Se requiere la renovación del Mercado del Norte

27 Jul 2017 Por LA GACETA

Se mantiene como un espacio social de gran referencia para los tucumanos, aunque los puestos de abastecimientos y ventas ya no convocan a comoen otras épocas a los consumidores tucumanos. El Mercado del Norte, el histórico inmueble que data de 1939, todavía espera una atención especial de las autoridades que defina su futuro como centro comercial. Está a la vista la necesidad de una pronta recuperación de su infraestructura y un reimpulso de sus capacidades; hoy en día sobrevive entre la nostalgia de los clientes y parroquianos que siguen concurriendo a los pocos puestos de ventas que se mantienen en pie en busca de la compra diaria y la inquietante lentitud de respuestas de la municipalidad y de los puesteros, que conforman de hecho, una sociedad en su administración.

No pareciera haberse superado las diferencias de vieja data entre los ocupantes del mercado y el municipio de San Miguel de Tucumán, que tiene la titularidad del dominio del inmueble: esa situación -virtualmente una impasse- no ha hecho más que profundizar el deterioro y el descuido de un espacio que fue y debiera continuar siendo un motivo de orgullo para los tucumanos. Se conoce que hay varias tareas pendientes: requiere una fuerte inyección de fondos para lograr su modernización, los expertos y entidades de consumidores exigen que se impulsen -previamente, sería- urgentes tareas para desagotar el subsuelo, reformular su cobertura de higiene alimentaria y adecuarse a las normas de seguridad medioambientales.

Otras ciudades se han esmerado en proteger, mantener y promover el cuidado de sus principales mercados de abastecimiento, incorporándolos al patrimonio urbanístico e histórico de sus ciudades, amparándolos con legislaciones y ordenanzas que los pusieron a salvo de la desmesurada comercialización inmobiliaria o de tendencias arquitectónicas invasivas, pero por sobre todo, defendiendo las tradiciones culturales de consumo, vecindad y progreso. En muchas urbes de otros países, europeos por caso, los mercados centrales o, incluso, los edificados en los barrios, se convirtieron también en atractivos destinos turísticos, lugares de visita y concentración social en los que se reviven los hábitos de consumo, abastecimiento y comercio que supieron tener los antepasados.Muy lejos de esa perspectiva, debería recordarse que las anteriores autoridades del Poder Ejecutivo de la provincia se habían propuesto modificar completamente la fisonomía y su perfil para transformar al Mercado del Norte en una especie de shopping moderno.

El actual edificio fue inaugurado en diciembre del año 1939, llegó a tener más de 10.000 metros cubiertos disponibles para la atención al público y despachaban las ventas unos 150 locatarios activos.

El paso del tiempo le trasladó una dura factura al mercado: no tuvo el mantenimiento adecuado, quedó más bien anticuado ante la competencia que la propia actividad económica-comercial fue promoviendo, ha ido perdiendo calidad en la prestación de los servicios, se ha quedado con un puñado de puesteros, panorama que también terminó retrayendo la concurrencia de vecinos. Se conoce que nuevos proyectos de recuperación y renovación del histórico centro estarían comenzado a tomar cuerpo: las autoridades municipales tienen ante sí el desafío de resolver de una vez por toda el destino definitivo un escenario urbano muy enraizado en los hábitos y la cultura de los tucumanos.

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