El psiquiatra Marcelo Pakman coordinó un taller de clínica sistémica

12 Oct 2017
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EN TUCUMÁN. Marcelo Pakman es un especialista en terapias familiares. LA GACETA / FOTO DE ANALÍA JARAMILLO.-

“Un bebé no tiene la capacidad congénita de hablar, aprende a hacerlo; y mientras tanto, el lenguaje lo rodea, de la mano de quienes lo cuidan. Cuando el bebé ensaya sus primeros sonidos, ellos lo tocan, le sonríen, lo acarician... hasta con ellos se articula la función del lenguaje como testimonio de un montón de experiencias sensoriales”. Esta reflexión fue uno de los pivotes del taller que ayer coordinó Marcelo Pakman, psiquiatra argentino radicado en Massachussets, EE.UU. Pivote porque ese lenguaje previo a nuestra posibilidad de usarlo como significado no es visible, pero tampoco desaparece. “Se va al fundamento de nosotros. Es para siempre la forma primitiva de comunicación”, añadió. Y eso -destacó- hace que las palabras no sean todas iguales. “Algunas nos ‘tocan’ de una manera especial, intensa, singular. Esas palabras son como una segunda piel y tienen cualidad testimonial”, añadió.

Pakman, graduado en la UBA, se fue a Estados Unidos en 1989 para “vivir unos años” fuera del país. Esos años se hicieron 28... o sea, todos a partir de entonces. Vino a Tucumán invitado por la Fundación de Estudios Sistémicos y Nuevos Aportes (Fesna) a coordinar un taller de clínica. Su currículum nos cuenta que, además de terapeuta es docente y -lo que a un lego puede llamarle la atención- fue vicepresidente de la American Society for Cybernetics.

“Llama la atención porque se asocia la cibernética a las máquinas, pero en realidad describe mecanismos de comunicación. Y muchos de sus conceptos fueron claves, cuando la terapia de familia -luego pasó a llamarse sistémica- estaba naciendo para poder manejar pacientes que no respondían a las terapias tradicionales. De alguna manera se estaba inventando un abordaje, y se decidió ampliar el juego y trabajar con las familias de esos pacientes”, explicó.

Lo que se hace en terapia

El taller incluyó una sesión “en vivo” (transmitida por circuito cerrado), algo que también puede llamar la atención a los legos, pero que -explicó Pakman- es habitual en terapia sistémica, con anuencia de los pacientes, por supuesto.

“Se trata de reducir la distancia entre lo que se hace y la teoría -explicó-; mostrar lo que se hace en terapia más allá del lenguaje: miradas, distancias, reacciones y palabras, claro”.

Y en su doble rol de docente y terapeuta resaltó que es una práctica que le parece muy interesante porque permite no ir de los conceptos teóricos a la realidad, sino de observar la realidad y reflexionar sobre ella.

“Cuando se abre la puerta del consultorio ocurre como en la vida. Le gente entra con todo lo que tiene: su cuerpo, sus palabras, sus miradas, su ropa, sus gestos. Todo viene junto. La separación en ‘aspectos’ que se transforman en objetos de estudio es una maniobra artificial”, sostuvo y explicó que la posibilidad de ver funcionando una sesión es lo más cercano posible a la experiencia terapéutica.

“Es útil como herramienta pedagógica y también les hace bien a los pacientes, porque aprenden a hablar de cosas que muchas veces circulan como secretos, y a no mistificar las dificultades”, aseguró.

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