Basura y tránsito caótico en el acceso al aeropuerto

13 Dic 2017

La palabra nos remite inmediatamente a un lugar agradable con flores que alegran los sentidos. “Mi jardín es mi más bella obra de arte”, sostenía el pintor Claude Monet. “Si cerca de la biblioteca tienes un jardín ya no te faltará de nada”, decía Cicerón. Seguramente, quien bautizó esta tierra como “Jardín de la República” estaba hechizado por su variada y potente flora. Claro que en el siglo XIX no existían las latas, las botellas, las bolsas de plástico, cartones y otras expresiones de la basura y la suciedad, como sucede en la actualidad.

Los accesos a la ciudad son un anticipo para el recién llegado de lo que encontrará poco más adelante. Entre el aeropuerto internacional Benjamín Matienzo y la rotonda que da la bienvenida a San Miguel de Tucumán hay seis kilómetros. Un cronista de nuestro diario observó que en ese trayecto, partiendo desde la aerostación, en las proximidades a Alderetes, hay pastos crecidos a la vera de la ruta, así como vehículos y acoplados de camiones abandonados; la basura se esparce por todas partes. El tránsito caótico se vuelve más intenso en las cercanías del puente Ingeniero Barros que atraviesa el río Salí, las entradas y salidas de vehículos de todo porte son permanentes y con frecuencia obligan a frenar de golpe o a efectuar maniobras bruscas. En los extremos del puente hay baches y ondulaciones. Los asentamientos de casuchas que se erigen en las barrancas del río, rodeadas de basura, son un reflejo de la realidad económica y social que padecen cientos de tucumanos. Al ingresar a San Miguel de Tucumán, un asentamiento de gitanos sobre la avenida Alfredo Palacios (colectora de la autopista de Circunvalación) ocupa las veredas y un espacio público está ocupado por vehículos -mucho de ellos convertidos en chatarra- que obstruyen el paso desde hace varios años. En el cruce de la esta última avenida con la Coronel Suárez hay aguas servidas con mucha frecuencia.

En junio de 2014, por orden del entonces gobernador, se creó la Secretaría de Estado de Saneamiento y Mejoramiento de Espacios Públicos, dependiente del Ministerio de Economía, cuyo objetivo era mantener la limpieza de los accesos de la capital, pero poco o nada ha cambiado. Este año la repartición contó con un presupuesto de $32.250.000.

Este año, el Gobierno nacional ha hecho una importante inversión en el mejoramiento del aeropuerto -se le sumaron 600 metros más de construcción a la pista antigua-. Se anunció oportunamente que durante el segundo semestre de 2018 se iniciarán las obras para renovar de manera completa de la aerostación; los trabajos se basarán en un proyecto del estudio del renombrado arquitecto tucumano César Pelli.

Este remozamiento ha comenzado ya a traer beneficios a Tucumán, tanto en el aspecto turístico como en el comercial; es uno de los nueve aeropuertos de todo el país que está comenzado a realizar vuelos internacionales; nuestra provincia pronto se convertirá en un centro de conectividad en toda la región y podrá recuperar el liderazgo perdido.

Las puertas de entrada a la provincia deben encontrarse siempre en perfectas condiciones, especialmente la que conduce al aeropuerto. La limpieza debe hacerse en forma constante. Si queremos potenciar el turismo debemos mejorar en todo sentido para que el Jardín de la República no siga opacado por la suciedad, el caos y la desidia.

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