La importancia de reciclar la basura

07 Jul 2017

Aunque tiene mala fama, es una vieja amiga de los tucumanos. Ni siquiera el mal olor que produce cuando esta se acumula en los contenedores urbanos, en los baldíos, sosiega esta extraña vocación. La basura es una de las manifestaciones cotidianas de las urbes. Conscientes de las enfermedades y de la contaminación que provoca, en muchos lugares del mundo y también en parte del territorio nacional -e incluso provincial- se ha encarado organizadamente su recolección y su tratamiento. Sin embargo, desde hace años, una asignatura pendiente es su reciclamiento.

Más de 700.000 kilogramos de residuos genera diariamente San Miguel de Tucumán; de esa cantidad, el servicio privado recoge 500.000 kg y el público, lo restante. Una vez que se reúne la basura del Gran San Miguel de Tucumán (Alderetes, Las Talitas, la Banda del Río Salí, Yerba Buena, Tafí Viejo y la capital) es llevada a la localidad de Overá Pozo, ubicada al este tucumano, casi en el límite con Santiago del Estero, donde se la compacta y se la entierra en un relleno sanitario. El predio queda a unos 50 kilómetros al este de nuestra capital.

Según un directivo de una empresa que se ocupa de transformar la basura, sólo se recicla un 5% del total (vidrio, plástico, cartón, papel) porque no hay una política sobre esta materia. “Tendría que haber concientización para que las personas pudieran en su casa separar lo seco (inorgánico) de lo húmedo (orgánico). Eso sería un gran avance”, dijo.

La idea de concientizar a la ciudadanía sobre la importancia de separar los residuos en orgánicos e inorgánicos comenzó a gestarse en enero de 2008. Los vecinos de 126 edificios ubicados entre Roca, Ayacucho, Las Piedras y Sáenz Peña, debían sacar sus residuos en contenedores.

En 2009, se inició la primera etapa del Proyecto Urbal III, promovido por la Unión Europea, que proponía que los vecinos separaran y llevaran a las escuelas los residuos de plástico. Estos serían vendidos para su reciclado y el dinero volvería a los establecimientos para la compra de útiles e insumos escolares. La experiencia quedó trunca. A mediados de 2016, la Municipalidad capitalina instaló en algunos puntos de la ciudad tres contenedores de colores para separar los residuos inorgánicos, algo muy fácil de comprender, sin embargo, la mayoría siguió mezclando los desechos.

Muchas naciones y ciudades han encontrado la manera de darle utilidad, reciclándola para producir energía; Noruega que aprovecha para tal fin el 96% de los residuos; en Buenos Aires, se recicla el 35% de las 6.000 toneladas diarias de basura. En todos estos años, no ha avanzado en la instalación de plantas de reciclaje de residuos en gran escala, como tampoco en la educación.

Erradicar la basura en una comunidad acostumbrada a violar las leyes es complicado, pero no imposible. Se trata de educar, de enseñar a querer el lugar donde se vive, que es una prolongación de nuestra casa. Si somos capaces de cuidar el propio hogar, deberíamos hacerlo con lo que nos rodea y que también nos pertenece. Se debería diseñar una política integral que abarcara a todos los municipios. Sería positivo que en un futuro no tan lejano, Tucumán fuera capaz en convertir la basura en algo útil.

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