo. Se arguyen cuestiones varias como que ellas prefieren, siendo adolescentes, participaciones más activas en la vida social, tales como son las fiestas de 15 años, las salidas con amigos/as; incluso, le dan prioridad a la finalización de los estudios y al ingreso a la facultad. Son motivos por demás razonables, incluso plausibles. Pero que dejan una víctima: el deporte. Sacando al hockey (y en cierta forma a otras disciplinas de carácter colectivo como el fútbol, el voley, el básquet, el rugby), el resto tiene dificultades para contar con mujeres, en cantidad y en calidad. Otro aspecto que parece alejar a las chicas del tenis es que se trata de un deporte individual, solitario y que requiere de una precisión muy elevada. “Estos aspectos generan presión y pueden provocar el desencanto de un practicante, alejándolo de manera definitiva de la práctica”, dijo en LG Deportiva. Tampoco es para soslayar el tema económico: jugar al tenis requiere de una inversión en equipamiento, clases y eventualmente viajes. Y ello debe ser sostenido en el tiempo.

¿Por qué hockey y no tenis? Los especialistas consideran que, su carácter de masivo, grupal y de alta exposición, resultan determinantes. Pero además hay un punto clave: cuenta con el éxito sostenido en la elite mundial de Las Leonas por más de una década, lo que potenció al deporte. Y la figura de Luciana Aymar hoy atrae a miles de mujeres. Con la situación planteada, queda al descubierto la falta plan y de estructura ya no sólo en el contexto del tenis provincial, sino también nacional. Hay consenso en que lo que hoy faltan son herramientas desde las segmentos dirigenciales. Organización, apoyo, sostén de quienes demuestran talento, son estigmas visibles en cada nivel de las etapas formativas y de la competencia. En una suma, una situación para analizar, ocuparse y corregir.

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