Claudio Rissi: “la gente reclama a sus artistas, los necesita y los quiere”

El protagonista de la película “La novia del desierto” y de “El marginal” minimiza los premios y prioriza el afecto del público.

22 Oct 2017
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INTENSO Y COMPROMETIDO. Rissi se sacó de encima el estigma de tener que demostrar que es un buen actor. LA GACETA / FOTO DE DIEGO ARÁOZ.-

Claudio Rissi decidió dejar de fumar hace tiempo, pero no puede soltar el cigarrillo electrónico que tiene en la mano. Al comienzo de la charla lo inquieta estar quedándose sin líquido, pero luego se vuelca de lleno a la entrevista y pita de tanto en tanto.

Es su compañero de reflexiones a la hora de repasar su trabajo actoral, que lo lleva por todos los espacios artísticos: está en el teatro con “Kilómetro limbo”, donde compone a un travesti; disfruta del éxito de “La novia del desierto”, el filme que protagoniza componiendo al Gringo; sigue presente con “El marginal”, la elogiada serie que se vio el año pasado en la Televisión Pública (tendrá una precuela próximamente); y aparece en varias producciones disponibles en la plataforma Netflix.

Con su última película estuvo en la provincia, en el cierre del festival Tucumán Cine “Gerardo Vallejo”. El filme dirigido por Cecilia Atán y Valeria Pivato recibió una mención especial y su trabajo fue elogiado. “El Gringo es un ser humano llano, dentro de una historia atractiva. Es que ya nos olvidamos de las personas, nos juntamos a tomar un café y no departimos ni nos miramos a la cara porque estamos enviándonos fotos por celular. Es ridículo que estemos sentados enfrente en esa condición. En definitiva, no sé qué está pasando con las historias humanas”, reconoce durante la visita a LA GACETA.

- Este es un personaje distinto a los que venías haciendo, con una fuerte carga romántica...

- Sí, cada personaje me hace abrir canales comunicacionales que están dentro mío. Vengo de “El marginal”, de “Aballay”, de hacer el Tatita en “Terrenal”... Últimamente me están convidando a jugar en otras mesas y lo acepto. Tocar otras notas hace bien. Yo sé que puedo hacerlo, pero las directoras de “La novia...” me hicieron descubrir algunas que no conocía, como la seducción. Mi personaje es un vendedor ambulante que se transforma en un ser seductor cuando ayuda a una mujer que pierde todas sus pertenencias.

- “La novia...” recibió varios galardones internacionales y muchos elogios. ¿Por qué?

- Porque mueve cosas adentro de uno en la relación que construyen el Gringo y Teresa. Por empezar, en Europa nos agradecen que no haya violencia sino esperanza.

- En 20 días, la película representará a la Argentina en el Festival de Cine Iberoamericano de Huelva. ¿Qué valor les das a los premios?

- Ya no trabajo más para los premios. Con el tiempo me fui dando cuenta de que no es lo que vale, sino el reconocimiento de la gente, y lo digo luego de haber ganado varios. Hay momentos en que las estatuillas terminan siendo objetos que juntan tierra. Estoy orgulloso de los que obtuve, pero lo que el público te manifiesta lo llevás en el alma, en el corazón. Es una caricia muy importante y si llega, que sea una añadidura.

- ¿Cuál es tu objetivo al filmar?

- Quiero que la gente vaya al cine a ver la película, que la disfrute tanto como nosotros al hacerla. Necesitamos del espectador para no estar huérfanos, para concretar el hecho artístico.

- ¿Estás en un giro de tu carrera?

- Me cansé de matar abuelitas. Hace rato que vengo pidiendo pista para desarrollar determinadas temáticas. Incluso dentro de los malos espantosos que hago, empiezan a aparecer aspectos queribles. Tengo ganas de jugar ahí, en vez de componer a un tipo de pacotilla que anda a los gritos todo el tiempo. Me asumo como un actor intenso y comprometido, que también necesita una caricia.

- ¿A qué se debe ese cambio?

- Tengo miedo de envecejer como actor, no como persona porque la vida son ciclos que se cumplen. No quiero actuar a la antigua, como cuando tenía 20 años; tengo otra historia, otro peso dramático, un bagaje profesional que me permite comprender las cosas de modo diferente. Al actuar, un artista es absolutamente amoral y eso ya no me conflictúa. Voy a fondo y disfruto las cosas. Antes me cansaba ir a ensayar, y ahora ensayo todo lo que puedo. Me saqué de encima el estigma de demostrar que soy un buen actor.

- Este fue un año con poca ficción argentina en televisión de aire. ¿Te preocupa?

- Sin duda. El mercado regula todo ahora, y si no cambia, van a seguir comprando producciones enlatadas de afuera. Pero aunque se pueda doblegar cierto aspecto cultural en cualquier pueblo, la gente termina reclamando a sus artistas, los necesita y los quiere, por más que le vendan al mejor actor norteamericano, turco o mexicano. Hay un momento en que el público pierde la identificación con el producto, deja de ver sus lugares especialmente en televisión. Ya ha pasado, no es nuevo, sino que repetimos la historia más de una vez, lo que me preocupa especialmente.

- ¿Volvés a la pantalla chica?

- Sí, voy a filmar la segunda parte de “El marginal”, que es una precuela, la historia previa a lo que ya se vio, y a futuro se definirá si hay una tercera.

- ¿Cómo ves el cine nacional en esa relación con el público?

- Hay un rollo que subsiste, con gente que dice que la producción argentina es mala. El problema que tenemos es la ruptura de la continuidad por la discontinuidad democrática que padecimos, con censuras, exilios y demás. Hubo momentos en que lo hecho fue un divertimento para idiotas, y nacían los contestatarios como Leonardo Favio o Gerardo Vallejo. A nivel internacional, quieren al cine argentino en todo el mundo. Estamos creando una identidad, en momentos en que algunos poderosos quieren poner límites, sacar banderas, negar nacionalidades y construir murallas.

- ¿Qué pasa con Netflix?

- Debo ser uno de los actores con más presencia en Netflix, con las series y películas en las que participé. Pero no te pagan un peso, sólo te cobran U$S 9. Es un sistema que te maneja el bocho de una manera increíble: mucha gente está viendo ahora “El marginal” por Netflix, cuando se lo estrenó gratis en la TV Pública, con dos emisiones del mismo capítulo por semana, pero no lo veían por prejuicio. Si preferís pagar, jodete. Así perdieron un montón de buenas producciones, no lo puedo entender.

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