Una obra rastrea las ocultadas raíces de la negritud en la cultura argentina

Romina Ponce es la autora y directora de “Trasca: una Europa de cartón pintado”

29 Oct 2017
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CUERPOS QUE EXPRESAN. El ballet Bembé Guiné protagoniza “Trasca: una Europa de cartón pintado”. gentileza romina ponce

En la idealización histórica y cultural de la Argentina, las instituciones (políticas, educativas, religiosas y sociales) le dieron la espalda a amplios sectores que integraban el país. “La generación de 1880 asumió la empresa de construcción de identidad tomando a Europa como modelo de ‘civilización’. Así, la idea de un ‘Estado blanco’ fue la bandera de una campaña académico mediática que cargó las tintas en la invisibilización de pueblos originarios, afrodescendientes y gauchos”, afirma Romina Ponce.

La artista es la autora y directora general de “Trasca: una Europa de cartón pintado”, la obra de teatro danza que dará hoy sus dos últimas funciones en El Árbol de Galeano. La propuesta es el debut en el género del ballet Bembé Guiné, que aborda las raíces negras del país desde lo dramático tras tres espectáculos previos de folclore africano.

“La creación resultó un verdadero estallido de memoria silenciada, porque hay una pata amputada de nuestra historia, con una negación construida y sistematizada pero de la que quedan múltiples aristas y resonancias. Hubo un plan estratégico a la hora de manipular la identidad de una Nación en pañales, donde desde la abolición de la esclavitud, el negro no tiene ningún rol social que cumplir. Como decimos al final: el silencio es más siniestro que el olvido”, sostiene.

- ¿Por qué hablan de Europa en el título si se refieren al país?

- Pretendemos sembrar una duda, crear una necesidad que se satisface concurriendo al espectáculo. Su contenido es tan complejo que hubiera resultado abrumador trasladarlo al título. El público podría haberse imaginado sometido a una exposición didáctica o persuasiva, a una puesta donde “la causa” podría justificar una vacancia en la toma de decisiones en término de teatralidad. La reivindicación de la “afroargentinidad” tiene un papel central, y está sostenida desde la construcción poética de múltiples lenguajes artísticos. La obra aborda la “blanquitud sistematizada” desde una propuesta fresca y dinámica.

- ¿Cómo se construye una cultura nacional?

- Los países americanos comparten la particularidad de una construcción violenta de su identidad, irrumpida en primera instancia por la colonización genocida de su población originaria. Más tarde, a la hora de formalizar una Nación, cada país arbitró sus pilares. Y las dictaduras militares se ocuparon de instaurar también un nuevo orden cultural, cuyos residuos aún emanan y contaminan. En la Argentina, se extranjerizó a las comunidades preexistentes y se tiñó de nativo al inmigrante y su descendencia. Hoy existen en el país numerosas agrupaciones de afrodescendientes que militan la reivindicación de su cultura y el reconocimiento de su rol protagónico en la gesta nacional.

- ¿Nuestro modelo fue europeizante?

- Hablamos de una Europa de cartón pintado en tanto artificio, metáfora de una convención que todos hemos aceptado y sostenido. La “europeización express” que sufrimos se llevó puesta la cultura de todo lo previo a la Nación. Y aunque en “Trasca” nos dedicamos a los afrodescendientes, también mencionamos a los pueblos originarios. Hay discursos invisibilizadores vigentes en nuestros días, y revigorizados en este último tiempo respecto a los mapuches, por ejemplo.

- ¿Fue compleja la puesta?

- Esta propuesta teatral está sostenida por un grupo de músicos y bailarinas. Al no encontrarme con un elenco de actores, fue un desafío la toma de decisiones para lograr una puesta que cuidara tanto al actante como al público. Adoptamos un formato no dramático, basado en narraciones y recitados, y en acciones físicas reales, sin cuarta pared ni personajes. El único protagonista es el convivio, donde el elenco se relaciona con los espectadores mirándolos a los ojos, permitiéndoles jugar y manipular objetos. Esta cercanía y sensibilidad aporta emoción, aún a sabiendas de que la postura ideológica de la obra no es compartida por un importante sector de la sociedad. Es entonces cuando, en un contexto adverso, la aceptación del público hacia la propuesta resulta altamente esperanzadora. Nos confirma que el mundo no está enfermo y que sólo necesita más poesía.

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