El estrés puede ser una de las causas del sobrepeso

La tensión libera azúcar en sangre, y si esta no era necesaria, el páncreas secreta insulina, lo que a la vez produce sensación de hambre.

28 Ene 2018
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¿CÓMO DECIR QUE NO? El cortisol y la adrenalina que produce el estrés hacen más difícil el autocontrol. galenored

¿Por qué nos sentimos “obligados” a comer chocolate aunque sabemos que nos arrepentiremos? ¿Es sólo gula? Aunque el autocontrol es importante, es cada vez más evidente que el estrés juega un papel clave.

“En situaciones de estrés en el cuerpo predominan dos hormonas: el cortisol y la adrenalina”, explicó la endocrinóloga tucumana y coach Olga Escobar, directora de Innovar Salud. Sucede que el cuerpo está químicamente “programado” desde tiempos remotísimos y esas hormonas permiten afrontar situaciones que se viven como peligrosas. En el origen, permitían reaccionar ante los predadores; en la actualidad, sirven, por ejemplo, para esquivar un auto que se nos viene encima... o cuando vivimos una situación que nos desborda. Lo concreto es que cuando el cuerpo se siente bajo ataque, las hormonas ordenan liberar glucosa en la sangre para darles energía a los músculos. Si escapar del peligro no es necesario (¡o no es posible!) y no hace falta esa energía, el páncreas bombea insulina para reducir nuevamente los niveles de azúcar. Esa disminución hace que se sienta hambre... ¡y el chocolate estaba ahí!

“La sensación de hambre es real; el hiperinsulinismo (una de cuyas causas puede ser el estrés) hace que el cuerpo mande la señal de que no hay reservas de glucosa, a pesar de que eso es falso. Se desata la sensación de hambre... y tendemos a hacerle caso”, detalló Escobar.

En el propio cuerpo

Para demostrar el mecanismo, el doctor Giles Yeo, del programa “Confía en mí, soy doctor”, de la BBC (de la televisión británica) decidió convertirse en conejito de Indias: con ayuda de científicos de la Universidad de Leeds, Reino Unido, hizo el experimento de someterse a un día especialmente estresante.

Según cuenta el sitio web de la BBC, primero debió superar una evaluación rápida para provocar la aparición de las hormonas: debió resolver ejercicios matemáticos en muy poco tiempo, y comprensiblemente cometió muchos errores. Luego tuvo que mantener un buen rato una mano sumergida en agua heladísima. Antes y después de estas pruebas, se midieron los niveles de azúcar en la sangre de Giles, y los científicos constataron que estos tardaron tres horas en volver a la normalidad, unas seis veces más que un día sin estrés.

Cómo se combate

En nuestro mundo contemporáneo no nos atacan animales salvajes. En general, la huida no es una opción. “Hoy, esas situaciones que percibimos como peligrosas pueden deberse a una situación vital o estar en nuestro pensamiento, y actúan como disparadores. Si son situaciones externas, en líneas generales no son condiciones que podamos modificar”, añadió Escobar y resaltó que la solución pasa por trabajar sobre cómo se reacciona a las situaciones que causan el estrés. “Con más razón si esas situaciones están en nuestro pensamiento”, añadió e insistió: “la situación está; lo que necesito descubrir es qué es lo que de ella me pone mal y por qué reacciono del modo en que reacciono (en nuestro caso, comiendo el chocolate)”.

El secreto es buscar, en el fondo de uno mismo, la causa de las reacciones ante el estímulo, y aconsejó un simple ejercicio, que llama el “STOP”. “Tomamos las cuatro letras; cada una indica una acción: la S retoma el sentido de detenerse de la palabra en inglés. Y esa aparente no acción es el primer paso: abro la heladera... y freno”, explicó.

La T indica tiempo -añadió- y remite a esperar, a tomar distancia emocional de lo que estoy por hacer frente a la heladera. “Y la O invita a observar(me), a tomar conciencia: ¿‘qué es lo que siento’? Si es angustia, miedo, enojo o aburrimiento, la solución no está en la heladera; si es realmente hambre (¡y puede serlo!) decido, con tranquilidad, qué comer... La P indica el proceso que me permite tomar la decisión más acertada. ¡Aunque el chocolate siga ahí!”

¡Atención, insomnes!

Grandes y chicos consumen más carbohidratos si no han dormido bien.

No dormir bien también hace engordar. Investigadores del King’s College de Londres descubrieron que, privadas de sueño, las personas consumirán, en promedio, 385 calorías adicionales por día. Y los niños no están exentos de esto. En otro estudio analizaron un grupo de niños de 3 y 4 años (todos con sueño regular), a los que no sólo los dejaron sin siesta, sino que también los mantuvieron despiertos durante unas dos horas después de su hora normal de acostarse. Al día siguiente, los niños comieron un 20% más de calorías de lo habitual, especialmente más azúcar y carbohidratos.

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