La enseñanza del folclore fortalece la identidad

22 Ago 2017 Por LA GACETA

Es el conjunto de costumbres, creencias, artesanías, canciones, y otras cosas semejantes de carácter tradicional y popular. Es raíz fundamental de un pueblo, tiene que ver con los orígenes, es de carácter anónimo, vertebra la idiosincrasia. “Así es nuestro folklore, cuando le crece el silencio, la boca del pueblo la sale a cantar”, afirmaba nuestra famosa comprovinciana Mercedes Sosa.

Se celebran hoy el Día Mundial del Folclore y el Día del Folclore Argentino. La primera de las conmemoraciones fue instituida por la Unesco en 1960 y evoca la fecha del 22 de agosto de 1846 cuando el escritor e investigador inglés William John Thoms publicó en la revista londinense “Atheneum” una carta en la que empleó por primera vez “folklore”, término que proviene etimológicamente de “folk” (pueblo, gente) y “lore” (saber, conocimiento). En 1887, el inglés Houme, uno de los fundadores de la Folklore Society, definió al folklore como “la ciencia que se ocupa de la supervivencia de las creencias y de las costumbres arcaicas en los tiempos modernos”. En nuestro país, se recuerda ese día el aniversario del nacimiento del etnógrafo entrerriano Juan Bautista Ambrosetti (1865-1917), considerado como el “Padre de la ciencia folclórica”.

Una de las visiones conservadoras del folclore tiende a inmovilizarlo en el tiempo, mientras otra lo percibe como algo en permanente movimiento, que va cambiando de acuerdo con las épocas. En el Primer Congreso Internacional de Folclore, realizado en San Luis en 2010, organizado por la Academia Nacional del Folklore, el titular de esta entidad, Antonio Rodríguez Villar, señaló que en la actualidad, existe una marcada tendencia a concebir el folclore exclusivamente como canto y danza. Sin embargo, este abarca un complejo entramado por el que pasan las artesanías, la música, la poesía, el teatro. “Son varias las avenidas que convergen en la palabra folklore y hoy, después de décadas de cambios vertiginosos, es necesario replantear lo que quedó de esas ideas y qué tienen que ver con nuestra identidad”, sostuvo.

En esa ocasión, el recientemente fallecido cantautor mendocino Jorge Marziali dijo: “hoy, el folclore representa de algún modo la decadencia estética, y casi me animo a decir moral, de una comunidad que ha sido arrasada y ocupada luego por el ‘señor mercado’. Está claro que hoy es el mercado el que dictamina qué es folclore”.

Una mirada referida a su enseñanza aportó hace unos años, la etnomusicóloga Isabel Aretz (1909-2005) que señalaba la importancia de que las escuelas lo incluyeran en sus planes de estudios, para que “el niño lo valore, lo posea como herencia cultural, o lo incorpore a su saber, para que pueda ser nutrido también de lo más característico de su región y de su país, de la cultura que le legaron sus mayores, que constituye, junto con la historia y la geografía, su mayor signo de identificación”.

En diciembre pasado, la Legislatura provincial sancionó una ley que promueve la enseñanza del folclore en todos los niveles del sistema educativo, sin embargo, no se conoce que haya sido promulgada y reglamentada por el Poder Ejecutivo, es decir que no se halla en vigencia. Sería importante que esta iniciativa no fuera condenada a dormir en una cajón. Un pueblo sin raíces y sin cultura propia carece de identidad. El folclore es un camino para conocernos. A mayor identidad, mejores ciudadanos y dirigentes más consustanciados con la argentinidad.

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