Una forma de actuar sin tener la certeza de lo que va a pasar

El director y docente español Yoska Lázaro llega para dictar un curso sobre la técnica Meisner

28 Oct 2017
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TIEMPO PRESENTE. Lázaro defiende la honestidad del actor en cada instante. PÁGINA 12.-

“El actor es el centro de la escena; el personaje es el que narra, y lo más importante es contar la historia”, sintetiza para LA GACETA Yoska Lázaro lo que para él significa el hecho artístico.

El director y docente español radicado en Argentina es un referente del método interpretativo creado por el actor norteamericano Sanford Meisner. Hoy y mañana dictará un seminario de actuación en El Árbol de Galeano a partir de esta técnica. ¿Cómo trabaja artísticamente? “A partir del concepto de honestidad, que le da claridad al actor y le evita el error común de confundir la verdad con algo que parezca verdadero, cotidiano, orgánico, que son adjetivos que apuntan a cosas que uno podría ver en la vida común, en la calle”, describe.

- ¿Cómo definirías a la técnica?

- Como un aporte que proporciona a la actuación potencia, singularidad y honestidad. Meisner hizo hincapié en la atención, la intuición y el impulso que cada uno tiene ante una situación determinada, lo que implica aceptar la forma individual de reaccionar, de percibir y de transitar para ir adelante con la obra. Esto le va a dar una singularidad escénica al actor, hará que “esa forma” sea propia de ese intérprete.

- ¿Cómo entendés la actuación?

- Para mí actuar es reacción. Somos una reacción constante, dentro y fuera del hecho artístico; nuestro comportamiento, nuestro lenguaje, nuestros gustos, nuestras acciones siempre son reacciones. Tratamos de caer bien si pensamos que al otro no le agradamos; usamos un lenguaje u otro según el grupo en el que estamos, por lo cual es el resultado de nuestro entorno y de nuestra experiencia… Los personajes deben construir su presente, porque no lo conocen. En muchas ocasiones se ve actores que en escena dicen lo aprendido, repitiendo lo que una vez funcionó en un ensayo. Si así fue, se debió a que lo inmediatamente sucedido antes se conjugó de forma que el resultado fue una acción pertinente e interesante. Cuando se pretende revivir lo que pasó, pierde su fuerza porque no se construyó el momento, sino que se fue directamente a un resultado. El espectador quiere ver personajes que hacen como pueden, que transitan situaciones que van descubriendo y resolviendo sin certeza de nada, como nosotros en la vida. Los perciben con una potencia muy interesante, porque se humaniza al personaje/actor.

- Pero el actor sabe lo que va a pasar en la obra...

- Claro, lo ensayó y lo conoce, pero lo que no debe saber es cómo va a suceder. Ese cómo se construye en el momento, jugando de forma honesta la situación junto a los otros. Debemos construir ese cómo cada día en cada función o en cada toma de cine o de televisión. Y se consigue trabajando con el presente, el aquí y ahora del que habla Konstantin Stanislavsky, a partir de mi entorno; de los otros actores; de mi intuición, mi impulso y mi lectura de lo que está sucediendo a partir de la lógica de mi personaje y del elemento emocional reactivo; de mi cuerpo, mi comprensión humana y mi aceptación de mis posibilidades.

- Meisner se centró en el nacimiento de las emociones genuinas. ¿Cómo se las logra, dentro de la ficción actoral?

- Hay una exaltación de la emoción por la emoción misma y creo que es errónea. Es un gran error creer que una situación es más verdadera cuando el actor atraviesa determinado estado emocional o revive un recuerdo potente. Nos olvidamos a veces que esto es sólo ficción. Prefiero el principio del “dale que”, con el que se invita al otro a jugar y te predispone para imaginar y descubrir sin tener que aferrarse a lo seguro a lo “probado”, antes que el “acordate cuando”, que te instala en el pasado individual.

- ¿Por qué decidiste venir a vivir y a trabajar en la Argentina?

- Vine haciendo teatro hace 14 años. Hacía giras y descubrí Buenos Aires con sus posibilidades artísticas, muchas técnicas para descubrir y muchísimo teatro para ver y aprender. Mi lazo con Tucumán es a través de Josefina Ocaranza, quien me acercó “El jardín de piedra” de Guillermo Montilla Santillán, que fue mi debut como director pero con el nuevo título de “El ingenio de los Orvantes”.

- Como español, ¿de qué forma evaluás la crisis política que está viviendo tu país?

- Es un tema muy complicado, más desde la distancia, y más aún porque depende del lado que te toque. Puedo entender el sentir de ambos lugares, tanto el independentista como el no independentista. Uno se cría escuchando las múltiples diferencias que se crean. Hay que dialogar, que escucharse y que respetarse, en todo sentido, en todas direcciones.

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