Un “Globo” perdido que trae de vuelta todos los recuerdos

La obra de Alberto Rojas Apel subirá a escena en la sala La Colorida, dirigida por Jorge Salvatierra

03 Nov 2017
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EN ESCENA. Los personajes transitan diversos espacios poéticos.

Los hechos más simples y cotidianos abren el abismo de las emociones más extremas. En un shopping cualquiera, Eloy pierde su globo cuando recorría el lugar junto a su padre, Fran, y ante la mirada del ordenanza, Pancho. A partir de este pequeño acontecimiento nace un texto teatral que habla de la pérdida, de la muerte, de la desesperación, de la soledad, del dolor y del duelo, con sutileza, cada uno en su propio tiempo, para recrear el recuerdo de un día que nunca se olvidará.

El objeto atrapado en el techo interpela al trío: es el disparador para que los personajes se enfrenten con lo inesperado y con su ser interior, para rescatar trazos de sus vidas olvidados o perdidos. La obra involucra al público para que se transforme en protagonista de un hecho que atraviesa el escenario para convertirse en materia viva. Desafía a superar culpas, a dejar ir los recuerdos y volver al presente.

Esa es la propuesta que se planteó Jorge Salvatierra cuando decidió dirigir “Globo”, la obra de Alberto Rojas Apel que está en escena en La Colorida, con las actuaciones de Manina Aguirre, Mikicho Salazar y Hugo Galván, como los individuos que transitan espacios poéticos con saltos temporales, en los que se expresan sus deseos, sus necesidades, sus debilidades y sus fortalezas. La música original es de Gustavo de Souza.

“La historia de origen es el punto de partida para que los personajes involucrados reflexionen sobre los lazos afectivos, las palabras no dichas que quedan sin decir y van en busca de una salida, con mirada hacia el futuro con esperanza y heridas cerradas”, explica Galván a LA GACETA.

- ¿Está planteada en estilo de tragedia?

- Es una obra del género dramatico. Lo trágico es el hecho inicial en sí, pero está abordado desde la dramaturgia con una mirada superadora.

- ¿Desde dónde construyó el director el trabajo artístico?

- Desde la dirección se hizo hincapié en el trabajo actoral. Todo pasa por allí. Las emociones están puestas en primer plano, del mismo modo en que la memoria juega un rol preponderante. La puesta en escena es despojada, lo que permite que el espectador se conecte directamente con el hecho dramático desde un lenguaje cotidiano. El público pasa por circustancias que a nadie le son ajenas en cuanto a las relaciones humanas.

- ¿La vida es un globo que se desinfla a veces?

- El globo es una alegoría de la vida; puede tener la fuerza suficiente como para conducirnos hacia un plano superador o quedar desinflado en un rincón. Depende del cuidado que cada uno tiene por su propio existir y el de quienes lo rodean.

- ¿En qué consiste la ruptura de la unidad y el cambio de los espacios que anticipan como dato de puesta?

- “Todo está en la memoria”, dice una canción de León Gieco; allí sucede todo, lo bueno y lo malo. Y desde ese lugar se cuenta la historia, se recrea al hecho que sirve de disparador. Es un ir y venir permanente durante toda la obra. La memoria elige la fragmentación y el no espacio. Así es que se ponen los sentimientos en primer plano. En ese código se basa la puesta en escena, con personajes que están aislados entre sí, pero los unifica en el decir aquellas cosas que quedaron pendientes. Por eso es que deciden ir por un camino que les permitirá sanar los sufrimientos que atraviesan.

FUNCIONES

• Hoy y mañana a las 22, en La Colorida (Mendoza 2.956).

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