“Mi secreta ambición es hacer una música sin vacíos expresivos”

El trío SenaneS 3 presenta “Tanglore”, una propuesta con fuerte arraigo argentino.

23 Sep 2017
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MULTIINSTRUMENTISTAS. Gabriel Senanes, Pablo Marcovsky y Diego Arnal varían sonidos en una misma pieza.

Son tres músicos sobre el escenario, pero parecen muchos más mientras suenan los instrumentos, en una propuesta viajera por distintos géneros con un título que engloba argentinidad. “Tanglore” es una engañosa mezcla de tango y folclore, ya que también estarán presentes esta noche, en la sala Orestes Caviglia, reminiscencias del jazz y de la música de cámara contemporánea.

Esa interacción de sonidos es la característica del trío SenaneS 3, integrado por Gabriel Senanes (a cargo del saxo, guitarra, voz y bansuri, una flauta traversa originaria de la India), Pablo Marcovsky (piano y melódica) y Diego Arnal (bajo y guitarra), que llevan al escenario una experiencia sin redes de seguridad, mientras multiplican los sonidos en el aire.

“Vivimos de riesgo en riesgo, es nuestra concepción artística y por eso es que llevamos varios temas para estrenar. El repertorio está inspirado en el tango y el folclore, sin excluir otros ingredientes e insumos musicales que fuimos incorporando, incluso sin saberlo ni proponérnoslo a lo largo de una vida de producción artística”, confiesa Senanes a LA GACETA, antes de llegar a Tucumán.

En su currículo figura como compositor, arreglador, director de orquestas, periodista, máximo responsable del Teatro Colón entre 2002 y 2004, diploma Konex 2007, ganador de un Latin Grammy en 2005 y médico oncólogo (actividad de la cual está retirado), entre muchas otras menciones. Pero quienes ya lo vieron en vivo y en directo destacan que a los pergaminos los deja en el camarín y que, aparte de un talentoso e inquieto multiinstrumentista, es muy divertido, como el juego que se desprende del título del show.

- ¿Encuentran muchos puntos de contacto entre el tango y el folclore?

- Esa cercanía entre ambos géneros se da desde nuestro gran cantor nacional, como se lo llama a Carlos Gardel, quien también cantó temas provenientes de otras vertientes musicales, más allá de su producción fundamental tanguera. Con el título quisimos orientar al público de qué va. A veces lo llamamos “Argentanglore”, para subrayar el dato cardinal de que es música inexcusable, inevitable y deseadamente argentina, que abreva en esa fuente.

- Hubo un tiempo en que imperó la idea del world music, ahora quizás un poco debilitado. Por el contrario, ustedes reivindican algo genuinamente argentino.

- La llamada world music fue un rótulo que le puso un sello a toda la música que no fuese estadounidense, y englobó al resto del mundo. Nosotros nos paramos como músicos argentinos que amamos lo que ya traemos puesto. No quiere decir xenofobia, sino una identidad que existe pero que realmente no es sencilla de definir.

- Pero de algún modo reflejan una identidad cultural nacional compuesta por distintos sonidos...

- Una identidad resulta, se suscita, lo que vino sucediendo; no es programable ni es un acto de voluntad previa. Es lo que resultó ser. Argentina tiene dos grandes vertientes culturales: una centrípeta aportada por los inmigrantes que traen aires de otras latitudes y que se combina con la de los pueblos originarios; y la centrífuga, con los artistas que emigraron de nuestro país por contratiempos, ambiciones o búsquedas, en distintas oleadas. Tenemos todo ese movimiento en nuestra cultura.

- ¿El trío refleja esas dinámicas en tanto aborda su repertorio sin purismos?

- Saltar ciertas aduanas estéticas que se establecen entre lo popular y lo clásico o académico es otra dimensión de este asunto. El repertorio que hacemos y la manera en que lo interpretamos pretende ser una ilustración al respecto. Vamos contra los enfoques aristocratizantes de las artes, a partir del estricto amor que le tenemos a las distintas expresiones que existen. No somos sectarios en absoluto, y mis obras pueden encasillarse en estos distintos géneros. Estoy muy orgulloso de haber trabajado tanto en lo llamado clásico como en lo popular. Nuestro desvelo es crear arte de calidad, como el que presentaremos en Tucumán. Tengo la secreta ambición de hacer una música sin vacíos expresivos, es el norte en mi brújula, lo que me guía.

- Esa idea de vincular ambos territorios se vio durante tu gestión como director del Teatro Colón.

- En ese tiempo, y a pesar de que era un tiempo muy difícil para el país, el Colón no sólo sostuvo su programación de ópera, ballet, sinfónica y de cámara, sino que también hubo espacio para artistas como Mercedes Sosa, Egberto Gismonti, Luis Alberto Spinetta y un puñado más de músicos provenientes de diferentes segmentos estéticos. Pudieron encontrarse con el público en un ámbito que tiene un valor simbólico fundamental y con una razón de ser propia, que permite hacer cosas que no se hacen en otro lado.

- ¿Cómo te llevás con la elite?

- Hay que distinguir a la elite de los elitistas. Los primeros son un grupo pequeño que desarrollan una actividad con una cierta sofisticación. Los elitistas, en cambio, se creen dueños de una pequeña porción de cierta actividad y tratan de que muy pocos disfruten de ella; para ello ponen cotos y pretenden excluir al resto, evitar que ingresen a lo que creen propio.

- En esa idea de incorporar sonidos suman instrumentos de otras latitudes...

- El trío cambia de instrumentos constantemente, incluso en una misma pieza, para llegar a otros colores y otros timbres. Buscamos una síntesis y una apertura al mismo tiempo, tanto desde la composición como de la improvisación presente en algunos temas, dentro de cada idioma musical y con respeto a su singularidad de ritmo.

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