La apertura de museos en la capital y en Tafí Viejo

20 Dic 2017 Por LA GACETA

Es una institución sin fines de lucro, cuya finalidad consiste en la adquisición, conservación, estudio y exposición al público de objetos de interés cultural. Aunque no es necesariamente un panteón sino un lugar de la memoria donde la gente se reencuentra con su historia. Tampoco debe ser una invitación al aburrimiento y si eso llegara a ocurrir será porque algo se ha hecho mal. Sirven para comunicar o interactuar con el visitante. “Somos nuestra memoria, somos ese quimérico museo de formas cambiantes, ese montón de espejos rotos”, afirmaba Jorge Luis Borges.

En los últimos 20 días, tres museos se han sumado al acervo cultural de los tucumanos. El de la iglesia de San Francisco reúne piezas, encontradas en excavaciones que muestran las distintas etapas de la historia del templo, cuya construcción se inició en 1685 con el traslado de Tucumán, desde Ibatín a su actual emplazamiento; su reconstrucción comenzó en 1879. Su objeto más importante es la bandera de 2,64 m de largo por 1,50 m de ancho, que fue la primera fabricada en Tucumán, en 1814. Fue confeccionada por la entonces Escuela de San Francisco y en 2011 había comenzado a ser restaurada. También se exhiben los muebles que se prestaron para el Congreso de 1816 (sillones, la mesa donde se firmó el acta de la Independencia y un Cristo) o la casulla de San Francisco Solano (siglo XVII). El responsable del área de Turismo Religioso del Ente de Turismo dijo que el paso siguiente es incorporar guías que contarán la historia del templo y que están gestionando acuerdos con estudiantes de Historia.

En Tafí Viejo, se abrieron dos museos. Hace unos meses, la Ciudad del Limón se vio convulsionada por el hallazgo de restos humanos y de objetos mientras se realizaba una obra en la vereda de un centro médico, en la avenida Alem al 400. Tras la intervención de expertos y de análisis específicos realizados en Georgia (Estados Unidos), se determinó que podía tratarse de un chamán porque los dos artefactos de hueso de ave hallados eran utilizados en la práctica de inhalación de cebil, una planta alucinógena y estimulante asociada a los rituales chamánicos; una de esas cucharas tenía restos de cebil. Se estima que los restos tienen más de 2.000 años de antigüedad y su hallazgo arqueológico es uno de los más trascendentes en el NOA en los últimos años, según afirman los entendidos.

En la vereda de la Policlínica Municipal se habilitó un museo de sitio, que consiste en un cofre transparente cavado en el lugar del hallazgo, que contiene una réplica de la urna. Y luego, en la Hostería Municipal “Atahualpa Yupanqui” se inauguró el Centro de Interpretación Arqueológica, en el que se puede ver un holograma con la imagen del chamán. Se exhibe también la urna original, pero sin los huesos del chamán.

Es loable desde todo punto de vista la puesta en marcha de estos nuevos emprendimientos. Sería interesante, por otro lado, que se estimulara a cada ciudad tener su propio museo, con fotografías, objetos antiguos donados por los mismos ciudadanos para recrear la historia de la comunidad -otro tanto podría hacerse en los pueblos- y que fuera visita obligada de alumnos. De esa manera, al conocer el pasado se consolidaría un sentido de pertenencia con el lugar donde se ha nacido y se aprendería a quererlo.

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